lunes, 19 de septiembre de 2016

T. S. Eliot, poeta estadounidense que te baila en la cuerda floja, que te desnuda tu obsecada respiración, de que hay algo mejor, pero que va, está ahí algo de lo mejor de la poesía en inglés del siglo XX.





T. S. Eliot, San Luis, Misuri, 26 de septiembre de 1888. Luego a los 25 años, se traslada a Londres, donde adquiere la nacional inglesa en 1927, poeta con doble nacionalidad, más reconocido en el exterior que en su tierra, es de suponer, y de no reconocerlo como estadounidense.

Eliot escatológico, en sus comienzos, Inventos de la liebre de marzo, de monólogo interior a monólogo dramático, La tierra Baldía (The Waste Land), y los cuatro cuartetos, suficiente para un Premio Nóbel en 1948. Con ese contrapunteo que caracteriza a los músicos.

Su contacto con el imaginista Ezra Pound, que le llevaba tres años, al cual consideraba a Eliot sobrino. No conocemos ninguna fotografía entre los dos, eso pasa entre los mejores amigos, le ayudó a publicar y ponerlo en contacto con la literatura inglesa de principios del siglo XX.

Si unos poetas de ahora consideran que es mejor Ezra Pound, le pasamos la sugerencia que lo vuelvan a pensar, después de releerlo, en una atmósfera mística, donde el anglicano descansa en su escogencia ante la locura de Ezra, y de su primera mujer.

Fundador en 1922 de la influyente revista Criterion.
Ayer estuve en una iglesia anglicana, y pensé en ese Cristo hecho persona, que medita su personalidad y su seducción en el poeta Eliot.

Cuando leí sus cuatro cuartetos en mi juventud pensé que lo había leído todo, abriéndome a una imaginación única con magnificas consecuencias: mis primeros libros de poesía, El Portero de los Monstruos, 1976, y mi ensayo poético, Away care, mariposa herida tragada a picos por una paloma, 1979.

Anécdota tomada de Wikipedia


“Una de las posibles causas de las restricciones al acceso a los papeles de Eliot,  en los setentas, puede ser el miedo a revelaciones sobre sus pretendidas tendencias homosexuales y opiniones antisemitas. Sobre este particular, en el documental de RTVE titulado Jaime Gil de Biedma. Retrato de un poeta se recoge una carta de éste a su amigo, el diplomático Paco Mayáns, en la que Gil de Biedma —reconocido poeta homosexual—, refiriéndose a su larga estancia en Inglaterra en los años 50, dice textualmente (la propia carta se visualiza en pantalla): «Hace días que cohabito con T.S.E. [es decir, T. S. Eliot] con gran placer por mi parte y con algo menos por parte de mi familia, que se ha revelado un tanto insensible a los encantos de la prosodia inglesa. Hablan de echarnos a los dos a la calle».

Addenda
Mejor leálo en inglés, para hacer más contemporáneo. Retire el plato del café caliente.


Gabriel Jaime Caro (Gajaka)


@




 T.S. Eliot

La tierra baldía

                                                A Ezra Pound il miglior fabbro.

1. El entierro de los muertos

Abril es el mes más cruel: engendra
lilas de la tierra muerta, mezcla
recuerdos y anhelos, despierta
inertes raíces con lluvias primaverales.
El invierno nos mantuvo cálidos, cubriendo
la tierra con nieve olvidadiza, nutriendo
una pequeña vida con tubérculos secos.
Nos sorprendió el verano, precipitóse sobre el Starnbersee
con un chubasco, nos detuvimos bajo los pórticos,
y luego, bajo el sol, seguimos dentro de Hofgarten,
y tomamos café y charlamos durante una hora.
                Bin gar keine Russin, stamm' aus Litauen, 
                echt
 deutsch.
Y cuando éramos niños, de visita en casa del archiduque,
mi primo, él me sacó en trineo.
Y yo tenía miedo. Él me dijo: Marie,
Marie, agárrate fuerte. Y cuesta abajo nos lanzamos.
Uno se siente libre, allí en las montañas.
Leo, casi toda la noche, y en invierno me marcho al Sur.

¿Cuáles son las raíces que arraigan, qué ramas crecen
en estos pétreos desperdicios? Oh hijo del hombre,
no puedes decirlo ni adivinarlo; tú sólo conoces
un montón de imágenes rotas, donde el sol bate,
y el árbol muerto no cobija, el grillo no consuela
y la piedra seca no da agua rumorosa. Sólo
hay sombra bajo esta roca roja
(ven a cobijarte bajo la sombra de esta roca roja),
y te enseñaré algo que no es
ni la sombra tuya que te sigue por la mañana
ni tu sombra que al atardecer sale a tu encuentro;
te mostraré el miedo en un puñado de polvo.

                    
Frisch weht der Wind
                    Der Heimat zu
                    Mein Irisch Kind,
                    Wo weilest du?


"Hace un año me diste jacintos por primera vez;
me llamaron la muchacha de los jacintos".
-Pero cuando regresamos, tarde, del jardín de los jacintos,
llevando, tú, brazados de flores y el pelo húmedo, no pude 
hablar, mis ojos se empañaron, no estaba
ni vivo ni muerto, y no sabía nada,
mirando el silencio dentro del corazón de la luz.
                      
                            Oed'und leer das Meer.


Madame Sosostris, famosa pitonisa,
tenía un mal catarro, aun cuando
se la considera como la mujer más sabia de Europa,
con un pérfido mazo de naipes. Ahí -dijo ella-
está su naipe, el Marinero Fenicio que se ahogó,
(estas perlas fueron sus ojos. ¡Mira!)
aquí está la Belladonna, la Dama de las Rocas,
la dama de las peripecias.
Aquí está ell hombre de los tres bastos, y aquí la Rueda,
y aquí el comerciante tuerto, y este naipe
en blanco es algo que lleva sobre la espalda
y que no puedo ver. No encuentro
el Ahorcado.Temed la muerte por agua.
Veo una muchedumbre girar en círculo.
Gracias. Cuando vea a la señora Equitone,
dígale que yo misma le llevaré el horóscopo:
¡una tiene que andar con cuidado en estos días!

Ciudad irreal,
bajo la parda niebla del amanecer invernal,
una muchedumbre fluía sobre el puente de Londres, ¡eran tantos!
Nunca hubiera yo creído que la muerte se llevara a tantos.
Exhalaban cortos y rápidos suspiros
y cada hombre clavaba su mirada delante de sus pies.
Cuesta arriba y después calle King William abajo,
hacia donde Santa María Woolnoth cuenta las horas
con un repique sordo al final de la novena campanada.
Allí encontré un conocido y le detuve gritando: ¡Stetson!
¡tú que estuviste contigo en los barcos de Mylae!
¿Aquel cadáver que plantaste el año pasado en tu jardín,
ha empezado a germinar? ¿Florecerá este año?
¿No turba su lecho la súbita escarcha?
¡Oh, saca de allí al Perro, que es amigo de los hombres,
pues si no lo desenterrará de nuevo con sus uñas!
Tú, hypocrite lecteur! -mon semblable -mon frère!"


* * * * *


2. Una partida de ajedrez

La silla en que estaba sentada, como un bruñido trono,
se reflejaba en el mármol, donde el espejo
de soportes labrados con pámpanos y racimos
entre los cuales un Cupido dorado se asomaba
(otro ocultaba sus ojos bajo el ala)
copiaba las llamas de los candelabros de siete brazos
que arrojaban su luz sobre la mesa mientras
el brillo de sus joyas, desbordando profusamente
de los estuches de raso, subió a su encuentro.
En redomas de marfil y cristal policromo,
destapadas, acechaban sus raros perfumes sintéticos,
ungüentos, en polvo o líquidos -turbando, confundiendo
y ahogando los sentidos en olor; agitados por el aire 
fresco que soplaba de la ventana, ascendían,
alimentando las alargadas llamas de las velas,
proyectando sus humos sobre los laquearios, 
animando los diseños del artesonado techo.
Enormes leños arrojados por el mar, patinados de cobre, 
ardían verdes y anaranjados, en su marco de piedra policroma,
y en su luz mortecina nadaba un delfín tallado. 
Sobre la repisa de la chimenea -ventana abierta 
a una escena silvestre- estaba representada
la Metamorfosis de Filomela, tan rudamente forzada
por el bárbaro rey; pero aún allí el ruiseñor
llenaba todo el desierto con inviolable voz
y todavía ella lloraba, y aún el mundo persigue
"Tiu Tiu" a oídos sucios.
Y otros tocones marchitos de tiempo 
se alzaban en los muros, donde figuras de ojo abiertos
se inclinaban, imponiendo silencio a la estancia. 
Se oyeron pasos en a escalera. 
Al resplandor del fuego, bajo el cepillo, sus cabellos
se cruzaron en puntos ígneos, 
brillaron en palabras y se aquietaron salvajemente. 

"Estoy nerviosa esta noche. Muy nerviosa. Quédate conmigo.
Háblame. ¿Por qué nunca hablas? Habla.
¿En qué piensas? ¿Qué piensas? ¿Qué?
Nunca sé en qué piensas: Piensas."

Creo que nos hallamos en la calleja de las ratas 
donde los muertos perdieron sus huesos.

"¿Qué ruido es ese?"
                      El viento bajo la puerta. 
"¿Qué ruido es ese ahora? ¿Qué hace el viento?"
Nada, como siempre. Nada. 
                                                                   "¿No
sabes nada? ¿No ves nada? ¿No
te acuerdas
de nada?"

Recuerdo
que esas perlas fueron sus ojos. 
¿Estás viva o no ? ¿No hay nada en tu cabeza?
                                                                      Pero
O O O O ese aire Shakespeareriano:
es tan elegante
tan inteligente.

¿Qué haré ahora ? ¿Qué haré?
¿Salir tal como estoy y andar por la calle
así sin peinar? ¿Qué haremos mañana?
¿Qué haremos siempre?'
                                Agua caliente a las diez.
Y si llueve, un coche cerrado a las cuatro.
Y jugaremos una partida de ajedrez,
apretando nuestros ojos sin párpados, esperando que llamen a la puerta.

Cuando licenciaron al marido de Lil, yo dije 
y no pesé mis palabras, lo dije sin ambages,
DENSE PRISA POR FAVOR YA ES HORA
Ahora Alberto va a regresar, procura lucir mejor.
Él querrá saber qué hiciste con el dinero que te dio
para arreglarte los dientes. Te lo dio, yo estaba allí:
que te los extraigan todos, Lil, y que te pongan una buena dentadura,
dijo él , juro que no puedo soportar mirarte.
Y yo tampoco, dije yo; piensa en el pobre Alberto,
que ha estado en el ejército durante cuatro años, quiere divertirse, 
y si no lo hace contigo, ya encontrara otras, dije yo.
Entonces ya sé a quién agradecérselo, dijo ella, mirándome fijamente.
DENSE PRISA POR FAVOR YA ES HORA 
Si esto no te gusta, lo mismo da, dije yo. 
Otras se aprovecharán si tú no puedes.
Pero si Alberto se marcha, no podrás decir que no te han avisado.
Deberías avergonzarte, dije, de parecer tan vieja
(y no tiene más que treinta y un años)
no es culpa mía, dijo, poniendo cara triste.
Son esas píldoras que tomé para abortar, dijo.
(Ha tenido cinco ya, y casi se muere en el parto de Jorge.)
El boticario me dijo que no sería nada, pero nunca he vuelto a ser la misma.
Eres una tonta de capirote, dije yo.
Bueno, si Alberto no te suelta, no puedes quejarte, dije.
Por qué te casaste si no te gustan los niños?

DENSE PRISA POR FAVOR YA ES HORA
Bueno, aquel domingo Alberto estaba en casa, tenían jamón, 
me invitaron a cenar para que saboreara el jamón caliente.
DENSE PRISA POR FAVOR YA ES HORA
DENSE PRISA POR FAVOR YA ES HORA
Buenas noches, Bill. Buenas noches, Lou. Buenas noches,
May. Buenas noches.
Adiós, adiós. Buenas noches. Buenas noches. 
Buenas noches, señoras, buenas noches, adorables señoras,
buenas noches, buenas noches.





Pound, Eliot y Virginia Woolf.


46 comentarios:

  1. Ummh bajaste a la realidad, pues estabas allá subido pendiente de un nuevo achicharramiento.

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  2. Buen lunes Gajaca, bueno que cada lunes nos alimentaras con poetas de la categoría de Eliot, y de otros insospechados creadores.
    Te leemos en Cañasgordas.

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  3. "Tú, hypocrite lecteur! -mon semblable -mon frère!"

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  4. 3

    El decano de los mandarines,
    Un estoico que reposa obesamente,
    Con sus papadas intelectuales,
    Se mira la punta de la nariz;

    Las grullas que cruzan un biombo
    grátiles, alertas,
    Lo observan con frívolo porte;
    Idealista imparcial,
    El mundo en el puño,
    El biombo y las grullas.

    !Qué decir de todo lo que ha perdido uno!
    !Cómo discurre la vida en planos diferentes!

    De Inventos de la liebre de Marzo.
    T.S.Eliot

    A Comístico

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  5. Elmer Von Karajian19 de septiembre de 2016, 11:04

    Me parece una hermosura con todo y poema incluido, Miguel Serveto, así se llamaba mi abuelo, Serveto, y se burlaban por nombre feo. Severo Berraco.
    Besos, y cuando venís?

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  6. Muy positivo. Gabrieles, por lo visto casi todos los poetas grandes son homosexuales.

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    1. Quevedo cuando era travestído, y todos los gongorinos jesuítas de América.

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    2. JLOT de Hidalgo y Costilla21 de septiembre de 2016, 17:42

      Carlos Monsiváis.

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  7. Interesante el blog. Pero hay una cosa que no me cuadra: lo que dice Gil de Biedma. Él llegó a Londres en 1953, a los 25 años, cuando Eliot tenía 65 y compartía vivienda con un crítico de apellido creo que Harray, o algo así, que era su albacea. En el 57 se casó con su secretaria, que tenía 30 años, y el amigo, celoso, se alejó furioso porque, según él, se vio desplazado en sus funciones. La nueva esposa lo acompañó día y noche el resto de sus días y se encargó del legado literario de Eliot.
    Yo creo que lo de Biedma es paja, quizá por darse importancia o porque tenía en su cabeza idealizada una relación con Eliot, a quien con seguridad admiraba mucho, tanto como poeta como por la pinta.
    He dicho. Notifíquese y cúmplase.

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    1. los toletes mocetes adictos al facebook y a la fulera wikipedia, trafican
      con la mas chula indolencia toda esa chatarra digital de viejas chismosas
      y fútiles. Eliminar el contexto de los dicho sigue siendo el pretexto de estas pifias burradas

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    2. JLOT de Hidalgo y Costilla21 de septiembre de 2016, 14:58

      No mames con lo de wikipedia, 100 mil razones para no salir de allí.

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    3. 100 mil pezones de teta tuerta...

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  8. THE WOMEN COME AND GO
    The love song of T. S. Eliot.
    By Louis Menand
    T. S. Eliot's sex life. Do we really want to go there? It is a sad and desolate place. Eliot was twenty-six and, almost certainly, a frustrated virgin when, in 1915, he married Vivienne Haigh-Wood, an Englishwoman he had known for three months. Haigh-Wood was a medically and emotionally vexed person. Her troubles included irregular and frequent menstruation, migraines, neuralgia, panic attacks, and, eventually, addiction to her medication, particularly to ether. She was pretty, ambitious, and (on her better days) vivacious. Eliot was handsome, ambitious, and the opposite of vivacious. “Exquisite and listless,” Bertrand Russell described him when he met the Eliots for dinner two weeks after the marriage. “She says she married him in order to stimulate him, but finds she can't do it. Obviously he married in order to be stimulated. I think she will soon be tired of him.”

    Russell was correct to intuit a tension. The Eliots seem to have discovered that they were sexually incompatible almost immediately. Mrs. Eliot reacted by having an affair with Russell, which her husband either tacitly condoned or was remarkably obtuse about. (Russell was a sexual predator who permitted himself to become temporarily infatuated with the women he seduced. He pretended, by way of self-justification, to believe that his intimacy with Vivienne provided a form of marital therapy to the Eliots.)

    Eliot's own medical and emotional condition was not exactly robust, and he was quickly worn down by the demands of caring for Vivienne. He was also a man whose sense of propriety was sometimes indistinguishable from squeamishness. He told his friends the Woolfs that he could not imagine shaving in his wife's presence. He and Vivienne slept in separate rooms. She baited him in front of guests; he often responded by declining to respond; and (although it is impossible to be sure) they seem to have been, for much of their marriage, sexually estranged. It was in Eliot's character to convert misfortune into fate, and he eventually undertook to normalize the abnormality. In 1927, he was confirmed into the Church of England, which made divorce essentially impossible; in 1928, he took a vow of chastity.

    Four years later, Eliot went to the United States to teach and lecture, leaving Vivienne in England. While he was away, he had his solicitors send her a letter announcing his intention to separate, and when he returned, after a year, he went into hiding. If he imagined that a clean break would help Vivienne get over him faster, he miscalculated badly. The separation unhinged her. She stalked her husband, now a famous man, for five years. She was never able to find out where he lived, and he used to slip out the back of the office at Faber & Faber, where he was an editor, whenever she showed up asking for him. (The receptionist was on instructions to give him a special ring.) Most of the friends Vivienne had made through her marriage abandoned her, and her behavior grew increasingly bizarre. In 1934, she joined the British Union of Fascists; she liked to wear the uniform in public. In 1938, her brother, Maurice, had her committed to an asylum. She died there in 1947, at the age of fifty-eight, possibly from a deliberate overdose.




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    1. Eliot had meanwhile renewed his acquaintance with an American woman named Emily Hale, whom he had been in love with when he was a student at Harvard. At the time, she had declined to reciprocate his affections; now, an unmarried drama teacher at Scripps College, she found that her reasons for indifference had become less pressing. She devoted herself to Eliot. During the nineteen-thirties, she frequently spent the summer in England with him. Their relations were platonic. Hale was a proper Boston lady; Eliot's Bloomsbury friends found her hideously dull. “That awful American woman Miss Hale,” Ottoline Morrell complained. “She is like a sergeant major, quite intolerable. However Tom takes her about everywhere.” Hale plainly believed that she was first in line to become the next Mrs. Eliot. But when Vivienne died Eliot told Hale that although he loved her, it was not, as she reported to a friend, “in the way usual to men less gifted i.e. with complete love thro' a married relationship.” Hale was fifty-five. She decided to settle for incomplete love through an unmarried relationship.

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    2. Eliot had acquired another admirer, an Englishwoman named Mary Trevelyan. Their relationship, too, was asexual; apparently to discourage illusions of intimacy, Eliot made it a rule that they could not dine together on consecutive nights. They were friends for twenty years, during which Trevelyan proposed three times. Eliot demurred: after Vivienne, he explained, the idea of living with someone was a “nightmare.” Then, in 1957, at the age of sixty-eight, and without notifying Hale or Trevelyan, Eliot married his thirty-year-old secretary, Valerie Fletcher. Eliot and Mary Trevelyan stopped speaking to one another; Emily Hale had a nervous breakdown and ended up in Massachusetts General Hospital. Eliot was happy in his second marriage, which seems to have been a case of complete love of the married type. (“There was nothing wrong with Tom, if that's your implication,” Valerie Eliot once told an interviewer who asked why Eliot's first marriage had been a failure.) Eliot died in 1965; Valerie Eliot is still alive. She is her husband's literary executor and, thanks to “Cats,” a very wealthy woman.

      This may seem a limited range of sexual experience for a poet much of whose work is preoccupied with sex and sexuality. But E. M. Forster had published three novels before he had any clear idea of what the sex act consisted in, and Henry James, as far as we know, never had a sexual relationship (of the “complete” type, anyway) with anyone. Sexual experience has no necessary correlation with sexual imagination, and neglect of this basic distinction is the second most exasperating thing about Carole Seymour-Jones's “Painted Shadow: The Life of Vivienne Eliot, First Wife of T. S. Eliot, and the Long-Suppressed Truth About Her Influence on His Genius” (Doubleday; $35). Seymour-Jones insists on reading Eliot's poetry as a literal report on his personal tastes and experiences. Eliot invented characters who were sexually passive (J. Alfred Prufrock), sexually predatory (Mr. Apollinax, a character modelled on Russell), sexually mercenary (the young man carbuncular, in “The Waste Land”), sexually louche (Mr. Silvero, of the caressing hands, in “Gerontion”), sexually violent (Sweeney), and sexually indiscriminate (Columbo, in the series of privately circulated ribald verses, of a socially unredeeming explicitness that would almost make a rapper blush, entitled “King Bolo and His Big Black Kween”). The sex in Eliot's poetry is almost always bad sex, either libidinally limp or morally vicious. But that's because for Eliot bad sex was the symptom of a failure of civilization, and it is a fallacy to conclude that, because sex in his poems is disgusting, Eliot was disgusted by sex. Eliot was disgusted by modern life, period. That he found a way to express that disgust through lurid sexual characterization was one of the reasons his poetry seemed, in its time, so compelling.

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    3. “Painted Shadow” draws on Vivienne Eliot's papers, which she left to the Bodleian Library, at Oxford. Copyright on that material is claimed by Valerie Eliot, but Seymour-Jones was given permission to quote from it without restriction, and her book is filled with fresh details. Although her sympathies lie entirely with Vivienne, she clears Eliot of most of the nastier insinuations of Michael Hastings's play “Tom and Viv,” which was first performed in 1984, and made into a movie, with Willem Dafoe and Miranda Richardson, ten years later. Hastings got his information about the marriage largely from an interview with Maurice Haigh-Wood, in 1980, when Haigh-Wood, with his sister and his distinguished brother-in-law no longer around, felt that it was safe to cast events in a light favorable to himself. Haigh-Wood was not deliberately deceitful; he just felt guilty about what had happened to his sister, and he implied that he and Eliot had plotted to get her out of the way by having her involuntarily committed. Seymour-Jones makes it clear that Eliot had nothing to do with Vivienne's committal—Maurice arranged it—and that, whether or not Vivienne was clinically insane, she had become, by 1938, a danger to herself. The police found her wandering the streets of London at five in the morning; when Maurice arrived to get her, she asked him if it was true that Eliot had been beheaded.

      Still, “Painted Shadow” does not really challenge the standard view of Vivienne Eliot as an unhappy woman who made Eliot unhappy but gave him (as Yeats said of the spirits) metaphors for poetry. Contrary to the book's subtitle, the truth of Vivienne Eliot's influence on her husband's genius has not been long suppressed, because, apart from the emotional agitation, which is acknowledged by nearly every commentator and by Eliot himself, her influence was not especially notable. Vivienne read Eliot's drafts; she contributed, under pseudonyms, satirical poems, stories, and reviews to the journal he edited, The Criterion, whose name she had supplied; and she believed in his genius. Eliot admired her writing and valued her advice. He sometimes adapted lines she had written for his own poems. (He also adapted lines from Dante, Shakespeare, and dozens of other writers.) He was proud of her literary abilities, and although he complained interminably about their health and their finances, he does not seem to have criticized her to their friends or to his family.

      But why did he marry her? Why, after their incompatibility had become obvious, did he stay with her for eighteen years? And why, after her death, did he wait ten years before marrying again? Seymour-Jones has a theory. She believes that Eliot was gay, and that he led a “secret life.” He married Vivienne (according to this theory) in a desperate attempt to “normalize” himself, and he stayed married partly out of fear that, knowing the truth about his sexuality, she would expose him and cause a scandal. He separated from her in order to pursue relationships with men; he used Emily Hale and Mary Trevelyan as beards; and in old age, suffering from emphysema, he married, in effect, a nurse. And this brings us to the first most exasperating thing about Seymour-Jones's book, which is not her theory but her complete inability to prove it.

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  9. Like Peter and Miller, Seymour-Jones attaches a lot of significance to Jean Verdenal. This is understandable, since there is no other plausible known candidate for a male love-object in Eliot's biography. Verdenal was a French medical student whom Eliot met in Paris, where he was spending a year on his own, in 1910. They boarded at the same pension, and became companions. That year in Paris was inspirational for Eliot: he got interested in the philosophy of Henri Bergson, which was an influence on many of his early poems, including “The Love Song of J. Alfred Prufrock,” finished in 1911; and he was introduced to the reactionary cultural and political ideas of the Action Française, which influenced both his poetry and his social criticism. He romanticized the year, and Verdenal was part of the memory.

    One reason Verdenal acquired this importance, though, was that after that year he and Eliot never saw each other again. They exchanged some letters, and then Verdenal enlisted in the Army as a medical officer. He was killed, in 1915, at Gallipoli. When Eliot published his first book of poems, “Prufrock and Other Observations,” in 1917, he dedicated it to Verdenal, “mort aux Dardanelles.” Eliot seems to have believed that Verdenal drowned (he did not), and this has given support to the identification of the drowned sailor Phlebas the Phoenician, in “The Waste Land” (“Consider Phlebas, who was once handsome and tall as you”), with Verdenal.

    It is fair to assume that Eliot felt a close attachment to Verdenal, and that he mourned his death. Eliot's letters to Verdenal are lost, but we have Verdenal's to Eliot (or some of them; it is possible, of course, that Eliot destroyed others), and there is nothing in them to suggest an unusual intimacy. They show Verdenal to be, like Eliot at that age, a high-minded, philosophical young man with an enthusiasm for French poetry and for Wagner. It is possible that, in Eliot's mind, he represented a love that dared not declare itself; but it is certain that he represented the flower of the European civilization that the First World War destroyed. And that is why it is legitimate to imagine him as the real-life figure behind Phlebas in “The Waste Land.” Whatever personal demons drove Eliot to compose it, “The Waste Land” is a poem about the war, just as “Women in Love” and “To the Lighthouse” and “In Our Time” are books about the war and the way of life the war put an end to.

    Seymour-Jones places Eliot in the company of a number of homosexual men at various points in his life, but Eliot associated as a matter of course with writers and artists who were homosexual or bisexual: Lytton Strachey, Maynard Keynes, Serge Diaghilev, Osbert Sitwell, Virginia Woolf, Djuna Barnes, Gertrude Stein, Geoffrey Faber, W. H. Auden. Homosexuality was just part of the world he worked in, which makes it even harder to understand why, if he did have affairs with men, he went to such pains to remain closeted. In 1933, searching for a place to hide from Vivienne, Eliot spent a short time living in a flat with three gay men. Seymour-Jones suggests that he went cruising at night, but the evidence for this is a remark, many years later, by one of the flatmates: “Well, he would hardly have spent that period living with us if he had not had some leanings, now would he?” This seems rather thin corroboration.

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  10. Sometime in 1934, Eliot left the flat and went to live in Kensington in a rectory run by a Father Eric Cheetham. Seymour-Jones says, “Tom and Eric Cheetham lived together for six years.” This is a little misleading. Eliot paid rent on his rooms at the rectory, and, while Cheetham ate with the other priests who lived there, Eliot usually went out for dinner. Beginning in 1937, Eliot and Cheetham did share a flat near the rectory, but in 1940 Eliot left and moved in with a family outside London. After the war, he lived, until his marriage to Valerie, with John Hayward, a single man who was confined to a wheelchair by muscular dystrophy, and who was pleased to describe himself as “the most un-homosexual man in London.” Much of Eliot's correspondence remains unpublished; some of it—including a thousand letters to Emily Hale—is still sequestered. But Seymour-Jones has not found anything pointing unambiguously to a homosexual relationship in Eliot's life, and we can feel confident that she has conducted a thorough search.

    “She has an original mind,” Eliot once wrote to a friend about Vivienne, “and I consider not at all a feminine one.” Like other recent commentators on Eliot's writing, Seymour-Jones is quite right to identify a misogynistic tendency. Eliot's attitude toward women had the same source as his attitude toward Jews: the reactionary program of the Action Française (which had also attracted the interest of Jean Verdenal). The Action Française was, originally, an anti-Dreyfusard political movement; its leader, Charles Maurras, ascribed what he regarded as the decline of France to the influence of women and Jews, whom he held responsible for the corruptions of individualism, romanticism, sensuality, and irrationalism. Eliot was a serious admirer of Maurras's book “L'Avenir de l'Intelligence,” which he read during his year in Paris, and, later on, of Julien Benda's tract “Belphégor,” which was published in 1918, and which attributes the decay of French culture to (ahead of other undesirables) women writers and Jewish philosophers. This is why the alleged un-femininity of his wife's mind was, for Eliot, a point of pride.

    In the poetry, this attitude toward the female mind is expressed as a horror of female sexuality. The poetry Eliot wrote between 1918 and 1922 is populated by oversexed female characters: Grishkin (“The sleek Brazilian jaguar / Does not in its arboreal gloom / Distil so rank a feline smell / As Grishkin in a drawing-room”); Princess Volupine (who “extends / A meagre, blue-nailed, phthisic hand / To climb the waterstair. Lights, lights, / She entertains Sir Ferdinand / Klein”); the Jewish prostitute Rachel née Rabinovitch (who “tears at the grapes with murderous paws”); the sexually negligent typist (“Her brain allows one half-formed thought to pass: / 'Well now that's done: and I'm glad it's over' “); and the vampirish woman who “drew her long black hair out tight,” in “The Waste Land.” It is tempting (and Seymour-Jones, naturally, succumbs to the temptation) to derive these figures from Vivienne. But Eliot's conception of women as civilization's succubae predated his marriage.

    Possibly sex is the wrong frame for understanding that marriage anyway. Tom and Vivienne had a life together, after all. They went dancing and listened to music, and they shared an interest in contemporary art and literature. Eliot thought that Vivienne had rescued him from a boring life as an American philosophy professor, which is what his family wanted for him. He realized very quickly that he had married an invalid, and for many years he was committed to her care. He nursed Vivienne, he searched out special treatments for her, and he fretted continually, and somewhat neurotically, about providing financially for her. She nursed him, too. In the end, he was overmatched: he didn't have the temperament—he was too absorbed by the fascinations of his own depression and self-loathing—to sustain the necessary devotion.

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    1. And devotion, not merely sexual satisfaction, was what Vivienne desired. Eliot's desertion shattered her, because, despite her craziness and her taunting, she worshipped him. She used to leave her front door unlocked every night between ten-thirty and eleven, in case he decided to return. Her stalking was not aggressive; it was pathetic. She imagined that her husband had been taken away by people who didn't care for him and would destroy him. She did not mean to be a harpy, and he did not mean to be a brute. Those were just the forms their unhappiness had to take.

      In 1935, Vivienne managed to track her husband down at a book fair, where she had learned that he was scheduled to give a talk. She wore her Fascist uniform and carried, in her arms, three of Eliot's books and their terrier, Polly. As the audience was getting seated, she turned and saw that Eliot was right behind her, on his way to the lectern. She recorded the moment in her diary:




      I turned a face to him of such joy that no-one in that great crowd could have had one moment's doubt. I just said, Oh Tom, & he seized my hand, & said how do you do, in quite a loud voice. He walked straight on to the platform then & gave a most remarkably clever, well thought out lecture. . . . I stood the whole time, holding Polly up high in my arms. Polly was very excited & wild. I kept my eyes on Tom's face the whole time, & I kept nodding my head at him, & making encouraging signs. He looked a little older, more mature & smart, much thinner & not well or robust or rumbustious at all. No sign of a woman's care about him. No cosy evenings with dogs and gramophones I should say.



      After the lecture, she went onstage and stood next to him while he signed copies of his books. “I said quietly, Will you come back with me?” “I cannot talk to you now,” Eliot replied. He signed the books she had brought with her, and then he left. She never saw him again. ♦


      Louis Menand has contributed to

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    2. u.u. buenos bloques de cemento.

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    3. cemento son los argumentos contra los ????????

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  11. Tienes razón, era muy apuesto, y a los 65, se era un anciano en 1954. Pero él no, ya que se volvió a casar como Borges, para que alguien arreglara los papeles. Pero porqué odiar a Biedma porqué dijo esto o un pervertido se lo inventó. Burradas, encefalitis, propostático melenudo. hijo de nadie, parásitos en el cerebroide derecho.

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  12. Si el problemita era sexual, disculpa de los genios, bien valió la pena enunciarlo con un comentario del comentario y este a su vez del comentario inicial en la nota introductoria.

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    2. Muy buenos los textos en inglés. Sube la audiencia. Mis alumnos de literatura comparada han copiado y leído todo lo de Eliot.

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  13. para los papis y papos

    a tronco limpio en la feria del libro dominicana...

    definitivamente Abril es el mes mas cruel del año,
    ya ni la parodia alcanza como cajita de primeros auxilios..
    troncos, trozos y destrozos de la flaca poesía

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    1. u.u. el m's cruel es noviembre.

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    2. busca la Abril Troncoso en tu morral de wikipidea y luego hablamos
      sforza azurra y absurda

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  14. Contra los poetas

    Por Alejandro Zambra
    Publicado en Etiqueta Negra, número 65.



    A los veinte años ya acumulan experiencias importantes: han publicado poemas en revistas y antologías, han participado en talleres, han escrito artículos para anuarios escolares y quizá han concedido una o dos precoces entrevistas. Ya tienen listos sus primeros libros, que están a punto de aparecer en editoriales emergentes. Son libros muy malos, pero por ahora eso no importa. Sus poemas son largos y sentenciosos, abusan de los gerundios, de los signos de exclamación y de los puntos suspensivos. Leen a Vicente Huidobro, a Delmira Agustini y a Oliverio Girondo, pero sobre todo se leen los unos a los otros, en interminables sesiones sólo a veces amistosas.

    A los veinticinco años ya han renegado de esos primeros poemas, que consideran lejanos pecados de juventud. Esperan encontrar pronto la madurez como poetas, que a ellos les importa mucho más que la madurez como personas. El segundo libro cumple con creces el objetivo: no es bueno, pero indudablemente es mejor que el primero. Dicen estar todavía buscando una voz propia y mientras tanto planean antologías que incluyen a todo el grupo, pero nadie quiere escribir el prólogo, pues nadie desea correr el riesgo de convertirse en crítico literario.

    A los treinta años ya han sufrido varios desengaños. Han sido incluidos en antologías nacionales y latinoamericanas, pero han sido excluidos de otras tantas publicaciones y les cuesta muchísimo aceptarlo. Por momentos escriben solamente para demostrar cuán arbitrarias han sido esas exclusiones. Han publicado, a esta altura, tres libros de poesía. Han fundado dos editoriales y cuatro revistas literarias. En sus reseñas biográficas se afirma que han participado en más de trece –en catorce– encuentros de poetas y que sus libros han sido parcialmente traducidos al italiano. En realidad les han traducido solamente un poema, pero da lo mismo: los han traducido, eso ya es mérito suficiente.



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    1. Recién a los treinta y cinco años comienzan a incomodarse cuando los presentan como poetas jóvenes. Ahora dictan talleres en los que aconsejan a sus alumnos que eviten los gerundios, que cuiden los adjetivos, que declaren la guerra a los puntos suspensivos y a los signos de exclamación. Les inculcan la suprema libertad creadora, pero les prohíben una lista bastante larga de palabras: vacío, angustia, desolación, desesperación, crepúsculo, ocaso, alma, espíritu, corazón, vagina. Les hablan de melopoeia, de fanopoeia y de logopoeia, pero se enredan un poco en la explicación. Se enamoran de poetas de dieciséis años y las comparan con Alejandra Pizarnik, pero nunca han visto una foto de Alejandra Pizarnik.

      A los cuarenta años a nadie se le ocurre presentarlos como poetas jóvenes, pues sus caras y sus barrigas han cambiado de forma tal vez irreversible. Los poetas experimentan con mayor sufrimiento que el común de la gente la llamada crisis de los cuarenta. No decidieron ser poetas para tener cuarenta años. De ahora en adelante todo será decadencia. Se han vuelto inofensivos. Es más fácil incluirlos, pedirles prólogos, invitarlos a los recitales y aplaudirlos sin énfasis, respetuosamente. Son, en otras palabras, verdaderos fracasados.

      Para que el fracaso se cumpla es necesario que reciban, de vez en cuando, señales equívocas. A los cincuenta, a los sesenta, a los setenta años los poetas ganarán dos o tres premios menores; tímidos estudiantes de pregrado y quizás alguna bella doctora norteamericana analizarán sus libros, que tal vez serán traducidos al francés, al alemán, al griego o al menos al argentino. Por lo demás, siempre habrá alguna editorial emergente interesada en rescatarlos del olvido.

      Da lástima verlos junto al teléfono, esperando la noticia de un premio, de una pensión del gobierno, de un homenaje, de un viajecito al sur, lo que sea. Parecen niños asustados, y en el fondo eso son: niños asustados, adolescentes ya muy viejos para suicidarse. A veces algún reportero compasivo les pregunta para qué sirve la poesía en este mundo deshumanizado y consumista. Ellos suspiran y responden lo que han respondido siempre: que sólo la poesía salvará al mundo, que hay que buscar, en medio de la confusión, palabras verdaderas y aferrarse a ellas. Lo dicen sin fe, rutinariamente, pero tienen toda la razón.

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    2. Frente al caso argentino si está mal.

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  15. Sep. 26
    La paz con los mamertos, que han infundido miedo sin solución y rechazo de mano de artista a través de más de medio siglo.
    Hoy nos veremos, otra vez, quizás ninguna, en la plaza con las verdes en flor.
    Tu diminuto recuerdo en los cielos muy marcado.
    Sept. 27
    Todo está en manos de Dios
    Las 10 manos que te cubren, tu mundo y el más allá de ensueño mamacita. Lo ves y te estiras. Escondes la jeta. Todos los demás reirán, les ha tocado en regla. Les tocó.
    Un final abrupto
    Hasta el rey pide justicia.
    Jamás negaré a la mujer su exquisita diferencia.
    ¿Pero qué hacer con los hombres solos, lejos de sus hijos? Lamerán a su santa protección.`
    Casi no hay poetas que le canten al acurdo, que por múltiples senderos, llega a bien frente al mal decir, el submundo más real que pide amor.



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    2. yo, Placido Premuro Pastrana me da la gana de decir
      lo dicho, esta pendeja paz es la ceguera púbica de los
      ovarios mamertos. No hay tiro que sea mas fijo que la semántica militar de la falocracia castrista, ni vaca que
      sea mas gorda que la Che Che guerrilla de un guajiro
      almidonado, ya vendrán los trapos y escobas para que el lobo de Uribes siga chupando de esta teta coja. Los zurdos
      nunca aprenden ni del manco del espanto…

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    3. Tiene razón la sinrazón, pedazo de buche y trecho
      ajonjolí para qué, dígame....
      Mamertos es lo mismo que cebolla
      Mamertos fueron los rusos hasta Breznev.
      Mamertos los gajos de interés, y la verguenza de Tiro Fijo, toda una señorita.

      A todas estas, la paz es un modelo de sabiduría guaraní.

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    4. u.u. ni un paso atrás, venceremos.

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    5. jajajajaja jajaja jaijai jajajajaijajajai

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  16. Cuando alguien piensa que tu eres comunista castrista stalinista, porque tiene amigos mamertos, porqué nunca han hecho nada en mi educación política, la cosa se pone fea entre estos dos.

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    1. Hay más mamertos que uribistas.

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    2. Son casi gemelos, después de la votación.

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  17. Vivan los neo berracos, están ahora en la palestra.

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  18. Ay gajakita, tu tranquilo allá en la USA tus verdaderos enemigos.

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  19. 'Jesucristo es el único que puede traer paz': Daniel Torres a Juan Manuel Santos
    A través de un video, el futbolista la emprendió contra el proceso de paz y criticó al Gobierno por no poner a Jesucristo en el centro de las negociaciones con las Farc.'Jesucristo es el único que puede traer paz': Daniel Torres a Juan Manuel Santos
    A través de un video, el futbolista la emprendió contra el proceso de paz y criticó al Gobierno por no poner a Jesucristo en el centro de las negociaciones con las Farc.

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    1. el pais del sangrado corazón

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Gracias por los comentarios enviados con tu cuenta de Gmail, y por enviar textos para esta secta abierta de la pequeña Andrómeda con cebollas en el mundo celeste. Si no la tienes la puedes sacar inmediatamente. Textos pueden ser enviados a gajaka@hotmail.com. e hilario.aquiles@gmail.com