lunes, 7 de abril de 2014

Algunos poetas malditos que van quedando en el olvido. Ustedes verán!: Oswaldo Lamborghini, José Asunción Silva, y Jorge Cáceres.

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Los malditos, son hoy los irreverentes (pastusos, iquiqueños y tucumanos), iconoclastas después de la juventud, o sentado y a la postre huidizo. Los que fueron, tenían alma negra (el modernismo, ya lo dije), Neobarrocos eremitas, y surrealistas chilenos (ultra montana).


Pintura de Juan Pablo Renzi

Oswaldo Lamborghini

EL JUKY*

Le tengo terror a los demonios
quiero decir a los domingos

¡Querida!
La delicia se transformó en pura delicadeza
y la voluptuosidad: pudor.
A la gacela le crecieron alas.
Moteada de almíbar para las noches

¡Dulzura!
en las horas matinales o medios días
se sala: igual al hornero, a Lugones,
limpia su casita.
¡Muñeca!
Es bueno irse a un país donde hay muchos troncos
y donde la “o” es un círculo, letra alguna,
pero
¡Piba!
si esos témpanos hablaran
esta pampa te diría
¡Otro hombre!
Y seguramente voy a matarlo con tus propias manos.

***
 Y sin embargo soy Edipo
Un Edipo que besa los pies de su madre ahorcada
Que se cuelga de sus piernas para detener el bamboleo de ese cuerpo
Que cuelga de una cuerda
Y arrodillado
Lengüetea Lame
Con su única lengua
Lenguaje posible
La vagina todavía tibia de su madre ahorcada
en el momento crucial.
***
Ligeras ganas de introducir pasmado
el remanido pene en la pátina vagina
y adorar luego la bóveda celeste.
Venían los griegos, esos niños inocentes de la peste.
Encendían el fuego y escupían las espinas,
no en un cuarto de hotel, no en éste,
que a manzana huele y a pornoshow deshabitado
por la más linda, por ella,
por la más bella,
por la más trina,
por la joya:
Helena, Helena de Troya,
Madre de Dios y bailarina.

El éxtasis y la dosis y la rima
y una clase de zorrino ensimismado
que igual tendré que dar mañana a pesar del pico.
Me gustaría ser judío
y mañero y transexual como el Espíritu,
y no este zorzal, este aeda marcado,
que huele a horror aunque se disfrace de Cupido.
*Tomados del blog El hombre aproximativo.



Pintura de Juan Pablo Renzi

José Asunción Silva

Zoospermos*

El conocido sabio
Cornelius Von Ken-Rinegen,
que disfrutó en Hamburgo
de una clientela enorme
y que dejó un in-folio
de mil quinientas páginas
sobre hígado y riñones,
abandonado luego
por todos sus amigos,
murió en Leipzig, maniático,
desprestigiado y pobre,
debido a sus estudios
de los últimos años
sobre espermatozoides.

Frente de un microscopio
que le costó un sentido,
obra maestra y única
de un óptico de Londres;
la vista recogida,
temblándole las manos,
ansioso, fijo, inmóvil,
reconcentrado y torvo,
como un fantasma pálido,
a media voz decía:
"Oh, mira cómo corren
y bullen y se mueven
y luchan y se agitan
los espermatozoides!:

"¡Mira! si no estuviera
perdido para siempre;
si huyendo por caminos
que todos no conocen
hubiera al fin logrado
tras múltiples esfuerzos
el convertirse en hombre,
corriéndole los años
hubiera sido un Werther
y tras de mil angustias
y gestas y pasiones
se hubiera suicidado
con un Smith & Wesson
ese espermatozoide.

Aquel de más arriba
que vibra a dos milímetros
del Werther suprimido,
del vidrio junto al borde,
hubiera sido un héroe
de nuestras grandes guerras.
Alguna estatua en bronce
hubiera recordado,
cual vencedor intrépido
y conductor insigne
de tropas y cañones,
y general en jefe
de todos los ejércitos,
a ese espermatozoide.

Aquel hubiera sido l
a Gretchen de algún Fausto;
ese de más arriba
un heredero noble,
dueño a los veintiún años
de algún millón de thallers
y un título de conde;
aquel, un usurero;
el otro, el pequeñísimo,
algún poeta lírico;
y el otro, aquel enorme,
un profesor científico
que hubiera escrito un libro
sobre espermatozoides.

Afortunadamente,
perdidos para siempre
os agitáis ahora,
¡oh, puntos que sois hombres!
entre los vidrios gruesos
 traslúcidos y diáfanos
del microscopio enorme;
afortunadamente,
zoopermos, en la tierra
no creceréis poblándola
de dichas y de horrores:
dentro de diez minutos
todos estaréis muertos,
¡hola, espermatozoides!

Así el ilustre sabio
Cornelius Von Ken-Rinegen,
que disfrutó en Hamburgo
de una clientela enorme
y que dejó un in-folio
de setecientas páginas 
sobre hígado y riñones,
murió en Leipzig, maniático,
desprestigiado y pobre,
debido a sus estudios
de los últimos años
sobre espermatozoides.
*Tomado de la edición de Aguilar, 1952


 Pintura de Juan Pablo Renzi

Jorge Cáceres

Paolo Ucello

Paolo Ucello saliendo del pozo de mercurio
Regateando en tu corazón de gaseosa el fragor de la tormenta
Pero unos ojos perdidos vagan en la superficie negra de un vaso de vitriolo
Tirando de la noche el hilo a plomo que se enreda en tu frente
Llamando a la puerta del corazón del pájaro por su nombre
Aunque yo te he visto dar vueltas alrededor del mundo tres veces
Aclimatando la cantera al influjo de la turquesa
O tus labios de ópalo silvestre a la noche ultramarina
Ucello el diván ondulado acaba de evaporarse
Y aún sus pestañas me recuerdan tu amor por los pájaros
O tu pie sangrando sobre un bouquet de violetas
Sobre mi corazón pulverizado sobre el espacio en blanco que dejó el campo al desaparecer
Sobre un seno en el agua mineral
Sobre todo un seno
Levantándose de su cojín como una lágrima
Aún deslizándose a través de una mirada inocente
Una única mirada Ucello
De un seno violeta

Contra la noche violeta.

Los  besos

Los besos entre las hojas
En recuerdo
De los pájaros que encantaban las estrellas en el filo
de sus alas
Por cada grito picoteaban los guijarros del sol
Los muros que les dan formas familiares
Y gestos que reflejan el clima de los labios
Sobre el camino de los últimos besos
O en el eco de las risas del mar.


Con cada una de las fuentes que se diluyen en las hojas
Con cada uno de los ojos de codicia
Con cada uno de los grandes desiertos abandonados
Solitario yo he compartido mi sed.


A la cabecera de los deltas
En los monasterios que penden de los árboles
Yo escojo las cartas del buen tiempo
Las únicas que han permanecido desnudas
En el fondo de las balanzas de armiño
En plena costa
A todo aire
A toda tempestad
Cuando escucho batir los primeros árboles de coral
 
bajo la piel que yo sé apresar
.
***


Tres poetas llamados malditos; sea porque se suicidaron, los mataron o murieron jóvenes en circunstancias extrañas. Oswaldo Lamborghini (Argentina), considerado por la crítica neobarroco.
José Asunción Silva (Colombia): Modernista.

 y Jorge Cáceres (Chile): surrealista.
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Selección de textos por Gajaka


domingo, 30 de marzo de 2014

Los cien años de Octavio Paz, y pare de contar, ah, celebraremos también los de Nicanor Parra, y cerramos las celebraciones, porque huele a reseda, según Silva.


Octavio Paz


Lo aclaman los diableros de París, y sus musas, los muertos de Tlatelolco, el brillo nupcial de los templos místicos de Asía Septentrional. Los surrealistas travestíís del francés fascista, un falso Duchamp, por favor, no en vano Triana los más serios bretonianos, la piedra y el sol mexicanos. Sus traductores, su segundo amor, Marie José Tramini. A su única hija Elena.

Los muchos y grandes poetas mexicanos del siglo XX.  De José Revueltas, su amigo político. Los escritores de “Vuelta”, “Poesía en movimiento”, aunque el movimiento no se mueva. Sor Juana Inés de la Cruz (la chica moderna del virreinato de México).

“El pájaro caído / entre la calle Montalambert y la de Bac / es una muchacha / detenida / sobre un precipicio de miradas […] (“Viento Entero”).

Lo odiaron los mamertos por haber dicho que la sociedad estadounidense era la más organizada del mundo, en comparación con la Unión Soviética. Que renegaba del partido comunista, por eso, por lo mamerto (dogmáticos de tercera). La cara de estalinistas que ponían sus cerebros seculares. - Tu lees a ese fascista?, y yo quedaba libre de esa sanguijuela.

Yo, lo sentía en sus ensayos, al comienzo de mis lecturas, y era otra más nuestra historia en la literatura, el fragmento que no lo entendíamos sino como filosofía positivista, y el arte conventual, de los espacios cerrados, espejos de la muerte, de las pirámides sin trazamiento, lo tal y lo gin, o los superellos del cine alucinado en Sikkin, un Tamayo salvado del incendio de su apartamento en México, los ojos verde azules de la noche, de nuestros ancestros presentes, no son los ojos negros del alma del Primer modernismo.

Gabriel Jaime Caro (Gajaka)
30 de marzo, 2014

***

                 Franz Von Stuck-Der Krieg 1894

***

Poemas de Octavio Paz, memorables.

   
A veces la poesía es el vértigo de los cuerpos y el 
vértigo de la dicha y el vértigo de la muerte;
 
    el paseo con los ojos cerrados al borde del despeñadero
 
y la verbena en los jardines submarinos;
 
    la risa que incendia los preceptos y los santos
 
mandamientos;
 
    el descenso de las palabras paracaídas sobre los
 
arenales de la página;
 
    la desesperación que se embarca en un barco de
 
papel y atraviesa,
 
    durante cuarenta noches y cuarenta días, el mar de
 
la angustia nocturna y el pedregal de la angustia diurna;
 
    la idolatría al yo y la execración al yo y la
 
disipación del yo;
 
    la degollación de los epítetos, el entierro de los espejos;
 
    la recolección de los pronombres acabados de cortar en el jardín
 
de Epicuro y en el de Netzahualcoyotl;
 
    el solo de flauta en la terraza de la memoria y el
 
baile de llamas en la cueva del pensamiento;
 
    las migraciones de miríadas de verbos, alas
 
y garras, semillas y manos;
 
    los substantivos óseos y llenos de raíces, plantados
 
en las ondulaciones del lenguaje;
 
    el amor a lo nunca visto y el amor a lo nunca oído
 
y el amor a lo nunca dicho: el amor al amor.
Sílabas, semillas.
***

Ejercicio preparatorio



(Díptico con tablilla votiva) 
Meditación 
(Primer tablero) 
La premeditación de la motí est premeditation de la 
liberté. Qui a apris á mourir, il a desapris á servir.

Michel de Montaigne
La hora se vacía. 
Me cansa el libro y lo cierro. 
Miro, sin mirar, por la ventana. 
Me espían mis pensamientos. 
Pienso que no pienso. 
Alguien, al otro lado, abre una puerta. 
Tal vez, tras esa puerta, 
no hay otro lado. 
Pasos en el pasillo. 
Pasos de nadie: es sólo el aire 
buscando su camino. 
Nunca sabemos 
si entramos o salimos. 
Yo, sin moverme, 
también busco -no mi camino: 
el rastro de los pasos 
que por años diezmados me han traído 
a este instante sin nombre, sin cara. 
Sin cara, sin nombre. 
Hora deshabitada. 
La mesa, el libro, la ventana: 
cada cosa es irrefutable. 
Sí, 
la realidad es real. 
Y flota 
-enorme, sólida, palpable- 
sobre este instante hueco. 
La realidad 
está al borde del hoyo siempre. 
Pienso que no pienso. 
Me confundo 
con el aire que anda por el pasillo. 
El aire sin cara, sin nombre.
Sin nombre, sin cara, 
sin decir: he llegado, 
llega. 
Interminablemente está llegando, 
inminencia que se desvanece 
en un aquí mismo 
más allá siempre. 
Un siempre nunca. 
Presencia sin sombra, 
disipación de las presencias, 
Señora de las reticencias 
que dice todo cuando dice nada, 
Señora sin nombre, sin cara.
Sin cara, sin nombre: 
miro 
-sin mirar; 
pienso 
-y me despueblo. 
Es obsceno, 
dije en una hora como ésta, 
morir en su cama. 
Me arrepiento: 
no quiero muerte de fuera, 
quiero morir sabiendo que muero. 
Este siglo está poseído. 
En su frente, signo y clavo, 
arde una idea fija: 
todos los días nos sirve 
el mismo plato de sangre. 
En una esquina cualquiera 
-justo, onmisciente y armado- 
aguarda el dogmático sin cara, sin nombre.
Sin nombre, sin cara: 
la muerte que yo quiero 
lleva mi nombre, 
tiene mi cara. 
Es mi espejo y es mi sombra, 
la voz sin sonido que dice mi nombre, 
la oreja que escucha cuando callo, 
la pared impalpable que me cierra el paso, 
el piso que de pronto se abre. 
Es mi creación y soy su criatura. 
Poco a poco, sin saber lo que hago, 
la esculpo, escultura de aire. 
Pero no la toco, pero no me habla. 
Todavía no aprendo a ver, 
en la cara del muerto, mi cara.

Franz Von Stuck
***


Rememoración 

(Segundo tablero)
...querría hacerla de tal modo que diese a entender que no había sido mi vida tan mala que dejase nombre de loco; puesto que lo he sido, no querría confirmar esta verdad con mi muerte.
Miguel de Chívaniks
Con la cabeza lo sabía, 
no con saber de sangre: 
es un acorde ser y otro acorde no ser. 
La misma vibración, el mismo instante 
ya sin nombre, sin cara. 
El tiempo, 
que se come las caras y los nombres, 
a sí mismo se come. 
El tiempo es una máscara sin cara.
No me enseñó a morir el Buda. 
Nos dijo que las caras se disipan 
y sonido vacío son los nombres. 
Pero al morir tenemos una cara, 
morimos con un nombre. 
En la frontera cenicienta 
¿quién abrirá mis ojos? 
Vuelvo a mis escrituras, 
al libro del hidalgo mal leído 
en una adolescencia soleada, 
con plurales violencias compartida: 
el llano acuchillado, 
las peleas del viento con el polvo, 
el pirú, surtidor verde de sombra, 
el testuz obstinado de la sierra 
contra la nube encinta de quimeras, 
la rigurosa luz que parte y distribuye 
el cuerpo vivo del espacio: 
geometría y sacrificio.
Yo me abismaba en mi lectura 
rodeado de prodigios y desastres: 
al sur los dos volcanes 
hechos de tiempo, nieve y lejanía; 
sobre las páginas de piedra 
los caracteres bárbaros del fuego; 
las terrazas del vértigo; 
los cerros casi azules apenas dibujados 
con manos impalpables por el aire; 
el mediodía imaginero 
que todo lo que toca hace escultura 
y las distancias donde el ojo aprende 
los oficios de pájaro y arquitecto-poeta.
Altiplano, terraza del zodíaco, 
circo del sol y sus planetas, 
espejo de la luna, 
alta marea vuelta piedra, 
inmensidad escalonada 
que sube apenas luz la madrugada 
y desciende la grave anochecida, 
jardín de lava, casa de los ecos, 
tambor del trueno, caracol del viento, 
teatro de la lluvia, 
hangar de nubes, palomar de estrellas.
Giran las estaciones y los días, 
giran los cielos, rápidos o lentos, 
las fábulas errantes de las nubes, 
campos de juego y campos de batalla 
de inestables naciones de reflejos, 
reinos de viento que disipa el viento: 
en los días serenos el espacio palpita, 
los sonidos son cuerpos transparentes, 
los ecos son visibles, se oyen los silencios. 
Manantial de presencias, 
el día fluye desvanecido en sus ficciones.
En los llanos el polvo está dormido. 
Huesos de siglos por el sol molidos, 
tiempo hecho sed y luz, polvo fantasma 
que se levanta de su lecho pétreo 
en pardas y rojizas espirales, 
polvo danzante enmascarado 
bajo los domos diáfanos del cielo. 
Eternidades de un instante, 
eternidades suficientes, 
vastas pausas sin tiempo: 
cada hora es palpable, 
las formas piensan, la quietud es danza.
Páginas más vividas que leídas 
en las tardes fluviales: 
el horizonte fijo y cambiante; 
el temporal que se despeña, cárdeno, 
-desde el Ajusco por los llanos 
con un ruido de piedras y pezuñas 
resuelto en un pacífico oleaje; 
los pies descalzos de la lluvia 
sobre aquel patio de ladrillos rojos; 
la buganvilla en el jardín decrépito, 
morada vehemencia... 
Mis sentidos en guerra con el mundo: 
fue frágil armisticio la lectura.
Inventa la memoria otro presente. 
Así me inventa. 
Se confunde 
el hoy con lo vivido. 
Con los ojos cerrados leo el libro: 
al regresar del desvarío
el hidalgo a su nombre regresa y se contempla 
en el agua estancada de un instante sin tiempo. 
Despunta, sol dudoso, 
entre la niebla del espejo, un rostro. 
Es la cara del muerto. 
En tales trances, 
dice, no ha de burlar al alma el hombre, 
Y se mira a la cara: 
deshielo de reflejos.

Deprecación 

(Tablilla)
Debemur moni nos nostraque.
Horacio
No he sido Don Quijote, 
no deshice ningún entuerto 
(aunque a veces 
me han apedreado los galeotes) 
pero quiero, 
como él, morir con los ojos abiertos. 
Morir 
sabiendo que morir es regresar 
adonde no sabemos, 
adonde, 
sin esperanza, lo esperamos. 
Morir 
reconciliado con los tres tiempos 
y las cinco direcciones, 
el alma 
-o lo que así llamamos- 
vuelta una transparencia. 
Pido 
no la iluminación: 
abrir los ojos, 
mirar, tocar al mundo 
con mirada de sol que se retira; 
pido ser la quietud del vértigo, 
la conciencia del tiempo 
apenas lo que dure un parpadeo 
del ánima sitiada; 
pido 
frente a la tos, el vómito, la mueca, 
ser día despejado, 
luz mojada 
sobre tierra recién llovida 
y que tu voz, mujer, sobre mi frente sea 
el manso soliloquio de algún río; 
pido ser breve centelleo, 
repentina fijeza de un reflejo 
sobre el oleaje de esa hora: 
memoria y olvido, 
al fin, 
una misma claridad instantánea.

***

Espiral


Como el clavel sobre su vara, 
como el clavel, es el cohete: 
es un clavel que se dispara.
Como el cohete el torbellino: 
sube hasta el cielo y se desgrana, 
canto de pájaro en un pino.
Como el clavel y como el viento 
el caracol es un cohete: 
petrificado movimiento.
Y la espiral en cada cosa 
su vibración difunde en giros: 
el movimiento no reposa.


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jueves, 20 de marzo de 2014

Discurso de "Juana I, la enlagunada": I ACTO. Coacción y desprecio.


Pintura de Juana La loca, o "Juana I, la enlagunada", por Gajaka.


Arenga de “Juana l (de Trastámara), la enlagunada,” a las colonias y a los feudalistas del viejo mundo y, “anarquistas” de América.
Apostando con su tarot de Aquiles a los 

Mamelucos, sin mucha erudición, la marca 


monstruosa e indivisible de su visiónaria 


desnudez y despojo.



Por Gabriel Jaime Caro (Gajaka)

Primero

A mi el cardenal Bembo no me quiso conocer por estar loca en Tordesillas, eso decían en los periódicos de Roma, pero, me contaron que a Lucrecia le enseñó las cosas del amor y del alma. Bembo acuciaba que el alma, el espíritu y el demonio estaban casi confabulados. El uno arriba (el espíritu), el otro abajo (el alma), y el demonio a su lado cuidando su determinación. Así fui feliz con mi chiquita Leonor en el encierro, pegada como un desliz al puente levadizo.

Segundo

Pasan los años de la fajazón y gobiernan los predestinados. Las más OFF arriba, y el más OFF también. - Pero las del coro  africanoserán las más bellas. Recordando a “Izabel”. Otra hazaña de mi futuro.
-Ni se te ocurra nombrarla de primero, - qué? … Harán fila para mi, y si no bailas flamenco os corto las piernas. Que inquisición a los pobres artistas de hoy. Si, solo Nilda del país de la música suave del 6 de la calle Sebastián, con sus vestidos de Miss universo en una caja fuerte por todo San Juan con el carro metafísico (esta vez con Cesaria Evora).
Ah, un happyness, el bermejo Otello por fin sale silbando en un filme de Genet, increíble escuela.
Son las 20 mil, si, las 22.000. Muy redondo la pelea de dos estrellas de Hollywood en la calle, el uno comunista (Sean Penn) y la otra despatriada y "gusana" (María Conchita Alonso) en el 2011!
Nos alejamos con la droga, no sé si hacia adelante o hacia atrás por caridad remota. Y admiramos el coraje de: tú te alejas. Pero tranquilos hubo otros nombres para la memoria, Jerry Berger ("Sin limites"), sí, y si se pierde por dos horas y media comenzando la noche, y en esas llegas y no reconoces a los dioses que están a tu alrededor, y te flecharán después.
Como reía, no te burles no te canses, ahí el punto negro de un Gran pintor del siglo 16. Un fuerte impacto y se llega al mismo momento de la otra para decir en coro: no existes. Tampoco existe lo que queremos hacer.
Aprendan ellas a escribir aunque no hablen.

Tercero

El discurso para decir yo estuve allí, está reggio, no tiene nada de extra aunque si es extramitico es otra cosa, guárdese el devuelto.
y qué?, que falta la tuya de perennidad en las aseveraciones, se pasan de la raya, se pasan de visibles y se creen la quinta esencia, diría otra vez, yo que toco saxo.
-    Si, no existes, y menos doble, hasta en las mejores familias, los Eboli, los chiquitines que vienen de Trajano.
-    La causa no es de un loco sino de un pichón de santandereano, que se ha ahogado por todas partes, que viajó con la bufanda de Alain Delón por los mejores salones de la corte de Navarra, la cocida por un bébrice del Olimpo de Zeus con Heracles.

La buena, no podemos hacer Shakespeare con Juana la mía la diáfana la Monalisa, si apenas la tenemos parada con sus aguas de Borgoña, y el pañuelo de Gante, con mis esclavas moras, arañadas en sus rostros para Felipe El hermoso, por demonios muy nuestros…  Que a veces se le seca la piel por completo de las picaduras de insectos negros con punticos amarillos.
He aquí un estudio de la cumbamba de los adburgos, capaces de masticar un faisán en par patadas o par de segundos; perdón  es el retrato que el pintor de la corte, Christophe Amberger, hizo de Carlos V de 30 añitos, bajito y emperador (el hijo de Juana la Loca, a quien solo vio tres veces en su vida), que empezaba a dirigir las muchas guerras que realizó en nombre del Imperio germano católico y romano (llevaba 500 años desde Carlomagno). Ahí lo vemos reposado como un académico, pero no!, es un monstruo, un sicótico en realidad, el rey de la finalidad. Versiones de Gabriel Jaime Caro (Gajaka).
***

Racista, abdicada, rechazada, pueril y sin ansias para el poder, vete a que te den por el fundillo, le dice el espejo del Indostán.

Estalla la risa copiada, reverberada, vete a a leer chamizo.


El cardenal Pietro Bembo, por Tiziano.

Cuarto

Copiada, copiada, clonada, mi Primer Toison de  loca preñada "para un rey enano absurdo y feo" (versión). No hay uno ni dos son mitades, solo tres, que día sin número, cuándo es tres?
Le conté a Carlos V (versión de la finalidad) que las corbatas más caras salían de Harvard, y no entendió nada, la ceja peluda por el pasadizo, muy romántico, con el arma automática, sin el “Portero de los monstruos”. Solo en tiempos de paz se refuerzan los fundamentalismos. Que tal el pereque de tenerlos como una forma de uranio descabellado.

Quinto

Hasta que se olvida cerrar la bragueta, y está perdido, ante una página de un libro concurrida por los Buendía. Todavía puede tener su matrimonio con la diferencia de 60-20, “de cierta manera”, hasta que la muerte nos separe , y le creamos la mentira a nuestro maestro manierista sentado en el corredor fulminante mientras llega la que es con un cigarro desconocido en su boca. La contractual o frontal acto de hipertensión de cómodas vigilias de ancestros policromados.

Los temblores están de moda; no se el enclave o la profundidad de este barranquito o iluminatis. Es como la grandeza de una taza de porcelana de, del pleno ejercicio del ocio, gigante como una gallina culeca. Una pieza de porcelana querrás decir mientras ganamos espacio con la guerra de los diablitos vestidos de blanco por entre los espejos convexos.
Trataré de empezar con límites expuestos contra puertas de naves espaciales. Camina el estigmatizado  de bufón o la vieja pieza de cámara del Rey Luwig. El vaso de vino ahora lo tiene Leonor de Aquitania. Me ahoga el Este por donde vienes tú, muy sicoanalista con el cucho. El poeta de Aquiles.

Sexto

Si, el poeta de Aquiles, con su mismo problema, el talón, pero con su fuego encendido por si las moscas dejan transformar al niñito en tubo de Laboratorio u en Hermesfrodita, afrodisíaco for ever. Dionisíaco, tiresioso, quiromántico, amante de las musas desoladas con su encuadre imposible para un hacedor con su cuadrante hemisférico, la mujer barbuda que ríe en el circo olímpico.

Juana la chiquita, la mamona con su príncipe asburgo, jugando con el futuro que se habían encontrado los reyes de Castilla y Aragón, no así los de Navarra pasados todos a cuchillo cada que le daba la gana a los católicos redomables. Semejante matanza; pero es que no os parecemos a los animales domésticos sino a las fieras.

Séptimo

En la imaginería popular, que no tenía alcances si el Rey se metía el dedo por la boca para poder comerse los 100 banquetes del día, y esto duraba años, mientras Fray Luis de León preparaba la defensa de los heréticos en la santa inquisición.
Mientras los piratas se robaban el tesoro de Atahualpa, el rey saqueador de Roma, hijo de la Juana, mandaba a cazar a todos los faisanes de Europa, muy pocos a la larga del tiempo barroco quedaban para la codicia hechizada del poeta Lezama Lima, 4 siglos después. Los 100 caballos del monarca recorrieron millones de millas en todo su reinado de Terror con un poco de elogios a sus victorias al mejor estilo de Carlomagno, el gigante menor.

Octavo

Os veís de oro en la batalla, salís medio muertos y dispuestos a hacer el informe para la Reina madre, aunque sea en una novela de caballería, os creo país vasco y media melcocha castellana, y aplazo bañarme en la Costa brava por la insana característica pública de mi absoluta indeterminación para alcanzar el solio con una espada o peor aun con un machete de Extremadura. Guardarme el secreto, no hay sino en el pecado griticos y mamelucos bipolares.




Ilustracción por Gajaka
*****

A Ranún Oquiedo