martes, 24 de abril de 2018

José Lezama Lima gana el premio Nobel de literatura, póstumo y repudiado. No podrá regresar de Estocolmo a Cuba.

José Lezama Lima


Portocarrero
                                                              Priapo.

Segundo Cemi nario (gracias a Comas por el nombre*), semi (pre) semén semilla semiótica, todas le caben bien a Lezama y su novela Paradiso.  

Primer discurso para el doctorado en Lezama Lima en el medio medo evo de la ya rancia América Barroca de espejismos.

Por Gajaka Extra (s) mitico

Paradiso es la mitología de lo que quedó de la Atlántida, y no es cualquier perreta, aquellos españoles cubanos se las traían de paraísos, en vez de obispos y sacerdotes del santo Oficio, nanas, abuelas, y con un coronel de coroneles, José Eugenio Cemí.
Nada que envidiarles la corte borbona española del siglo XIX. Vascos es el caso a destacar por todo el mar caribe haciendo su desembarco. Admirables. Hoy esos vascos ya no existen, sin el idioma, tratado de la oportunidad, de subvertir el orden o simplemente un plano secuencia de nuevas vidas en el arte.

España menos o más romana que los vascos, que se han defendido de los Francos carolingios (Roncesvalles una batalla enormísima para ellos). Un vector de protestantismo pasó por ahí a Navarra.

Don José Lezama Lima, del que dice el mudo beckettiano, que no le haga tanta propaganda, pero si es de lo que mejor se escribir. Sabía que muy pocos iban a entender el Castillo de la fuerza, y los pilares hipertélicos del lenguaje de oro barroco. La hilaridad del orgasmo musical de la orquesta, los cantos precisos y prefijos de los sijú (cucu)
 o mochuelo de sabana (aves).



Los Cemi, la otra comida (como el júbilo de los cazones cuando rodean un salmón homérico, o el rizado caballito de mar con su dórica sorpresa ante la tenebrosa cuna de las langostas),  la gran comilona, seis capítulos de Paradiso, que le costaron al poeta el corte total del vedado del faisán, ahora que no están esos cumbambones absburgos del siglo 16 y 17, y se lo prohibían por degenerado al poeta que solo vio una chispa con la revolución; un sicólogo le dijo al  comandante, es estoicismo lo que soporta ese habanero.

Venía Lezama muy orquestado de Cervantes en su escritura, como también de Fray Luis de León, con aquel lenguaje judicial de los pueblos. Quevedo y Góngora, ahora parados el uno al otro lado rascándose las huevas.

Y de dónde sacó la mitología judeo cristiana y griega, el Tao, la Italia de Shakespeare, de su grupo homogéneo; de sus 6800 volúmenes de biblioteca. Paradiso iba a ser la venganza de aquellos carepuños que le decían maricón. Desde el más alto rango de totalitarismo stalinista, a espiítas de la KGB. Cómo no comía sino pan con manteca, se deformó (perdió toda su vergüenza). El etrusco de la Habana.

Pudiera su clásica lectura atreverse a hundir de nuevo el continente, las falsedades del espíritu ante la fe, el mal logrado espíritu científico (una risa en vacaciones), ante lo sublime del arte. Las metáforas desnudas en la cubierta a Barlovento, Martí coronando el final del siglo XIX es un santo como Juan Yepes.

El nuevo mundo, nada más erróneo, el rasero más absurdo de que se tenga crédito. Ya en 1502, Lucrecia Borja, lucía los collares de oro junto a su corte de Ferrara, traídos de las Indias (Las indias?) ¿Cómo carajo entenderían esta vaina en los reinos de Castilla y Aragón?

Abundar como dormir no chorrea el sentido del cuadrado, pero sobreabundar es como cuando el durmiente descendido en grabado de ausente y extensión plomiza, se encuentra que la luna ha llegado al fondo del infierno.



La gran novela, epopeyitas y trompeticas al unísono, sobre la isla de Cuba. 400 años después. El neobarroco estructurado. La universidad de Lezama. Existía el Boom de la literatura latinoamericana, pero nadie ubicó esta novela entre las más maravillosas, ni Cien años de soledad le llega a los tobillos, bueno si al contexto paradisíaco, cuando el español de Latinoamérica superaba a la literatura española. Cortázar, Paz, Onetti (desde la cama). Rulfo. Mutis.

*Sugerido.

Fin del discurso.

II

El ensayo no tiene que ser una cátedra sino una catedral sumergida.  Una ligereza órfica, asistiremos a un asalto, a una orden de esculcar toda la casa, en el dintel de la gloria, sentado en el salón de clase, visión multigemela, esperando el cero, que no multiplica, ni divide, a la consagración, al mundo hechizado de los asmáticos y sus congéneres. A Yemaya, san Bartolomé.

III


El dios menor Priapo rústic
o de la fertilidad. Las ilustraciones del capítulo VIII, gracias a Loli Cienfuegos. Quién maneja a estos extra (s) miticos.

IV

Continuando con su lectura, profano es el escita que toma sol como los lagartos, hay que entender cómo la vieja Mela ( y su manteca de majá caliente en el pecho para el asmático José Cemi), de poderosa y sabiondo el barroco clásico para llegar hasta ella y la estulticia, los matriacardos deliciosos de Lezama, y de Rialta y su mitología nórdica. Luego vino el mambo, se lo repetimos a J.L.L.

Los cambios gramaticales de Fray Luis de León a Cervantes, desde el capítulo VIII aquello es otra cosa, jornadas de seducción, de antideterminaciones de tipo sexual. Mientras los jóvenes leían la novela, se creaban los campos de concentración para vagos y homosexuales, un halo de libertad ante esta represión stalinista guevarista. Lezama reía y también tragaba desprecios, Era publicaba la novela, Lezama en contacto con Cortázar y Monsivaís, sus editores. 

En una próxima entrada hablaremos de Cemí (el ver delante) y sus amigos, Foción y Fronesis. El compendio de la Cantidad Hechizada, en Upsalón.




lunes, 9 de abril de 2018

Seminario sobre Lezama Lima, en cortos ensayos. Gabriel del Casal, mi alter ego, con tres pinches de surrealistas al frente, se atreve a ser Lot.




Los poetas cubanos, José Lezama Lima y el padre Gaztelú.




Gabriel del Casal*


Para aquellos deseos de leer todo del cubano Lezama Lima (1910-1976)

Obra de Lezama Lima. Primera Parte.


Muerte de Narciso (poesía) 
Juego de las decapitaciones (cuentos)
Patio morado (cuentos)
Coloquio con Juan Ramón Jiménez
Enemigo Rumor (poesía)
Aventuras Sigilosas (poesía) 
La Fijeza (poesía)
Arístides Fernández (ensayos)
Analecta del Reloj (ensayos)
La expresión americana (ensayos)
Tratados en La Habana (ensayos)
Dador (poesía)
Antología de la poesía cubana
Órbita de Lezama Lima
Paradiso (novela)
Los grandes todos
Posible imagen de Lezama Lima
Esfera imagen. Sierpe de Don Luis de Góngora
Las imágenes posibles (ensayos)
Poesía Completa
La cantidad hechizada (ensayos)
Introducción a los vasos órficos
Las eras imaginarias (ensayos)
Obras completas
Oppiano Licario (novela inconclusa)
Fragmentos a su imán (poesía) 
La Casa de Alibi (poesía)

El Caballo mascando hojas con grillos (Dador).

I

Si usted se lee todos estos libros, tiene casa propia en Cuba. Así que decídase, hay plazo hasta el 2059. Un descansito historiográfico, a un orgullo de nueva generación.
Nuncupatoria de Entrecruzados, un poema largo de Dador, es de lo más electrizante de Lezama. Por ahí dijo alguien que el terror no existe, el terror penetra.

Extracto de Nuncupatoria....

sino surgiendo del oscuro del perdido abismático, del apretado por la oscuridad rezumante.
En la nobleza florentina coincidió lo invisible de la
mutilación y la abismada indolencia.
El ocio tiene la vigilancia de la plegaria que no alcanza el murmullo.
El ocio tiene el pez invisible, pero saltante en las redes de la planicie,
no es un paseo entre las máscaras y las jarras, sino el alborozo de los rostros en la proliferación de la música.
El ocioso ha destruido blandamente el recuerdo de la mutilación y la obligación abismática,
sabe que el destino invadirá su granja con asesinos antiestoicos y normandos.

Dos monedas juntas, en la soberbia de la misma acuñación, mal sagrado
de un rostro que se apoya en lo inútil semejante, pues sus emblemas
pierden el sobresalto de cada matiz para perderse en la indistinción tintineante.
La lejanía de cada moneda crece con el peine de estopa del primer recordado,
y su mareante sucesión se acoge al húmero blanco del febril yerbazal.
El rostro y los emblemas se muestran como la joven corintia entre el bambú y el gorrión,
y cuando una moneda se apoya sobre la otra, se borra como la quemante cera.

Quevedo y Villegas, el verdadero espejo de Quevedo, para una transformación.

Notarán, pero yo no noto nada, más adelante en el poema escribe en Nuncupatoria de Entrecruzados: En el amanecer el Ómnibus traquetea la fea hondura de su vaciedad,
Su emputado silencio redobla como los huevos de la tortuga enterrada en la arena.

Pero me confundo, estamos es en el último poema de Dador (Nuncupatoria de Entrecruzados), y el penúltimo (Recuerdo de lo Semejante). Parecen hermanitos, los dos poemas largos (La semejanza no coincidirá con lo homogéneo).
Mitos y leyendas, solo en ese trópico desmembrado, una erección es motivo de discusión toda la noche, como la yegua mala de la noche.




Impresiona como comienza Recuerdo de lo Semejante: ¿Hay una total pluralidad en la semejanza?
La diversidad multiplica con los siete martillos
terminando por ladear la lámina regada
por la luna con el tegumento de lo indistinto.

Neobarroco, y casi nadie lo dijo, sino lo dijo Severo Sarduy, desde París. Una especie de pincelada que derribe el Loubre, no impedirá la partida de uno, sin ser el otro, eterno yo, en la corriente salvadora de los inframundos orgánicos, el beso negro de Baco, La Samotracia con pedazo de un ángel para ruborizarse con la libertad.

Lo inseleccionado, cobijaba todo, y todo fue grande, como Diógenes Laercio, hay si, sin comparación, el jefe de la empresa Barroca llega en motocicleta, manipulada por el padre Gaztelu... y en motoneta donde no cabe atrás, Virgilio Piñera. Soñar no cuesta nada.




Gajaka, Comas, María Helena y Tola. Foto de Loli Cienfuegos.

Tina Turner, alcanzó a cantar en su tumba griega, con las Migajas Sentenciosas de Quevedo. Dador fue lo mejor de la revolución cubana, lo hemos dicho shempre:

La Boba: Como le pesa más el hombro izquierdo,
está allí, enredado en la reja de sus pies,
el idiota. Vuelve a su abecedario desleído,
agua con hilachas mareosas y cáscaras sedosas.
Este idiota está dañado, se entrega empujando
al revés, a los merengues corporales; babea
sobre el phalus impudicus, babea
sobre los manchones de la retrasada tosferina;
bebes sobre las tumultuosas  enmiendas  de la plana.

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Himno para la luz nuestra, es para leerlo mentalmente en misa, dice Lezama, De la inteligencia de la misa a los placeres de la mesa, el rayo vital no cesa
de engrandecerse con la vista.

No voy al oro final del bosque,
no escucho el trueque de quedejas.
Cierren el conciliábulo del preboste,
encadenen al puerto de Ostia.

Oculten la sortija del pez retornante,
destruyan el filtro que estaña
los extremos. Alejen la guardia
del infante a la casona del este.

Voy en camino envallado, obtáculos, el fantasma propio, acaso medicinas invisibles me hacen catarriar, unos cuantos versos para situarse en el siglo XVI, y estar suspirando por el sumo pontífice, y la mitología griega en Dador es un sistema filósofico. Quevedo y Villegas al dedillo.

Este es el motivo por el cual es difícil llegar a Lezama, hay que tener títulos universitarios, haber, en ves de a ver, leído toda la biblioteca de la casa, y si no tuvo, mameys.

Yo solo tengo el titulo de bachiller, y me ha dado duro entender y comprender sus ensayos, pero me he dado duro a la cabeza, y hay, siempre, hago mis pinitus, y mastico la fécula de creación.

Lezama Conceptista y Culterano, difícil de igualar. Delicia de un futuro incierto.


***
*Heterónimo de Gabriel Jaime Caro (Gajaka)





jueves, 5 de abril de 2018

Pepito en Pensylvania, hace su aparición con estos poemas redomados, pluscuamperfectos. Nació en Corozal, Col.



Pepito en Pensylvania, representando a la Madre Teresa de Calcuta.

II

No hay nada más aborrecible, no saber el volumen I de este poema seductor, comenzando a responderle al interlocutor de bolsillo.


Por Pepito en Pensylvania*

No hay nada imposible, más falsa la voz impostada de un caballo de dientes de tercera, salidos de la mitología griega, no en balde fueron los bárbaros de Occidente. Los de oriente meditaban más, se piensa en el ser y en la muerte (Diario de la galera, Imre Kestész).

Yo pienso en escribirle un poema a un amigo, una y otra vez. Pues mejor déjalos para tu amiga, la voz del inconsciente.

Se desciende por la escalera, así te mueves con el temblor sediento de la tierra, un punto en esta galaxia, y tan atrevidas sus ambiciones, abriendo grietas, que hoy son partes de un cataclismo reservado para la filosofía, con pequeños tomos.

Apuesto dice el profesor, que no ha leído al Colegio de Francia, el alemán para conquistar a una princesa roja. Pero si ha vivido con la imagen de Poe, porqueriza isa pisa.

Y no es que se crea, pero ese genio, ya sabe que lo es, y es Lezamista de tiempo completo. No vive con los miedos de este, y sus atornillados discípulos. Acostumbrados a ver el punto y la Galaxia.

Albures de pisadas romanas o de sus mismos elefantes en Cuba, de una isla que se desprendió, de vacíos y contraltos. 

III

Todo ha sido lírica, de agrupados libros, todo se ha dicho hasta antes de las guerras eternas entre Imperio germano romano y Francia, y ahora mueven las fichas, las prostitutas rusas, los perfectos gay del medio oriente, y con todo y burka, te los tiran a la calle. 

Ya no hay lírica, lo último y sabroso, España e Hispanoamérica. Al que lo entendió, lo entendió. Si señor El Quijote viene del Cervantes de Las mil y una noches. 3 que se salvan del Modernismo, pero no digo sus nombres, ha llegado el olvido.





de verdad el sociólogo de masas, más muerto que vivo. se han robado el sofá y el recuento de las películas, a enfrentar el ser político, sin Aristóteles en la mano, con las fotos que hacen milagro, con Appolinaire luchando en el campo de batalla, nos pueden echar a todos al bulto del que se va en El proceso.

Traigan la mica, por entre tragaluces, en plena secuencia, y córtenle la cola. Ay que descanso, han leído algún decálogo, las firmes posiciones ante los oscuros laberintos, dan al traste con la piedra preciosa en el centro de la tierra.

IV

Memoria: He visto no deja de ser tonto. Qué has visto, qué sientes estremecer el cuerpo, el porno, la decapitación de un pájaro en una jaula, o una jaula esperando un pájaro es el pájaro, si, la opionoma o la marihuanera de Alejandra Pizarnik, para mandárselos a decir?

La impronta de una invasión de los deseos encerrados en Gomorra, el gran chichón en la cabeza. Otra cosa el ejercito persa, dice Lucrecio, que dormían 18 horas, y comían una sola vez.  Mientras tanto comamos ahora frutos orgánicos. El pastel de manzana, apuesto, que no lo comía Platón, ni Plotino (también en Pensylvania).

V

Arte y Política: Ante si mismo, variadas escogencias, remake de otras danzas, el tango por ejemplo, con el ordenador musical, hay o no colesterol, al fin y al cabo es su destino. La eterna lucidez de los sólidos carnívoros.

En segunda instancia con el arte, no hay arte del terror en el cine, es el atractivo de un moderato con moto, la música, el teatro del absurdo lo más correcto. Ya sabemos que no podemos representar a Macbeth, muerte segura. Quién la impostó? Mataba la tiranía, y resplandecían las hechiceras en el camino silocivino.

La lucha, soldados aterrorizados en la guerra, llegado el caso de una orgía para olvidar sus muertos. Y todavía pintamos con emociones, Mark Rothko y sus pinturas místicas.


Mark Rothko.


VI

No me interesa la verdad, sino la inspiración, decía Kertesz. La inspiración vuela, hay que pescarla pero no normatizadamente, talvez apesadumbrada, respire entre las cuatro paredes y un descansito, y tu seas feliz en esa cárcel con libros.

Si te apersonas con símbolos que te hagan feliz, tócalos como se siente el alma, ráyalos como un espíritu impuro; a lo mejor no tienen materialismo concienzudo. Si tu si, sin saberlo, la naturaleza no humana es para ti humanoide, es decir, toda la vida inútil en el fondo. El epitáfio y el centauro.


VII 

La luna desarmada, corruptos los hechos, inenarrables, lo mismo que una estatua de hierro en una carroza antigua. Si no le bajas a la avaricia,  vuelvo e insisto, bajarán tu auto estima y mueres estigmatizado, en muchos casos es por la reina.

He pasado cabizbajo, como se ven los finalistas de la muerte. La suerte si es la ese, convertida en dinero, sencillo constante y sonante.

Háblame encima de la voz, las alas de una Mariposa herida tragada a picos por una paloma. Los piélagos o el viento del desierto. Nada al fin y al cabo, dependemos de las energías renovables.

IX

Tu odio clandestino, la estrechez causante, que a nadie le importa. Allá usted en la caverna luminosa, con los siete sellos en la frente, confrontados a la divina providencia. Déjame ser el iceberg del volcán.

Las mezclas clandestinas
nada extraordinario de poesía
rencas pisadas polvorientas
tampoco dice nada de poesía

Cuántas treguas milenarias
sombras de la noche aplastadas, 
es como si te cayera encima el rey

Hágalo deslizarse, llévelo con los ojos:
quien quita que sea la medium?

X

 Baudelaire tenía razón, a la masa súbdita hay que darles por el culo; y es ahora todo lo contrario. Napoléon pensaba lo mismo. Stalin hubiera llevado a juicio a Lenin por trostskista. Rezartero para latinistas.



Pepito en Pensylvania en las playas de Santo Domingo: Loli Cienfuegos, Gajaka, Samuel Gregoire y Ashwini Bhat. Foto de Forrest Gander. 
Tatatatatata tata, en el plano de los acompañantes, un Zeus despreocupado.

*
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*Pepito en Pensylvania, heterónimo de Gabriel Jaime Caro (Gajaka).


miércoles, 28 de marzo de 2018

La muerte de Stalin, una película para reírnos un poco, y sacar conclusiones radicales.





La muerte de Stalin de Armando Iannucci.

Cómo esta película me llega a petición de los desestalinistas, ya no quedan, al menos unos en la salita de cine. ¿Trajiste chocolatina de naranja? Un nuevo logo para la Internacional Socialista, el humor concluyente.

Gajaka Extrasmitico

Queda evidenciado, El hombre es un lobo para el hombre (Homo Hominis Lupus) (Thomas Hobbes), cómo lo máximo, la historia tiembla, la paradoja del arte, La Heroica de Beethoven.

Filme del escocés Armando Iannucci, que suena a propaganda anticomunista, versión gringa u hollywoodense, británica, y ya verán porqué. Pero amparada en los hechos históricos, no tiene asidero en las cuentas del devenir feliz. La crítica es demoledora como también son los hechos narrados.

Más que una crítica de cine, es una reflexión sin límites, antiamarillista o superindividualista. Una defensa India del rey, una catarsis evolucionista, incluida en la defensa para el ataque de los alfiles pintos. Ya veremos a otras camarillas haciendo su agosto con sus prisioneros, que hoy nos gritan ayuda a nuestras almas tanto. 

Si esto es Revisionismo, apague y vámonos. ¿Y qué es Revisionismo? A los interesados les tengo unos diccionarios del Pecus en casa. Volver mongólicos a los Mongólicos, y nos parece poco.

Estando en la proyección, IFC, los que no comprendíamos bien los chistes en inglés, a falta de un formato en ruso, comprendíamos otra cosa con la imagen, el verde opaco contra el colorido de sus hermosos templos ortodoxos. El desborde de un teatro en escena a modo de conclusión. Es con la música de Schostakovich piano concierto 2, Beethoven, Borodin.  
Stalin y su politburó aman esta música religiosamente, mientras se tortura en las purgas, inverosímil, las mismas del nazismo hitleriano, ah, y una mujer toca el concierto para piano, y con su arte y belleza, hace desmoronar al tirano con una nota justiciera: 
viejo cacreco, ojala te pudras en el infierno, por mi padre y hermano mandados a asesinar por ti. Pedazos de mierda corren por tu boca podrida (versión libre).



Cae Stalin, y no recibe atención médica sino 24 horas después, por culpa del jefe sanguinario de la policía secreta, Beria. Que se encarga de limpiar toda evidencia. La hija de Stalin, Svetlana, confesa y testiga de todo lo que hacía el buró burocrático, luego se exilia en USA en 1967. El hijo, un bobote grande, se parece a Alain Delón. Nos reímos de esta impotencia. Las máscaras de la corrupción y del desastre humano. La dialéctica de secarte el cerebro.

Cómo hacer caramelo de vainilla, pero solo para el dictador, y luego mandarlos a todos a fusilar para que no digan cómo, ni cuándo.
Lo sagrado y lo profano, lo que se come el destino, y con ese infarto, el stalinismo se viene abajo, y sus coprotagonistas bailan una milonga sangrienta, parecería que Nikita Jrushchov, interpretado por el actor de Brooklyn, el bombero, Steve Buscemi (Fargo), fuera el bueno de la película, y los otros un sainete total, sicóticos y corrompidos. Fratricidas. Humoristas cosacos. Jugando a un verdadero truco de un mago, El cine de todas las artes, para Lenin, la más importante. Patético autorretrato.

¿No se por qué no le va a gustar a Enrique Verástegui?, si la vierá, porqué Stalin, escuela o bloques socialistas y Neruda son la espada justiciera, para un latinoamericano. Si la izquierda nació con la revolución de octubre, la otra izquierda es anti revolución de octubre, después de la muerte de Lenín. Los troskistas, seguirán en su lucha permanente, aunque sea con el cambio de sexo. Muñecos para Marte.

Las comedias dramáticas es de lo más clásico en el cine, Fargo (más drama que comedia) entre otras descentralizadoras preguntas en el cine de autor de los Hermanos Coen. O Reservoir Dog. Robert Altman.

El orden del discurso en el teorema de Pitágoras, está resuelto con dos ejemplos, frente a un síndrome de decadencia que nos viene desde el siglo XVII, decía Michael Foucault.

Nadie creería en los años cincuentas, lo que hacía Beria, el agente secreto, el jefe de la policía secreta, la que tortura como la inquisición española. La antirusia. Las 12 tesis del Estado, que nunca ha llegado a ser, la que quería para la Unión Soviética, el fin de la dictadura, de vuelta al infierno de los zaristas, sus antiguos reyes. Si, estoy de acuerdo, no hay nada más horrible que la propaganda anticomunista, que se montó como negocio entre los firmantes de Yalta



El realismo socialista, a ritmo del director de orquesta. Todo este ejemplo de represión y masacre llegó a Cuba con la revolución. No hubo forma de apego emocional para que Cuba entrará a la desestalinización, al contrario el Che admiraba a Stalin y Beria. Había que meterles un palo por el culo a los disidentes homosexuales, y crear campos de concentración con métodos fascistas, y policías secretas, que hoy nos estremecen, La KGB.

Cae Beria, lo matan o lo fusilan, es lo que quiere el espectador insulso, bohemio, y el del shito! Shito! (callen las calenturas). Donde se mataba con gusto, ya que ellos hacían sus armas, impactante, como salen a salvarse los soldados jóvenes cuando se entra a matar. No va a ver una mejor película sobre Stalin, con verlo premeditando, la muerte de Trostky, ha sido suficiente, los Gulag, los campos de concentración que hoy son regalados para que siembren papas, la deshonra del futuro, con los millones de hombres asesinados, incluía la de los judíos, que participaban de algunas protestas. 

El  hambre de las repúblicas soviéticas, la discriminación y el olvido con la Cortina de hierro. Los países del kurdestan, sometidos, vueltos a un pasado de comer ratas para sobrevivir. La locura en los países de la Europa Central. El grito de la madre de las traiciones.


Stalin, Neruda y Alberti.


A manera de conclusión

Basada en la novela gráfica Le Mort de Staline, de Fabien Nury y Thienry Robin. Festival de cine de Toronto, 2017. También actúan, Olga Kurylenko, como la pianista, humor negro petrificado, el disco grabado para Stalin en exclusiva, Glazunov sinfonía #1. Encerrado allí, muerto en vida, el número dos de la Revolución bolchevicé, en su cuarto de palacio, como en un manicomio (edificio) pintado de verde opaco, Realismo Socialista descolorido, y dando las firmas para las purgas, mientras violaba a una niñita en el canapé, se sugiere en la imagen fundamentalista, para la mujer, repugnante.

***
Pasadas las nueve y media de la noche del 5 de marzo de 1953, Stalin, postrado en una especie de coma por una apoplejía en el salón de su dacha favorita, la de Kuntsevo, en los arrabales de Moscú, comenzó a boquear. “Tenía el rostro descolorido, sus rasgos eran irreconocibles. Literalmente se asfixió mientras nosotros estábamos allí mirando. Su agonía fue terrible…En el último momento, abrió los ojos. Fue una mirada espantosa, de locura o de rabia, y estaba llena de miedo a la muerte”De repente, el ritmo de su respiración cambió. Su mano izquierda se levantó. Una enfermera pensó que era como una despedidaParecía que señalaba hacia lo alto o que nos estaba amenazando a todos…Lo más probable es que sólo intentara agarrar el aire en busca de oxígeno. Luego, en el último momento, su espíritu, después de un último esfuerzo, se separó de su cuerpo”.
Así moría el poder supremo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, el tirano  ateo que ungió su autoridad con el principio de legitimidad de los monarcas rusos destronados y con la adhesión fanática del nuevo hombre bolchevique. El Atila que sustentó su poder sobre el sacrificio de millones de inocentes: el zar rojo, como lo llama Simon Sebag Montefiore.
La palabra de Stalin llegó a estar revestida de la infalibilidad de los papas. Montefiore aporta el término ruso: Instantsiya, que se puede traducir por “la más alta instancia”. El historiador británico, experto en temas rusos, describe así la espantada de los jerarcas de la dacha de Kuntsevo, poco después la muerte del Vozhd (“El Líder”): “La Instantsiyahabía abandonado la casa. El coloso había desaparecido, dejando tras de sí tan sólo el bulto inútil de un anciano acostado en un diván en una villa suburbana carente por completo de belleza”.
El libro está escrito todo así, en una virtuosa mezcla de documentación pantagruélica y de prosa cinematográfica, muy plástica. No es una biografía de Stalin al uso, sino una, muy detallada, del último tercio de su vida: desde que se convierte de facto en el dictador del imperio ruso bolchevique. La Instanstiya explicaba todo: era la palabra de Stalin, en nada diferente a la palabra de Dios. De hecho, Stalin, listo como el hambre, aprendió que la transubstanciación podía serle utilísima. No en vano, fue seminarista. Cientos de miles de creyentes bolcheviques aceptaron el martirio porque la decisión venía de arriba. De muy arriba. De la más alta instancia.La narración empieza en torno a 1930, más o menos cuando Stalin terminó con los últimos residuos del trostkismo que podían amenazar su posición dominante en el Politburó. Montefiore maneja estupendamente las imágenes, por eso comienza con la recreación documental del suicidio de Nadia, la última esposa de Stalin. El pistoletazo que la primera dama se dio en el pecho es la metáfora de lo que era inminente: el Gran Terror que se llevó por delante a millones de rusos, bien mediante la aniquilación física o por la deportación, la esclavitud y el ostracismo.
Descrito en el prólogo como un “neurótico mercurial con el temperamento rígido y fogoso de un actor en tensión que se recrea en su propio drama”, un litsedei según Jrushchov, que en ruso significa algo así como poliédrico, Stalin se impuso como heredero de Lenin a toda la vieja guardia que había conquistado el poder en 1917 y la doblegó a su antojo, construyendo un régimen según el patrón ya afirmado por Lenin gracias a que “ningún ser vivo estuvo más capacitado que él para las intrigas conspiratorias, las claves teóricas, el dogmatismo sanguinario y la rigidez inhumana” del partido que había hecho Vladimir Ilich Uliánov a su imagen y semejanza.
Es decir: Stalin, cabe deducir, representó el triunfo absoluto del darwinismo en el singularísimo ecosistema bolchevique, único hasta entonces en la Historia de la Humanidad.
Además de un estudio al pormenor de la naturaleza del tirano, La corte del zar rojo es una pintura extraordinariamente realista de la cotidianidad de la vida en el Kremlin entre 1930 y 1953. Lo que muestra Sebag Montefiore es una corte medieval donde la toma de decisiones se va decantando progresivamente desde el Politburó hacia la mesa del comedor de la dacha de Kuntsevo: en un sistema controlado de forma omnímoda por el jefe, se hacen girar los resortes del poder mediante la proximidad a Stalin.


Biera o Vieria, da lo mismo con be pequeña o con be grande.
Sin embargo, esa cercanía implicaba los mismos riesgos que acercarse a un tigre en plena jungla tropical, puesto que si algo era Stalin, era desconfiado y receloso. Profundamente. Hasta el paroxismo. Estar muy cerca de él durante mucho tiempo a menudo tenía peores consecuencias que exponerse a campo abierto al fuego de ametralladora. Las características de sus purgas lo revelan: no quedó un sólo estamento de la Rusia soviética en pie, ni siquiera su familia política. Imaginativo como un literato o un poeta, no cesó jamás de ver fantasmas por todas partes, hasta el punto en que el Kremlin terminó siendo para él un gigantesco trono de sangre lleno de potenciales enemigos. Hecho de la madera genética de los cazadores de osos solitarios, nómada desde la adolescencia, no podía dormir en una cama y estaba acostumbrado a moverse de una a otra de sus innumerables y muy lujosas residencias dispersas entre Moscú, Crimea, Georgia, Armenia y Abjasia. Sólo sus cuatro hijos, los tres naturales y Artiom, el político, pudieron estar completamente seguros de que la hoz de la Parca no caería sobre ellos. Eso da cuenta perfectamente de la atmósfera delirante que empezó a respirarse en Moscú a partir del asesinato de Kirov y los posteriores juicios a Zinoviev y Kamenev.
“La gente era asesinada no por lo que había hecho, sino por lo que pudiera hacer. Era el carácter potencial de su traición lo que hacía que Stalin siguiera admirando el trabajo o incluso la personalidad de sus víctimas. Este círculo de desconfianza eterna era el hábitat natural del dictador. ¿Creía en la veracidad de todos los casos? Desde luego no de una manera jurídica, aquel político de corazón de piedra creía sólo en la santidad de su propia necesidad política, confundida a veces con la venganza personal”.
Que durante más de veinte años nadie, ningún jerarca relevante, juguetease siquiera con la idea de matar a este amante de la floricultura, experto hortelano y autodidacta feroz, da cuenta de la fascinación que su figura ejercía a su alrededor. El bolchevismo aparece en las páginas de este libro como una religión cuya mística era también medieval, carente por completo de margen para la duda: eso mismo era un indicio peligroso de defección.
Stalin, a ojos de quienes sufrían una persecución sin parangón en los siglos, estaba edificando un mundo nuevo según el testamento del gran patriarca Lenin: no podía equivocarse nunca, y todo lo que apuntase a error, vacilación o malicia por parte del “camarada Stalin” era una maquinación perversa urdida por los enemigos extranjeros de la Rusia soviética.

Stalin con Malenkov.
La muerte, como para Lenin, tenía una utilidad meramente política, pues servía para erradicar las malas hierbas. “De lo que se trataba era de limpiar de espías el país, peligrosamente rodeado de enemigos, con el fin de salvaguardar los grandes logros alcanzados antes de que estallara la guerra. Su familia fue una de tantas bajas. Veía en ella el sacrificio que él mismo había hecho como sumo pontífice del bolchevismo”. La desvinculación total con respecto de los propios sentimientos es otra de las herencias inconfundibles de Lenin: nada por encima del Partido. Ni la propia Humanidad.A pesar de ello, Stalin siempre fue georgiano, sus actos siempre estuvieron impregnados “por la tradición local de dogmatismo religioso, peleas sangrientas y bandolerismo romántico”. Eso no le impidió modular la construcción de la superpotencia soviética en base a un nacionalismo puramente ruso, pues para él, Rusia era “lo que cohesionaba” el gran imperio soviético, que no era más que la extensión histórica del imperio zarista. Aunque condenó toda su vida el “imperialismo” inherente al capitalismo, agradeció que los Romanov no dejaran pasar ninguno de los trescientos años largos que se mantuvieron en el trono de Rusia sin agrandar sus fronteras. Haría girar su política en Europa del Este sobre este potente pivote a partir de 1945.
Como exordio a las purgas internas de 1937, Stalin ensayó el exterminio masivo de los kulaks, una espantosa empresa que ya había emprendido Lenin en 1918. Stalin era consciente del atraso industrial y tecnológico de Rusia, y también del choque universal que se avecinaba. Entre 1930 y 1933 mató de hambre a media Ucrania. Literalmente, “entre cuatro y cinco millones de personas a, como máximo, diez millones, tragedia sin parangón en la Historia de la Humanidad, si exceptuamos el terror de los nazis y el de los maoístas”.
Fue el conocido como Holodomor. Esta masacre tenía por objeto reducir a la servidumbre (de la que habían salido, malamente, en 1860) a cualquier campesino que poseyera aunque fuese una mísera vaca y un pedazo de tierra. Se estableció la categoría del kulak como el más oneroso “enemigo del pueblo”; luego sería sustituida por los trostkistas, después por los saboteadores, más tarde por los alemanes, y al final por los judíos “sionistas pro-americanos”. Stalin siempre tendría a mano un enemigo del pueblo al que achacar los males derivados de la terrorífica compresión de voluntades, talentos y vidas humanas en pos de una modernización a machamartillo que colocase a la URSS al nivel de Estados Unidos, Alemania, Francia y Gran Bretaña.
Los trenes que atravesaban Ucrania cargados de cadáveres que había que enterrar o incinerar a mansalva se transformaron luego en tétricas comitivas de trabajadores, inspectores, administrativos, funcionarios de toda laya, comisarios, ingenieros, escritores, músicos, intelectuales y por supuesto, ministros, guardaespaldas, cocineros, e incluso las nanas de sus propios hijos. Desde la ejecución sumaria de Kamenev y Zinoviev, menos de un día después de ser condenados en un juicio escrito de principio a fin por el propio Stalin en la terraza de su dacha de Sochi como si fuera el guión de una película, la desconfianza disparatada del dictador provocaría una catástrofe humana que estremecería toda Rusia.
Desde el Kremlin hasta los astilleros de la última aldea costera de la URSS, se impusieron unos códigos de supervivencia general que el tiempo fue refinando: el silencio, la adulación, la desconfianza misantrópica y la invisibilidad civil de los ciudadanos fueron las únicas armas que garantizaban unos mínimos de estabilidad vital. Fomentó desde la cúspide un sistema moral que destruyó los lazos íntimos entre los individuos de una manera sólo vista anteriormente durante el Terror jacobino.
Por algo Robespierre fue siempre un referente para Lenin y Stalin: ninguna unidad política, y la familia puede ser considerada como la primera, podía estar por encima del ideal comunista. Se trataba de convertir a las personas en sospechosas entre sí, mediante la infiltración masiva en todos los centros de trabajo de agentes de los diversos cuerpos de seguridad y contrainteligencia, así como de la institucionalización de la denuncia y la delación. Los resultados fueron una debacle humana disparatada.

Stalin, lector empedernido de novelas francesas, aficionado a Zola y a Dostoyevski (aunque se lo tenía prohibido a los rusos por inapropiado) acabó convertido en un Atila absolutamente desquiciado por la guerra, que casi lo fulmina. Es en particular interesante leer el desenvolvimiento de la política en el Kremlin entre 1941 y 1945: lo ridículamente mal preparada que estaba Rusia para afrontar una lucha a muerte contra el otro totalitarismo que, como el suyo, pretendía reescribir el libro de la Humanidad, reseteándolo desde el comienzo.
Físicamente degradado tras la victoria sobre Hitler, era capaz de encantar en la distancia corta a quien, embelesado tras el halagado trato con el jefe, estaba condenado de antemano por él mismo a la más atroz de las muertes.En el libro se arrastran, como los personajes bufonescos de la corte de Pedro el Grande que el mismo Montefiore describe en su libro Los Romanov, personajes secundarios imprescindibles para entender la textura política, moral y emocional del estalinismo: MolotovVoroshilovKaganovichYagodaYezhovBeria, Jruschov y Zhdanev, los próceres a los que como a Macbeth ni siquiera el océano entero podría lavarles las manos de sangre. Cómplices necesarios de la muerte y destrucción de millones de personas, se dedicaron por 20 años a destruirse mutuamente mientras acompañaban al Vozhd en interminables comilones.
Era una banda de alcohólicos, violadores y pedófilos juramentados como templarios en la defensa de una fe que consideraban superior a todo. Naturalmente, infinitamente más valiosa que la vida humana: el bolchevismo, que les exigió para su alimentación, crecimiento y madurez todo lo que llevaban dentro como hombres y animales. Supieron cultivar la vanidad del dictador al tiempo que le sujetaban aterrorizados la corona de emperador, fascinados y cautivos por la autoridad innata que emanaba de su corpachón fornido de caucásico.
Stalin decía que el pueblo ruso no podía vivir sin un zar y él les dio lo que quizá Lenin no habría podido, aprovechándose justamente de la vereda abierta a martillazos por el maquiavelismo epiléptico del patriarca muerto convenientemente a la edad temprana en que pueden nacer los mitos. El holocausto desatado por esta corte de asesinos fanáticos que se arrogaron el derecho, desde el principio, la representación de abstracciones como pueblo o clase trabajadora, exprimiendo hasta más allá del límite su mortalidad, sólo podía sobrevivir justificándose a sí mismo y aposentando su enorme culo enrojecido por la sangre de sus víctimas en cuantas cabezas nucleares fuesen posible producir. Tan inmersos en el colosal vado de sangre, que si no hubieran podido avanzar más, regresar les hubiera resultado tan tedioso como seguir adelante.

*Tomado del blog NEGRATINTA.