jueves 9 de julio de 2009

"Frases Explosivas" de "Fritz" Nietzsche, escogidas por Néstor Naranjo Hincapié.


Alma

"En otros días el alma miraba al cuerpo con desdén, y no existía entonces nada superior a ese desdén: ¡Quería el alma un cuerpo flaco, horrible y consumido de hambre! Pensaba así liberarse de él y de la tierra".
(Así habló Zaratustra)

“Amigo- respondio Zaratustra-, por mi honor, todo eso de que hablas no existe: no hay diablo ni infierno. Tu alma estará muerta más pronto aún que tu cuerpo, no temas ya nada”.
(Así habló Zaratustra)
_______________________________
Animales
"Temo que los animales consideren al hombre como un ser de su especie, que con gran peligro para él ha perdido su buen sentido animal; que le consideren como un animal absurdo, como el animal que ríe y que llora, como el animal nefasto".
("Filosofía General")

lunes 6 de julio de 2009

Homenaje al poeta mejicano JORGE CUESTA, que murió en 1942, suicidado, con apenas 38 años. Amigo de Porfirio Barba Jacob.


Después que mis ojos comprobaron que ya no la veía,
después que mis oídos penetraban en vano el silencio
que sus ruidos abandonaron, sus paseos, sus palabras,
y que la muerte me dió una impresión certera y durable de su vacío,
la lluvia invadió súbitamente con su presencia nueva
mis sentidos desolados
y en mi se apoyó mi vida en sentirla.
Y cuando alguien vino a hablarme de la civilización europea,
en vez de la lluvia, vi los trenes de Europa y sus paisajes a los lados,
los castillo que no hay en América y recordé el castillo de Windsor
y cuando me estiré para verlo hasta que se perdía.
Pero se trataba de la fatiga de la vida,de la pérdida de su frescura religiosa,
de la revolución social y de los hombres que no tienen ninguna fe
y se asoman a los ruidos confusos para discernir una voz,
y ven las nubes informes para sorprender una figura.
¿Y yo qué fe tenía?. Yo hablaba de la fe y eso me hacía vivir
durante ese momento
como tenerla hacía vivir más largamente,
y en los huecos de mi pensamiento y de mis palabras
renacía la lluvia y la puerta que enmarcaba sus hilos
y el tejado enfrente de donde escurrían los chorros más gruesos.
Pero hay todavía huecos
que no se abren ya sobre otra cosa distinta,
que no ven a otra lluvia, ni a más imágenes ni a más recuerdos:
hay huecos que se abren sólo a un vacío silencio
de donde ella partió y donde no crece nada...

viernes 26 de junio de 2009

Texto de presentación del libro "La risa de Demóstenes, rara, II", en la U. De. Medellín.


La poesía de Gabriel Jaime Caro, una aproximación.
Por Carlos Enrique Ortiz


Intentar un acercamiento conceptual a la poesía de Gabriel Jaime Caro no es tarea fácil precisamente porque esta poesía es, en sí misma, una superación de todo horizonte conceptual. De ahí que diversos acercamientos han resultado sumamente limitados y otros intentos han terminado más bien en alejamientos que en una provocación de cercanía.
Así, por ejemplo, no clarifica la esencia de esta poesía el verla como una incitación de la risa, como un elegante ejercicio de buen humor patafísico, porque Caro no es un escritor humorístico que se proponga de antemano y mediante cierta genialidad el hacernos reír, sonreír o divertirnos con sus poemas; la risa no es un resultado ni un rendimiento de su poesía que este poeta se imponga de antemano, no es tampoco un presupuesto y más bien diría que es un hallazgo aleatorio que se da para el buen lector, no por la intención previa de quien escribe sino por la naturaleza de estos poemas tan singulares que diluyen nuestro mundo habitual y conocido y nos abocan a lo asombroso, lo inesperado, lo imposible y lo desconocido, volviéndonos victimas de lo que no sabemos, de forma tal que no nos queda sino la risa como respuesta coherente ante lo desconocido.
Tampoco puede asumirse a Gabriel Jaime Caro como un escritor dadaísta, porque no pretende utilizar la ironía, el azar, la intuición o el irracionalismo para elaborar una obra que se contraponga abiertamente a la cultura y al arte tradicionales de nuestro medio, entre otras cosas porque Caro no se propone nada con su poesía y porque es consciente de que el irracionalismo intencional, aun en el arte, no es más que una trampa que la razón se pone a sí misma y para no caer en ella; una máscara que no enmascara, un artilugio que no engaña ya a nadie.
Por otra parte no se trata de un poeta surrealista, un representante más del fatigoso surrealismo maicero, no lo es porque Caro no pretende ni necesita liberar a la imaginación, al universo onírico o al subconsciente de los condicionamientos que la existencia servil cotidiana les impone, para que aflore entonces una interioridad verbal no discursiva que funcione como un modelo interno estéticamente expresable, al cual el automatismo psíquico, las asociaciones libres, la exaltación sensorial o los estados alterados de consciencia puedan hacer visible y prevalente. No es así porque aunque a Caro le es caro el surrealismo, en él ni l a imaginación, ni el universo onírico, ni la intuición, ni la fantasía ni el subconsciente están sometidos a los condicionamientos cotidianos del hombre común: lo suyo es una condición psíquica especial que no necesita de parafernalia alguna ni del estímulo artificial para desatar lo que no está atado.
Tampoco ocurre que esta poesía se haga comprensible al inscribirla, sin más, en un estilo como el neobarroco, porque no se caracteriza por una teatralidad afectada, ni por extremar una cierta retórica para conmover al lector mediante el exceso de la metonimia, o el abuso de la comparación imposible que hace estallar la metáfora. No hay en Caro una predilección deliberada por lo grandioso, lo aparatoso o por la abundancia decorativa del poema; no se trata de una pirotecnia verbal ni de una búsqueda intencional de la paronomasia, el asíndeton o del cuidado de la forma abigarrada.
Caro no es neobarroco, pese a su propia opinión, porque su escritura está, por esencia, más allá del cultivo de un estilo que como éste es un cuidado de la forma en el abuso de la forma. Por el contrario esta poesía es una superación de la forma, se da como una indeterminación exterior de la materia verbal, es el triunfo del Apeiron de Anaximandro del que todo proviene y al que todo regresa tras pagar la culpa y según la justicia del tiempo. La poesía de Caro es como su propio cuerpo; una negación de la forma, para decirlo parafraseando a André Bretón: no es el pez soluble, es la solubilidad.
¿Cómo acercarnos, entonces, a esta escritura que aparece como un ejercicio pleno de libertad?
Quizá algunos momentos del pensamiento extremo de Georges Bataille puedan ayudarnos en el cometido de conocer lo irreconocible. Partiré de cuatro palabras de este filósofo francés, el más necesario de todo el siglo XX.

PRIMERA PALABRA:
“La poesía es el sacrificio cuyas víctimas son las palabras”
Esta expresión está tomada de La Experiencia Interior, de la Digresión sobre la poesía y Marcel Proust, y se refiere a la comprensión que tiene Bataille, dentro de su Economía General, del hecho poético.
Sacrificar es hacer que algo ingrese o retorne al mundo de lo sagrado y éste es el mundo de lo que tiene valor en sí mismo, el mundo de lo inmediato, de lo inmanente, de lo soberano, esto es, el mundo del ser. Opuesto a lo sagrado está lo profano; el mundo de lo profano es el de las cosas, lo útil, los fines, el interés, la ganancia, el lucro, la dominación, el proyecto, la producción, el consumo, el trabajo. Es el mundo de la naturaleza cosificada en recurso, materia prima, herramienta y alimento y del hombre cosificado en las mil formas de la pérdida de su ser soberano. En pocas palabras es nuestro mundo de hoy, el cual ha devorado completamente al mundo sagrado de antaño en el cual era posible la comunicación del hombre con el hombre y con la naturaleza, en el cual era un hecho la vida ardiente y plena en comunicación con lo divino.
La poesía es sacrificio de las palabras porque restituye el carácter sagrado y ritual del habla y del silencio: El poema es el acto y el lugar donde el habla, la palabra y el silencio dejan de ser cosas, superan cualquier utilidad manifiesta y se revelan como comunicación, plenitud, vida ardiente, inmediatez y soberanía.
Si afirmamos que lo sagrado es el ser y lo que con él comunica, podemos comprender que nuestra voluntad de fijar el ser por la palabra es una voluntad maldita, condenada al fracaso, no sólo porque el ser trasciende plenamente a la palabra, sino porque desde que nuestras palabras son cosas nosotros mismos somos la cosa de nuestras palabras.
Y esto es justamente lo que los poemas de Gabriel Jaime Caro revelan y atacan; poemas que descosifican el lenguaje, que proponen, por contraste, la intimidad recobrada con el silencio animal del que provenimos, poemas que implican la muerte ritual de las palabras. Los poemas de Caro no son, como quería Heidegger, la casa del ser, son el ser desnudo y en el descampado, o lo más próximo al ser sin demora, sin discontinuidad, sin oposición, sin sentido y sin duda.

SEGUNDA PALABRA
“El muchacho del establo puede traer el caballo, la señora de la cocina puede hacer mantequilla, pero la poesía desliza lo imposible: presenta un caballo de mantequilla” (La Experiencia Interior)
La poesía nos presenta lo imposible, lo desconocido, el no saber, nos revela que nosotros mismos hemos devenido imposibles y que somos un enigma sin solución sobre esta tierra. Si saber es siempre fijar el ser y si, como dice Bataille: “El ser es en el mundo tan incierto que puedo proyectarlo donde quiero, fuera de mi-. Fue una especie de hombre torpe que no supo resolver la intriga esencial, quien limitó el ser al yo. En efecto, el ser no está exactamente en ninguna parte y fue un juego percibirlo divino en la cumbre de la pirámide de los seres particulares. El ser es “inaprensible”, no se le “aprehende” nunca más que por error; el error no es tan sólo fácil, en este caso, es la condición del pensamiento” (Lo Sagrado)
Si la condición del pensamiento es el error de persistir en fijar el ser por la palabra, entonces la poesía de Gabriel Jaime Caro es un lúcido momento que expresa la experiencia de lo indecible, la de la no fijación del ser; es una exploración de aquello que los Griegos antiguos llamaron el A-Logos, esto es; de lo que no se puede expresar en palabras, estos poemas son la expresión verbal de la experiencia de lo no verbal. Esta poesía no fija el ser, no lo sitúa en parte alguna, por el contrario lo libera, es en sí misma un acto de desasimiento, de soltura, de liberación. El lenguaje mismo resulta así desintegrado, lo cual fuerza al pensamiento del que lee o escucha a una ruptura de la condición discursiva, a partir de la cual se suscita fácilmente el silencio y el no-saber.

TERCERA PALABRA
“Pero no hay nada bello, nada grande…que no se encuentre por suerte y que no sea raro”
(La Suerte)

La poesía de Caro es en ella misma una suerte escasa, es lo contrario al gran número, al promedio, a la mayoría, a la masa, es la excepción absoluta, lo sui generis mismo, lo otro. Por eso escapa al estado general de ruina y de miseria en que ha caído la literatura colombiana de hoy, convertida en proyecto personal de arribistas , en negocio familiar de tenderos y en farsa de todos aquellos que piensan que es mejor ser poeta a no ser nada.
La poesía de Caro no sólo no se parece más que a sí misma, sino que no busca parecerse a nada de aquí o de allá. Acepta la condición de su ser único y de no poder ser referida a nada. Sin embargo hay que decir que Gabriel Jaime es, en sí mismo y como persona y poeta, totalmente filial de todos los poetas auténticos de la historia de la literatura universal, pues entiende y realiza la condición de poeta como una condición trágica de libertad.

CUARTA PALABRA
“La vida se Juega”
Esta afirmación de Bataille en “El Aprendiz de Brujo”, me sirve ahora para deslizarme fuera de la creación poética de Caro y dirigirme hacia su experiencia vital.
La esencia de un hombre es su existencia, no lo que el piensa o sabe de sí mismo ni las definiciones que algún otro pueda construir, esta verdad existencial nos arroja, a cada uno, ante sí mismo como ante lo ineluctable.
Gabriel Jaime, puedo dar fe de ello pues me ha honrado con su amistad por más de 30 años, no ha condescendido nunca a hacer de su vida un proyecto, un negocio, un plan, una inversión, una farsa o cualquier otra forma de servidumbre visible o invisible. Le he visto vivir con una libertad desmesurada, entregado sólo a su condición de poeta y de artista, haciendo de su vida, como Nietzsche quería, una obra de arte única e inigualable. Nunca se ha dejado chantajear por el miedo al futuro, al presente, al fracaso, a la pobreza, a la vida o a la muerte.
Allí donde la mayoría actúan como castrados por el temor y la prudencia, él disfruta de “La Insoportable Levedad del Ser” y, como nadie, ha vivido sobriamente alucinado y alucinadamente sobrio.
Se ha jugado la vida en la lucidez de ser el que es, y en el mundo de la homogeneidad y la masificación ha sabido ser individual e irrepetible, por eso le sienta bien decir de sí mismo “Parezco un ovni, un ovni, un ovni, y no me importa nada”, por eso quiero terminar este breve homenaje dirigiéndole un verso de Serrat, más que oportuno en este país de odio y de asesinos, un verso que dice: “Que tus contornos te quieran, que te respete la muerte”.
Carlos Enrique Ortiz.

Medellín, V 2009

viernes 19 de junio de 2009

Dos poemas del libro "Respiración de la casa", 2008, del poeta colombiano, Eufrasio Guzmán.


El oriente de tu luz

El oriente de tu luz
en el sabor de tu destino
borojó, tamarindo, ciruela
negra mía, canela, esparto
palabra que dice monte
selva, árbol manando
resinas que para ti enciendo
agua dulce de caña extraigo
la tengo en tu sonrisa
en tu sí, en tu no, quizás mañana.
Nos saludamos despidiéndonos
el arte supremo de la brisa
dicta el curso del encanto
astromelias sobre la mesa
no hay reproche en la espiga
reúne nuestras voces
para un silencio acordado
febril algarabía, mercado
¿Dónde compro un pez de plata?
¿Dónde encuentro un ojo de agua?

@

Viajando en lila

¿Podemos viajar entre colores?
¿Sabrás oír a los sinsontes?
¿Oiremos el mar si está tan lejos?
¿Reconoceremos al peregrino que nos
salva?

Sólo sé que te veré el último día
si no estás, en el último aliento
te hablaré
te despediré
sin abandonar tu carne.

Eufrasio Guzmán

martes 16 de junio de 2009

Este 24 de junio, cumple 98 años Ernesto Sabato.


Palabras de Sabato

Ser original es en cierto modo estar poniendo de manifiesto la mediocridad de los demás.Las modas son legítimas en las cosas menores, como el vestido. En el pensamiento y en el arte son abominables.El mundo nada puede contra un hombre que canta en la miseria.Hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse. A cada hora el poder del mundo se concentra y se globaliza. La masificación ha hecho estragos, ya es difícil encontrar originalidad en las personas y un idéntico proceso se cumple en los pueblos, es la llamada globalización. ¿Qué se puede hacer en ochenta años? Probablemente, empezar a darse cuenta de cómo habría que vivir y cuáles son las tres o cuatro cosas que valen la pena. (Uno y el universo)Habrá siempre un hombre tal que, aunque su casa se derrumbe, estará preocupado por el Universo. Habrá siempre una mujer tal que, aunque el Universo se derrumbe, estará preocupada por su hogar. (Uno y el universo)Se discute si Dalí es auténtico o farsante. Pero, ¿tiene algún sentido decir que alguien se ha pasado la vida haciendo una farsa? ¿Por qué no suponer, al revés, que esa continua farsa es autenticidad? Cualquier expresión es, en definitiva, un género de sinceridad. (Uno y el universo)El presente engendra el pasado. (Uno y el universo)El oficio -en el arte-, consiste en que no se lo advierta. (Uno y el universo)¿O será uno de esos seres solitarios y a la vez temerosos que sólo resisten la soledad con la ayuda de ese gran enemigo de los fantasmas, reales o imaginarios, que es la luz? (Sobre héroes y tumbas)Siempre tuve miedo al futuro, porque en el futuro, entre otras cosas, está la muerte. (Diálogos con Jorge Luis Borges)Cada mañana, miles de personas reanudan la búsqueda inútil y desesperada de un trabajo. Son los excluidos, una categoría nueva que nos habla tanto de la explosión demográfica como de la incapacidad de esta economía para la que lo único que no cuenta es lo humano. (Antes del fin) Todo hace pensar que la Tierra va en camino de transformarse en un desierto superpoblado ... Este paisaje fúnebre y desafortunado es obra de esa clase de gente que se habrá reído de los pobres diablos que desde hace tantos años lo veníamos advirtiendo, aduciendo que eran fábulas típicas de escritores, de poetas fantasiosos. (Antes del fin)Si nos cruzamos de brazos seremos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silenciosa. (La Resistencia).


jueves 11 de junio de 2009

Dos textos de Ernesto Sábato, escritor argentino.




I
Dice Sábato: "Puede parecer un acto de horrible esnobismo que tres crisis fundamentales de mi vida se sucedieran en París, pero efectivamente así fue. La primera se produjo en el invierno de 1935, cuando yo era un muchacho de 24 años. Desee 1930 milité en la Juventud Comunista, cuando la dictadura del general Uriburu. Abandoné estudios, familia y mis comodidades burguesas. Viví con nombre supuesto en La Plata, en cuyos suburbios estaban los dos frigoríficos más grandes del país, donde se explotaba despiadadamente a toda clase de inmigrantes, que vivían amontonados en tugurios de zinc, rodeados de pantanos de aguas podridas. Repartíamos manifiestos, participábamos de la organización de huelgas. Hacia 1933 fue ya secretario de la Juventud Comunista, cuando habían empezado mis dudas sobre el estalinismo, y entonces resolvieron mandarme a las Escuelas Leninistas de Moscú, a purificarme. Si hubiese ido, no habría vuelto jamás vivo. Tenía que pasar previamente por Bruselas, por un congreso contra el fascismo y allí supe con horrendos detalles de los "procesos" de Moscú. Me escapé a París, viví un invierno muy duro en la piecita de un compañero disidente, mientras el partido me buscaba. Logré volver a la Plata, donde proseguí mi carrera en física-metemática. Cuando terminé mi dieron una bourse para trabajar en el laboratorio Curie, donde trabajé durante casi un año y, allí en París, asistí a la ruptura del átomo de uranio, que se disputaban tres laboratorios: ganó la "carrera" un alemán. Pensé que era el comienzo del Apocalipsis. Viví en una confusión horrible, mientras escribía mi primera novela y cometí la infamia de dejar que Matilde se volviera a la Argentina con nuestro primer hijo, de pocos meses, mientras yo tenía una amante rusa. La tercera crisis fue consecuencia de todo esto, y de mi vínculo con los surrealistas: Domínguez, Matta, Wifredo Lam y otros. En otro día de invierno fuimos con Domínguez, a la tarde, al Marché aux Puces y volvimos después en el Metro hasta Montparnasse, donde tenía su estudio Domínguez. En la calle, ya era de noche, en un especie de nevisca, Domínguez se detuvo y me dijo:"¿Qué te parece si esta noche nos suicidamos juntos ?" No era una broma, era muy propenso, como lo probó años después. Yo me negué, aunque también me atraía el suicidio: me salvó mi instinto, y aquí estoy, junto a la Matilde de todos los tiempos, una de esas "mujeres fuertes de la Biblia", que está muriendo, en medio del dolor más profundo de mi vida, en el final de una existencia muy compleja." (Ernesto Sábato, 24 de enero de 1995)
II
Acerca de Witold Gombrowicz
Tampoco creo arriesgado suponer que lo que Gombrowicz llama la Inmadurez no es otra cosa que el espíritu dionisíaco, la potencia oscura, que desde abajo, como fuerza inferior (en el sentido psíquico y hasta teológico del vocablo, no en el sentido ético) presiona y a menudo rompe la máscara, es decir la persona, la Forma que la convivencia y la sociedad nos obliga a adoptar (una y otra vez, porque nos es imposible sobrevivir sino mediante máscaras o formas).Y así como la Inmadurez es la vida (y por lo tanto la adolescencia, el circo, el absurdo, el romanticismo, la desmesura y lo barroco), la Forma es la Madurez, pero también la fosilización, la retórica y en definitiva la muerte; una muerte (curiosa dialéctica de la existencia) que nos es imprescindible para vivir y entendernos. Hasta el punto que el mismo dionisíaco Gombrowicz debe acceder a ello, intentando finalmente expresar su caos y su ambigüedad mediante una obra de arte; que, como toda obra de arte, en última instancia es un orden, una Forma.
Forma que al mismo tiempo que expresa a Gombrowicz, como a todo artista, también lo traiciona e intenta agotarlo; motivo por el cual el poeta o novelista necesita lanzarse a la creación de otra obra, y luego de otra y así ad infinitum; resultando de ese modo que el creador es superior a su obra misma, al menos hasta el momento de su muerte física. …
Hay, en fin, un aspecto en las ideas de Gombrowicz que lo hace particularmente útil para nosotros los argentinos. … Es que nuestro país, como Polonia, forma parte de lo que en su lenguaje podríamos llamar Territorio de la Inmadurez.

miércoles 10 de junio de 2009

Andrés Felipe Henao, nos envia este fragmento sobre Foucault para el churrunguis Tunguis.


Fragmentos de El poder psiquiátrico. Curso en el Collège de France, que distribuye Fondo de Cultura Económica]
Por Michel Foucault

Foucault habla sobre Gaston Bachelard (en francés)

¿Cómo se presenta la instancia del poder disimétrico y no limitado que atraviesa y anima el orden universal del asilo? Aquí tenemos cómo se presenta en el texto de Fodéré, el Traité du délire, que data de 1817: “Un hermoso físico, es decir, un físico noble y varonil, es acaso una de las primeras condiciones para tener éxito en nuestra profesión; es indispensable, sobre todo, frente a los locos, para imponérseles. Cabellos castaños o encanecidos por la edad, ojos vivaces, un continente orgulloso, miembros y pecho demostrativos de fuerza y salud, rasgos destacados, una voz fuerte y expresiva: tales son las formas que, en general, surten un gran efecto sobre individuos que se creen por encima de todos los demás. El espíritu, sin duda, es el regulador del cuerpo; pero no se lo advierte de inmediato y requiere las formas exteriores para arrastrar a la multitud”.Como ven, el personaje mismo va a funcionar desde la primera mirada. Pero en esa primera mirada a partir de la cual se entabla la relación psiquiátrica, el médico es en esencia un cuerpo, más precisamente es un físico, una caracterización determinada, una morfología determinada, bien definida. Y esa presencia física, que actúa como cláusula de disimetría absoluta en el orden regular del asilo, hace que éste no sea, como dirían los psicosociólogos, una institución que funciona de acuerdo con reglas; en realidad, es un campo polarizado por una disimetría esencial del poder, que toma su forma, su figura, su inscripción física en el cuerpo mismo del médico.Pero ese poder del médico, por supuesto, no es el único que se ejerce, pues en el asilo, como en todas partes, el poder no es nunca lo que alguien tiene y tampoco lo que emana de alguien. El poder no pertenece ni a una persona ni, por lo demás, a un grupo; sólo hay poder porque hay dispersión, relevos, redes, apoyos recíprocos, diferencias de potencial, desfases, etcétera. El poder puede empezar a funcionar en ese sistema de diferencias, que será preciso analizar.En consecuencia, alrededor del médico tenemos toda una serie de relevos. En primer lugar, los vigilantes, a quien Fodéré reserva la tarea de informar sobre los enfermos, ser la mirada no armada, no erudita, una especie de canal óptico a través del cual va a funcionar la mirada erudita, es decir, la mirada objetiva del propio psiquiatra. Esa mirada de relevo, a cargo de los vigilantes, también debe recaer sobre los sirvientes, esto es, los poseedores del último eslabón de la autoridad. El vigilante, entonces, es a la vez el amo de los últimos amos y aquel cuyo discurso, la mirada, las observaciones y los informes deben permitir la constitución del saber médico. ¿Quiénes son los vigilantes? ¿Cómo deben ser?“En un vigilante de insensatos es menester buscar una contextura corporal bien proporcionada, músculos llenos de fuerza y vigor, un continente orgulloso e intrépido cuando llegue el caso, una voz cuyo tono, de ser necesario, sea fulminante; además, el vigilante debe ser de una probidad severa, de costumbres puras, de una firmeza compatible con formas suaves y persuasivas (...) y de una docilidad absoluta a las órdenes del médico.” (Fodéré, op. cit.)Para terminar paso por alto unos cuantos relevos, la última etapa está constituida por los sirvientes, que poseen un muy curioso poder. En efecto, el sirviente es el último relevo de esa red, de esa diferencia de potencial que recorre el asilo a partir del poder del médico; es, por lo tanto, el poder de abajo. Pero no está simplemente abajo por ser el último escalón de esa jerarquía; también está abajo porque debe estar debajo del enfermo. No debe ponerse tanto al servicio de los vigilantes que están por encima de él como al servicio de los propios enfermos, y en esa posición de servicio de los enfermos no deben hacer, en realidad, más que el simulacro de dicho servicio. En apariencia obedecen sus órdenes, los asisten en sus necesidades materiales, pero de tal manera que, por una parte, el comportamiento de los enfermos pueda ser observado desde atrás, desde abajo, en el nivel de las órdenes que pueden dar, en vez de ser mirados desde arriba, como lo hacen los vigilantes y los médicos.