miércoles, 18 de enero de 2017

El capítulo final, de Hilario Aquiles Luna, es lo único que no está en la Biblia, según usted.



El capítulo final de la no inocencia; tuvo o no tuvo infancia oficial.

Andrés Bello, manicurista. Hilario Aquiles, fogonero (El poema perfecto, casi perfecto no existe, de Hilario, que nació en la provincia argentina de Entre Rios, en 1970). Pelea entre la realidad y el heterónimito. Hilario Aquiles no gastó su vida detrás de una cámara, sino delante de ella. Se mantuvo Colorado todo el tiempo.

El Capítulo final, donde mueren, se encogen como una g, contrafuertes difíciles, cadaverismo, out out, 80 bancos a la redonda en un distrito de Bucarest. Mira, no he podido ser puta.

Con decirte nada mejora, son los años mellizos, más allá del descubrimiento y sus desafíos.

Ku ku, mira le gusta el canto en la escena, aunque no se diga un tis tis siquiera, la forma los enloquece. No puede considerar sus propósitos, eso no es poesía. Al horror, le sale un nuevo Magallanes. Vinos calientes, la jodedera, si te cagas en todo, o no te cagas en nada.

Desde ese 2012, el capítulo final, lleva unas cumbres como fin del resto que se mueven. Hágame el favorcito de una vez. Un tigre en la pared, lo veo desde aquí. Me como las uñas de mi sirenita.

Final, solo una, la de la novena sinfonía de Beethoven, hola, ha vuelto más sordo, y nada que le complace el sistemita, por el gusto de ciertos números, el 12, si el abuelo inca no lo conoció.

Yo empiezo la entrevista contradiciendo al mismo Cortázar, sin uñas, toda mi obra es plana, solo Dizzy la recompone. Si hay un cielo, a donde vaya el fagot, ye yea.

Un capitulo final que lo abarque todo, al final sale perdiendo, lo que dijiste con grandes convicciones, la aplopejía desenrollada. Mejor haber dicho, yo hablé con Godard, y solo 5, no seis, tragándose ese mismo seis, le concede un punto al Dios Quetzalcoald: se le metían por la boca drogadas unas, convencidas otras.



Chabrol, por Lois Siegel, 1977.


El capitulo final, no viene por ahí, es más astrología paupérrima, ronca, corre corre que te cogen, a la larga, se las comía, las uñas con el traje de novio. Sentado en la escalinatas, o en eso, no concuerdo mucho, en el infierno, el que sigue siendo de la química.

Reboloteo, se le aparecieron los papagallos, y este mundo es feliz.




Dick Bogarde y R.W.Fassbinder en Despair.

Antes de quedar paralizado, mi profesora de danza, ha escapado del comunismo, sin nada que ver, que se han apropiado del arte de la música, precisamente cuando la inconclusa aparece en La Edad de Oro de Buñuel, y Shostakovisch, suma a la masa la falta de fondos para el concierto.




Cecil, Cecil, el alma cansada renuente a clavos de olor. Troquele con centavos de plata. Y Hay muchos más bancos en Bucarest, creo que 1300. Así, yo puto, y tu puta, volvemos a nuestra canalla soledad. Runas, tírese de cabezas, la espuma del Ártico, no es la de los ríos del distrito, y se hizo la metáfora, con un guiño percal, hacia lo inusual, morir perfecto.



sábado, 17 de diciembre de 2016

Gerardo Deniz, que con su Prosa reunida, De marras, nos tiró al claustro. El castillo de la fuerza. Si es grande Mesoamérica.

                       
Gustavo Rojas

Un fragmento, un acoso con sus poemas y una mano que te corta la respiración. Este y todos los fragmentos de la poesía de Gerardo Deniz. El muy alquimista se preparaba su buena dosis de hermetismo con cinabrio, y barba blanca para no usar bufanda de bosalino, la canabis castillesta, moderada casi siempre por lo contrario de un barbero y una Josefina.

Uno entreva bahti y kris, polvazo a la protlanca, llevo azogue, la perdición de todos los científicos cocineros.

Gabriel del Casal


***

   “ Al declinar el día
ingresa en nuestro zaguán la cefálica cesta del pan dulce, asimismo,
y con múltiples parangones, remontaré la escalera brujesca,
        chorreando ahora
exquisitas lucibabas amarillento-zanahoria.
                                                                         ¡Tesis!
Salvo por cierta dicotomía alimentaria pronto incoada (muy deseable,
          empero),
mi vivir es característico de una deidad de Mesoamérica,
de esas apendejadas de gustos y cacao,
ni - menos – he presenciado todavía cómo los profesores
-Haro, Bracho, Aguiñaga el sinarquista-
pasan ruidosamente páginas de los códices.”

Fragmento de “Verano del 42”, extractado de Erdera, su antología reunida de poesía Fondo de Cultura Económica, México, 2005.
.
((((((((((Premio Fragmento del churrunguis Tunguis a un Poema largo.))))))))





El poeta Gerardo Deniz, un anciano venerable, le dicen el camaján, que un día de estos nos dijo adiós después de sortear una profecía. Con sus 80 años, y el otro muriéndose de la risa, la de cambio de religión o bata.


Entrevista.

Gerardo Deniz: El monstruo de la alquimia lingüística.

Por Omar Alcántara Islas

(Fragmentos)



–¿Y a los 20 años ya leía en otras lenguas? 
–Yo a los dos años de haber nacido en España, estaba en Ginebra, Suiza; ahí estuve seis, cinco años, algo así… Y ahí fui a la escuela y aprendí el francés. Después ya vinimos a México y dejé olvidado el francés, pero luego lo rescaté. Ahora lo leo con soltura, aunque hablarlo ya no. Hace 66 años que no hablo francés. Y aquí en México, en un trabajo aburridísimo empecé a aprender a leer inglés. Como me di cuenta que eran necesarios para cualquier estudio científico el francés, el inglés y el alemán, pues insistí con el inglés, hasta [saberlo] como ahora: poder leerlo con soltura y no dar ni los buenos días hablado, porque nunca aprendí cómo se pronuncia. Del francés se me olvidó la pronunciación, pero la del inglés no la supe nunca. 

Unos años después estudié un año de alemán con una profesora. Fue la última vez que me enseñaron algo, porque ya llevaba mucho tiempo que todo lo que aprendía, lo aprendía yo por mi cuenta. Ella, naturalmente, se empeñaba en que yo le contestara en alemán, pero como no era para nada mi propósito, yo la escuchaba… A ella la entendía muy bien, a los demás alemanes no, pero a ella sí. Y cuando esperaba que le contestara algo, yo le decía “ Ja, jawohl” [“Sí, a la orden”] y todos contentos. Tomé así un año y ya pude leer mi química y mi biología y demás en alemán. 

Después de eso, en el 73, descubrí un autor francés, Georges Demeuzil, que se ocupa de mitología comparada y de lingüística caucásica y tal cual; y entonces se me prendió el foco lingüístico y así me puse a aprender sueco y danés, que se parecen mucho. Y yo solito también estudié ruso, pero era casi imposible obtener material en ruso que fuera de mi interés, porque yo quería unos libros sobre los pueblos de Siberia, y de Moscú me mandaban los discursos que pronunció Stalin en 1950. Entonces dejé al ruso irse pudriendo; ahora ya está podridísimo. 

Llegué a aprender bastante polaco porque tuve una temporada un amigo polaco, y como se parece mucho al ruso… Ahí se dio el caso chistoso de que, en una ocasión, entre mis papeles revueltos, encontré una fichita que tenía una preciosa frase en polaco, de la cual entendía yo tres palabras. “¿De dónde salió esto?”, me dije; entonces me acordé, la había escrito yo, pero ya se me había olvidado… [ ríe] Entonces me lancé a todo lo habido y por haber, sin pretensiones de agotar el asunto. Todavía me dura esa otra crisis, la lingüística. La paso muy a gusto leyendo una gramática albanesa o tibetana, o georgiana o tarasca, sin pretensiones de leerlo todo, ni de estudiar vocabulario, para nada, ¿para qué? Desde entonces me he divertido con el chino y el tibetano, o el indonesio y el sánscrito… Llegué a aprender bastante bien, leído, claro, el turco. Porque fue al principio como el sueco y el ruso: llevaba mucho impulso y pensaba que iba a conseguir algo… A conseguir algo de qué leer y qué estudiar. Pero cuando no fue así, estudié todos los idiomas del mundo, a medias, y sin pretensiones de nada.

–¿Cuál cree que haya sido la lengua en la que haya abrevado más? 
–Lo que más he leído en la vida, que a estas alturas ya debe ser tanto como el español, es el inglés, seguido rápidamente del francés. El alemán no me gusta nada. Lo aprendí sin mucha pretensión, porque la literatura alemana, con rarísimas excepciones –entiéndase algo de Goethe y Rilke– no es una cosa que me importe. Así que desde el momento en que pude empezar a leer mis revistas de química, ya lo dejé bastante. Después me ensanché leyendo distintas cosas de lingüística. Si me preguntas donde aprendí el poco esquimal que sé, pues fue en un libro alemán.

–¿Le importa que sean pocos sus lectores, a partir de la complejidad de sus versos? 
–Ah, no. Ya sólo me falta plantearme semejantes problemas. Escribo lo que me sale, y en fin.

–¿No le inquieta que a partir de su poesía se elabore todo un culto a su persona, ya no tanto a sus textos…? 
–Mientras no me molesten, que hagan lo que quieran [ríe]. Que hagan si quieren autos de fe con mis libros, o que hagan actos maravillosos de admiración, ni me viene ni me va.

–¿Quién es Gerardo Deniz, más allá de la poesía? 
–Un fracasado, que por estar en México no pudo dedicarse debidamente a lo que realmente le interesaba, que es la química y la biología. Y que se botó la puntada de ponerse un seudónimo, sobre todo para que diversas personas no se enteraran de que andaba haciendo esas cosas vergonzosas, de poemas y demás… Cosa que me fue útil: durante largos años sí me protegió bastante el no haber usado mi verdadero nombre. Nunca es que me propusiera cosas complicadísimas, sino sólo eso, evitar los comentarios de algunas personas que les iba a parecer raro, feo; o peor todavía, que me iban a pedir que les recitase algo, se iban a llevar el susto de sus vidas [Risas]. Deniz quiere decir “mar” en turco.

–¿Así que hubiera preferido ser un científico? 
– Yo sí, es en mí más auténtico. Lo malo es que no consigo creer en la reencarnación; si no, me quedaría algún consuelo. A pesar de ese hecho, deplorable, de que los que reencarnan no se acuerdan de su encarnación previa, hasta que se llega a la penúltima. Entonces sí: ve uno toda su estupidez como en una pantalla... pero es muy difícil la reencarnación. 

–Sobre la reencarnación, recordé un poema en Mansalva, en donde usted recurre al cuadro El juramento del juego de pelota, de Jacques-Louis David y dice que en una encarnación previa fue el hombre que está sentado a la orilla del cuadro, ajeno al regocijo de la Revolución Francesa…
–Yo salgo sentadito [en primer plano, a mano derecha], así mirando [ejemplifica la postura], diciendo: “¿Ahora que se traen?” No sabían lo que venía luego… [Deniz ríe. Quien mire este cuadro comprenderá un poco más el desinterés de Deniz hacia los excesos, y algo más: su sarcasmo].

***



David Huerta y Gerardo Deniz. México.


Tres poemas de Gerardo Deniz*

S’agapóo

Te me mueres de seria, cual chiquilla,
estoy convicto, amor, estoy confeso
de que, evitando algún desleal beso,
te acaricié el cariz de una orejilla,

donde una chispa de oro en seda brilla;
mas desde aquel dulcísimo suceso,
la aurícula, de escrúpulo y de peso
rojea y se enfurruña, la muy pilla.

Flor: di a Miguel Hernández que he olvidado
sus tercetos, con íntimo decoro
(supones) y te apartas de mi lado

a sestear en la Mezquita Azul
de Estambul, mientras yo mi culpa ignoro
—ay, corola del Cruzeiro do Sul.

Qué importa cómo seas si eres tú.

Palinodia del rojo

No cantes ésa, rojo, porque ya no se estila.
Sólo algunas pazguatas piden perdón por ti,
pero la mayoría te reciben serenas
y hacen bien. Saben oscuramente
que, si bien a unas cuantas das algún dolor,
en desquite haces a muchas más ardientes [confidencia de dos]
y pones una fascinadora inflexión
en los deleitosos alientos femeninos.
Jáctate mejor, rojo, de que fue el doppleriano
batocrómico corrimiento de las líneas espectrales
en conjunto hacia ti
lo primero que reveló la expansión del universo
(lo cual no es una cuestión de poca monta).
Piensa también, oh rojo, que si en ruso tu nombre
se funde con lo bello
(lo cual no es, por supuesto, lo que cree gente babosa)
es por algo —dímelo a mí, que vehemente acuso todavía
a la que siempre de rojo iba vestida
y cuyos ojos, oscuros teobromos deseados,
aún llevo en mis entrañas dibujados.
Para no ser prolijos, en fin, oh rojo contempla a tu poeta
confiando en que lo ayudes en su triangulación
de la topografía divinal de un blanquísimo Chaco,
ruega por nosotros los rojos y los verdes,
así como por algún Rangoni malhadado.


El perfecto agonoteta

Cuando la vanguardia de los corredores asomó en la distancia,
un inmenso clamor se alzó de la multitud
y creció aun más al ver cómo la Marratoncita iba alcanzando el primer lugar,
hasta cruzar, veloz pero serena,
la línea anaranjada de la meta.
Marratoncita giró 180º y anunció, sosegada —Victoria.

El viejo adivino etrusco
            se acercó a ella:
—Entre los varones que viven en el orbe,
escasamente una docena te merecemos. Por desgracia, todos
rebasamos los setenta, y hay que aguantarse.
Que te acompañe pues este agonoteta cántabro favorecido. [A éste:]
Conduce a Marratoncita al penthouse del templo, sudorosa pero sensata,
extiéndela a gusto y acéitale con la lengua todas sus divinas bisagras,
levántala entonces y sométela, horizontal, a la ducha fría;
cuando el coxis deje de saberle a sal,
hazla rodar sobre un gran secante verde, sin solución de continuidad
y échatela al plato.
     Deja a los persas alzar torres al silencio.


*Tomado del blog, Luvina foros.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Alfred Jarry, el creador de la Patafísica, de la que el mismo dijo, se hablará más claro en 100 años: ensayos y poemas.


Vaya seguro a su doctorado

Por Gajaka Extramitico unido al pie del ángel supremo.


Una vez adquirida la Doctora Patafísica, ves a los hijos de Blade Runner, ya tienen piernas humanas, de primera y segunda categorías. Juro por mi madre que aborté en Castellón de la Plana, condenados a las Azores, eso si recuerdo placentero.
Y cuando vengan esos poemas, Genitor por la imagen. Tu te cagas en tu madre, y yo en la mia.

Gajaka de Natalia Lange

Un concepto dos, despotricando, no te metas con el verbo. Así la Patafísica sea noticia en los globos aerostáticos, que es lo mismo que extraterrestre. Viajas hacia el sur sin visagra, ni sicopete embrión, a las ñatas experimentales, lo mismo que lista de futbool, y de vegetales. Los pacifistas enemigos de la iglesia, vulga y talmud, Bulgata Bulgaria.

Hermenejildo Segrera

Y si te mueres, después de dejar el jardín florido, te llevas tus propios testimonios al parecer testamentos, todos poéticos como los de Mandarin Carroll.
No faltará la imagen desnuda de la desazón, la de un río entero. El dos por tres de la diosa de Taliecin.
No olvides las actrices que hace un año amabas, por las otras en cartelera. Ah, yo soy así, me fascinan los dos reynaldos de la foto con Lezama.

La goma hernández es poco para tanta locura especulativa. No le pegue a la gorda, versión, va para todos en Pinar del Río, y La Habana vieja. Que sepan cocinar y ahí está.

Irma, la dientona alemana. (Nos sedujo a Deniz y a mi).

Tenía el misterio de las catedrales de Fulcanelli, se ha dicho un millón de veces. Celebremos tu oro de novio. La luz infame no absuelta, en la estructura. La pirámide del cuaternario, jiji me soplaron. Lo que veía al otro lado daba cuenta la muerte.

Mandarín Carroll




Alfred Jarry, el padre de la Patafísica, solito con las estrellas.*.



Pocas personas pueden arrogarse el hecho de haber inventado una ciencia. Alfred Jarry es una de ellas, ya que el escritor francés es el padre de la patafísica: la ciencia que estudia las “soluciones imaginarias y las leyes que regulan las excepciones”.

La patafísica, en realidad, es una pseudociencia creada en el marco de la ironía y el absurdo que manejaba este autor nacido el 8 de septiembre de 1873 en la localidad de Laval, a unos 300 kilómetros de París.
Jarry creció en Saint-Brieuc y en Rennes, donde cursó su educación secundaria. Luego, en París, aprendió Literatura en La Sorbona, pero sin llegar a completar su licenciatura. De todos modos, con sus primeros trabajos literarios pudo alcanzar un gran reconocimiento.
El éxito de sus libros y la herencia que le dejó su padre al morir permitieron a Jarry llevar, en un principio, una vida sin preocupaciones materiales. En su juventud colaboró con diversos medios, co-dirigió una revista de arte y hasta fundó su propia publicación, aunque apenas duró un par de números.
En 1894, en la vivienda de un matrimonio amigo, Jarry presentó por primera vez “Ubú rey”. Gracias a esta obra teatral, el autor suele ser señalado como pionero del dadaísmo y del surrealismo.


Cuentan los historiadores que, a partir de entonces, Jarrycomenzó a comportarse como el personaje principal de su obra, adoptando comportamientos extravagantes y privilegiando el placer y los excesos por sobre todas las cosas.
Antes de cumplir 30 años, Jarry se quedó sin herencia por sus gastos desmedidos. Así terminó instalándose en un pequeño departamento parisino y viviendo en casas de sus amigos.

El 1 de noviembre de 1907, una tuberculosis que se agravó por su abuso del alcohol y las drogas, lo llevó a la muerte. Tenía apenas 34 años y era admirado por Pablo Picasso, Guillaume Apollinaire y Max Jacob, entre otras personalidades.

En 1911, cuatro años después de la muerte de Alfred Jarry, una novela póstuma incrementó aún más su popularidad: “Gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico”, donde sentó las bases de la mencionada pseudociencia.

,*:Tomado de Poemas del alma.



Poema de Alfred Jarry, de El amor en visitas.


Trois grenouilles passèrent le gué,
Ma mie Olaine,
Avec des aiguilles et un dé,
Du fil de laine.

C'est pour la robe du roi,
Ma mie Olaine,
Qu'elles feront avec le doigt
Et de la laine.

Voici qu'arrive le bourreau,
Ma mie Olaine,
Apportant un grand sarrau
De grosse laine.

— Coupez, cousez l'habit d'elbeuf,
Ma mie Olaine.
C'est plein de sang, mais c'est tout neuf
Et c'est en laine !

— Nous ne toucherons point au sang,
Ma mie Olaine,
Aimerions mieux pourrir dedans
Avec la laine !

Le roi n'est plus, le roi est mort,
Ma mie Olaine,
Et nous partagerons son sort :
Cassez la laine

“”
Tres ranas pasaron el vado,
    Mi querida Oliana,
  Con agujas y un dado,
    Con hilo de lana.

  Es para la túnica del rey, 
    Mi querida Oliana,
  Que ellas harán con el dedo
    Y con la lana.
  
  Aquí llega el verdugo,
    Mi querida Oliana,
  Trayendo un gran blusón
    De gruesa lana.
  
  —Corten, cosan la tela de Elbeuf,
    Mi querida Oliana.
  ¡Está llena de sangre, pero es flamante
    Y está hecha de lana!
  
  —¡No tocaremos la sangre,
    Mi querida Oliana,
  Más querríamos pudrirnos por dentro
    Como la lana!

  Ya no hay más rey, el rey ha muerto,
    Mi querida Oliana,
  Y nosotros compartiremos su suerte:
    ¡Corten la lana!

((()))



Ubú Rey, o los monstruos de cada día.

Por Belgoña Barrena, El País.

El estreno oficial de Ubu Roi en el parisino Théâtre de L’Oeuvre en 1896 fue todo un escándalo ya desde la primera palabra del texto, “Merdre” -enfatizada así, con una “r” intercalada-, por su atrevido lenguaje, el comportamiento transgresor e irreverente de sus protagonistas, Père Ubu y Mère Ubu -remedos satíricos de los shakesperianos Macbeth y su esposa- y los medios con que estos consiguen hacerse con la corona de Polonia. La pieza del joven e irreverente Alfred Jarry convirtió a Ubú en símbolo de la violencia y del abuso de poder, y supuso un antes y un después para una tradición teatral que a partir de ese momento viraría hacia el surrealismo y el absurdo. Los postulados más convencionales del teatro burgués, dominado por el simbolismo, se fueron a la ídem con su alucinada predicción de la devastación que el nuevo siglo XX iba a acarrear y que tan bien condensaba esa expresión soez del principio. La resonancia de esa “r” intercalada ha hecho que su onda expansiva llegue hasta nuestros días gracias a lo bien (¡) que los políticos han ido cumpliendo a lo largo de los años con esa visión de lo que iba a ser el nuestro mundo.
 En cuanto toma el trono, Ubú sube los impuestos, despoja y mata a nobles y magistrados, castiga a los comerciantes y hace de todo con el propósito de enriquecerse; al final, huye buscando otras oportunidades de dinero y poder. Muchos han visto, tras la cosa grotesca y el esperpento, un parecido más que casual con la realidad política de cada momento. En 2002, el premio Nobel Dario Fo y Franca Rame adaptaron la pieza de Jarry en un monólogo cuyo protagonista estaba inspirado en Silvio Berlusconi y sus escándalos; el título, Ubu bas, hacía referencia a la altura física y política del entonces presidente del consejo de ministros italiano. Ese mismo año, Àlex Rigola trasladaba la brutalidad, la crítica sobre el poder y la provocación que encierra la obra en un montaje deliberadamente salvaje por procaz que pudo verse en el Teatro de La Abadía de Madrid; buscó un equivalente actualizado al merdre original, añadió algún fragmento de Macbeth, tomó elementos de dictadores como Hitler o Franco e incluyó en su dramaturgia a Bush, Aznar y al Papa de Roma. Sin embargo, en nuestro país, quienes más veces han puesto el dedo en la llaga han sido Els Joglars de Albert Boadella, siempre a favor de la función higiénica de las parodias y las sátiras basadas en el poder real. Tanto Operación Ubú, montaje estrenado en el Teatre Lliure en 1981, como Ubú President, versión ampliada de 1995, tenían como gran protagonista al ex presidente de la Generalitat de Catalunya, Jordi Pujol. Según el programa de mano de la segunda, la primera “fue recibida como un fenómeno excepcional dentro del moderado panorama teatral de aquellos tiempos. Los ingredientes de sátira política directa, así como el sarcasmo impecable sobre las megalomanías de nuestros dirigentes, encendieron las opiniones adversas de quienes creían que la joven democracia y el floreciente nacionalismo no debían ser materia de farsa".
Con estos antecedentes, el Ubu roi de los Cheek by Jowl, la compañía de Declan Donnellan y el escenógrafo Nick Ormerod, puede parecernos un picnic. O mejor dicho, una cena con amigos, pues este es el punto de partida del montaje que llega hoy (y hasta el domingo) al María Guerrero dentro del ciclo Una mirada al mundo del Centro Dramático Nacional tras estrenarse en La Haya en enero y pasar, entre otras plazas europeas, por el veneciano Teatro della Fenice en agosto, programado precisamente por Àlex Rigola, director de la Bienal de Teatro.
Donnellan parece desafiar la tendencia provocativa situando la trama de Jarry en un elegante salón de un piso parisino burgués y actual, recreado por Ormerod en color blanco, revistiéndola con la sobria sofisticación propia del contexto y decantándose por el anonimato de los monstruos protagonistas. Sin señalar a nadie, su Ubú se convierte en una delirante lucha generacional. Un matrimonio recibe en casa a unos amigos mientras el hijo adolescente de aquel se dedica a grabar la velada con una cámara de video, siguiendo los movimientos de sus padres ya desde los preparativos. Y será en su mente donde este grupo de burgueses perderá su discreto encanto para luchar por la corona del rey Wenceslao. La cena y la obra de Jarry se van intercalando con absoluta fluidez gracias al trabajo de los intérpretes, actores franceses con los que Donnellan ya había trabajado. ¿Dónde queda, a todo esto, su crítica? Pues más cerca de lo que parece, justo bajo las buenas maneras y modales. El Padre Ubú es el padre anfitrión que prepara los cocteles del aperitivo y saluda cordialmente a sus invitados al llegar. Es un amigo que comenta sus planes a aquellos en los que confía, induciéndoles al complot. Y será la tensión que genera la mirada del hijo, un poco al estilo de Haneke en Funny Games, la que nos pondrá sobre aviso y la que no permitirá que los monstruos salgan impunes.