lunes, 3 de junio de 2013

Rainer Werner Fassbinder, la Edad de oro del Cine Joven alemán, estaba a la vuelta de la esquina.

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Dos aniversarios, en una semana larga para el cineasta alemán, Rainer Werner Fassbinder, su nacimiento, 31 de mayo, y su muerte, 10 de junio.


"Petra Vont Kant" y sus imitadoras. Solo un pedacito, pero que bien en alemán. Un mísero jueguito es suficiente para sobrevivirte.



Un mito fresco, cómo iba a vivir la Una sin El otro, por ahí desparramada gritando consignas antiimperialistas, y enseñando marxismo en Chiapas. Si me perdonaron el ser nacida en Polonia. Ahora sin él estoy en un campo de concentración.



Fassbinder, 1980. Notece la respiración de un enfermo de enfisema, a los 34 años, respondiendo politicamente sobre su filme de 14 horas "Berlin Alezanderplats".


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Confieso que he vivido muerto de la risa sin notarse. Segunda parte de "Confieso que he vivido". I sorry.

Gajaka extramitico, el enlagunado

Mientras veo las retro y las precisas de Fassbinder, el otro lee a Rilke, y elaboro mi tesis política acerca del fascismo alemán en sus películas, con la mirada barroca de un mongol flechado, de fechas, épocas calvas, enredos con el pensamiento positivista, todo lo engaña, y por la Gran peluca.
Todo esto, hijito querido, genera dudas en el emperador japonés.
Por ahí sale airoso el Che Guevara en un negro, que era lo que no han querido las revoluciones stalinistas.
Conrad Adenuer se declara judío en 1948. Armin Meier sueña a los 14 años, como los sueños cinematográficos de Pasolini,  que está casado con Fassbinder en Nueva York.

***
EPIGRAMA DE SAFO

II
Yace aquí la ceniza recogida
de Timaz infeliz, que al negro y feo
tálamo de Persséfone admitida
se vio, antes de cumplir el himeneo.
Sus mejores amigas se han raído
del todo la brillante cabellera,
movidas de su suerte lastimera.
¨*¨
fass

Fassbinder en "LA LEY DEL MÁS FUERTE" ("Fox y sus amigos", título en español), 1974. El mejor filme sobre temática homosexual, que se haya producido en el cine Joven Alemán, y quizás en la historia del cine, por su alto contenido político.

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domingo, 5 de mayo de 2013

La esperanza del lieder o el coro polaco en ultramar. Para Álvaro Mutis, también podría ser para Gombrowicz



Este es el horripilante Felipe II

La horripilante Princesa Micaela

Un poema que yo "odio" (claro que decir odiar no tanto como detestar a Felipe II, a quien Mutis adoraba, el mismo que ignoró a los grandes poetas españoles del siglo 16), de Álvaro Mutis, por mi obra-poética-musical: "Juana I, la enlagunada"; enviado por Noel Jardines, poeta cubano.

En una calle de Córdoba

En una calle de Córdoba, una calle como tantas, con sus tiendas de postales y artículos para turistas, una heladería y dos bares con mesas en la acera y en el interior chillones carteles de toros, una calle con sus hondos zaguanes que desembocan en floridos jardines con su fuente de azulejos y sus jaulas de pájaros que callan abrumados por el bochorno de la siesta, uno que otro portón con su escudo de piedra y los borrosos signos de una abolida grandeza; en una calle de Córdoba cuyo nombre no recuerdo o quizá nunca supe, a lentos sorbos tomo una copa de jerez en la precaria sombra de la vereda.

Aquí y no en otra parte, mientras Carmen escoge en una tienda vecina las hermosas chilabas que regresan después de cinco siglos para perpetuar la fresca delicia de la medina en los tiempos de Al Andalus, en esta calle de Córdoba, tan parecida a tantas de Cartagena de Indias, de Antigua, de Santo Domingo o de la derruida Santa María del Darién, aquí y no en otro lugar me esperaba la imposible, la ebria certeza de estar en España.

En España, a donde tantas veces he venido a buscar este instante, esta devastadora epifanía, sucede el milagro y me interno lentamente en la felicidad sin término de aromas, recuerdos, batallas, lamentos, pasiones sin salida, por todos esos rostros, voces, airados reclamos, tiernos, dolientes ensalmos; no sé cómo decirlo, es tan difícil.

Es la España de Abul Hassan Al Husri, «El Ciego», la del bachiller Sansón Carrasco, la del príncipe Don Felipe, primogénito del César, que desembarca en Inglaterra todo vestido de blanco, para tomar en matrimonio a María Tudor, su tía, y deslumbrar con sus maneras y elegancia a la corte inglesa, la del joven oficial de albo coleto que parece pedir silencio en Las lanzas de Velázquez; la España, en fin, de mi imposible amor por la Infanta Catalina Micaela, que con estrábico asombro me mira desde su retrato en el Museo del Prado, la España del chofer que hace poco nos decía: «El peligro está donde está el cuerpo.» Pero no es sólo esto, hay mucho más que se me escapa.

Desde niño he estado pidiendo, soñando, anticipando, esta certeza que ahora me invade como una repentina temperatura, como un sordo golpe en la garganta, aquí en esta calle de Córdoba, recostado en la precaria mesa de latón mientras saboreo el jerez que como un ser vivo expande en mi pecho su calor generoso, su suave vértigo estival. Aquí, en España, cómo explicarlo si depende de las palabras y éstas no son bastantes para conseguirlo. Los dioses, en alguna parte, han consentido, en un instante de espléndido desorden, que esto ocurra, que esto me suceda en una calle de Córdoba, quizá porque ayer oré en el Mihrab de la Mezquita, pidiendo una señal que me entregase, así, sin motivo ni mérito alguno, la certidumbre de que en esta calle, en esta ciudad, en los interminables olivares quemados al sol, en las colinas, las serranías, los ríos, las ciudades, los pueblos, los caminos, en España, en fin, estaba el lugar, el único e insustituible lugar en donde todo se cumpliría para mí con esta plenitud vencedora de la muerte y sus astucias, del olvido y del turbio comercio de los hombres.

Y ese don me ha sido otorgado en esta calle como tantas otras, con sus tiendas para turistas, su heladería, sus bares, sus portalones historiados, en esta calle de Córdoba, donde el milagro ocurre, así, de pronto, como cosa de todos los días, como un trueque del azar que le pago gozoso con las más negras horas de miedo y mentira, de servil aceptación y de resignada desesperanza, que han ido jalonando hasta hoy la apagada noticia de mi vida.

Todo se ha salvado ahora, en esta calle de la capital de los Omeyas pavimentada por los romanos, en donde el Duque de Rivas moró en su palacio de catorce jardines y una alcoba regia para albergar a los reyes nuestros señores.

Concedo que los dioses han sido justos y que todo está, al fin, en orden. Al terminar este jerez continuaremos el camino en busca de la pequeña sinagoga en donde meditó Maimónides y seré, hasta el último día, otro hombre o, mejor, el mismo pero rescatado y dueño, desde hoy, de un lugar sobre la tierra.



Entrevista con Álvaro Mutis
                                                                                    

LA INOLVIDABLE JANIS JOPLIN


"Y es entonces cuando peso mi exilio
y mido la irrescatable soledad de lo perdido
por lo que de anticipada muerte me corresponde
en cada hora, en cada día de ausencia
que lleno con asuntos y con seres
cuya extranjera condición me empuja
hacia la cal definitiva
de un sueño que roerá sus propias vestiduras,
hechas de una corteza de materias
desterradas por los años y el olvido".

Del poema "Exilio", de "Los trabajos Perdidos".





El único poeta colombiano, inclasificable, llega a sus 90 años.

Gabriel Jaime Caro (Gajaka extramítico)

Álvaro Mutis es nuestro Octavio Paz, desde México, ambos, bueno Paz no tanto, y que celebre la seguidilla, mexicanos y colombianos.  Lo mejor de la poesía de los 50s entre ambos países, y más seguidillas. Las justezas de este poeta, para el reto. Atrévete a entrar por el umbral de mi casa.
Los piedracelistas , (“Piedra y Cielo”), cayeron al olvido por las fuertes críticas a una poesía copista, medio modernista. Los otros, Aurelio Arturo, Gaitán Durán, León De Greiff, entre la guerra gaitanista conservadora.  Los liberales salieron corriendo, los mamertos le dieron la mano.

Muy autóctono  o autenticidad para creadores no solo por su inteligencia, compartió su primer libro de poesía,  "La balanza",  con Carlos Patiño, 1948. Colombia estaba en pañales a pesar de Luis Vidales y Fernando Charry Lara.

Nunca unas de sal y otras de miel son malas. Imposible una doble moral entre dos creadores. Si hay exilio el de él, y la fila india de escritores que tenían que irse de Colombia, por la dictadura del Frente Nacional. Bajan a Pinilla, de la misma ralea, e instalan la paz de la godorradia.

Se iban hasta los nadaistas, que solo hicieron un acto dadaísta de tercera, con la pisoteada de las hostias en la catedral de Medellín.

Mutis celebra sus treinta años con tres libros de poesía, cuál más magistral; nos enseñó a escribir prosa poética clásica, venido del barroco. De las mismísimas tierras del Nocturno. “Los ladrones nocturnos” de su poema, fundaron, mejor dicho esa frase calentó la poetica copista de los setentas, desconociendo al creador. Una poesía barroca-surrealista que sonó o sopló hasta con sarna; íbamos de la mano de ellos, más no de Álvaro Mutis.

Su biógrafo, J.B.C. recomienda poner los dedos en la lectura como columnas dóricas. “Diario de Lecumberri”, 1960, amigo de Luís Buñuel.

https://www.facebook.com/gjcaro

Hoy leí “Breve poema de Viaje”, de “Sesenta cuerpos”, y me he quedado helado. Tendencias de perfeccionar el poema, para que diga, con el cuento de poema de viaje, la tira cómica, la cerveza de oriente, la negra bondad. Nada se hace aburrido, albur, con jengibre rayado en la miel en la copa de canela. Lo imagina uno entrando y saliendo de los próstibulos o burdeles de canelita verdes de Asia menor. Aprendiendo a bailar cumbia con G.G.M.

Con sus casi 90 años, agosto 25 próximo, su hijo Santiago prometió cuidarlo hasta que deje de hablar con las esteatopigicas, la gordita que lo llevó a conocer a Often de la Cuesta, era un steam stremer.





"El Papa jubilado", que profetizó Nietzsche,  lo invita a dialogar con los musulmanes, respetar a las mujeres porque no tienen razón desde pequeñas, teniéndola, como sepulcros blanqueados: se le perdona más fácil a una mujer que a un hombre, para antes de tirarlos al mar por heréticos e inconformes pasajeros del nuevo rol de la historia.

Un mundo infinito, con su “Mapa de ultramar” mostrando el fuego de San Telmo, en el mástil de sus novelas, “Amirbar”, de “La última escala del Tramp Steaner”, y, el envejecido fin del mundo, el Magroll el Gaviero. “Los trabajos perdidos”, y “La muerte del estratega”, son los libros que releo. Rezuma todo lo dicho.

X-504 o 78, quedó paralizado, cuando Mutis le dedicó el poema de tres cuartillas “Noticias del Hades”. Y no es para menos.
Por ser Caballero de las artes y las letras, concedido por el gobierno francés le da privilegios con los que nos ha amenazado. Ha ganado más Copas que el Real Madrid y El Barsa. Sólo el Nobel, que lo ha ganado su discípulo, Gabo, le es esquivo, pero si sigue así, rematamos con un último libro ganador.

Tenemos algunos  inéditos, gracias a la colaboración de Jesús Blas Comas, comístico y epistemólogo, seguidor de algunas bulas taras enviadas al fondo de los océanos por orden de Enrique IV, y por el estudio macanudo, Hoy Poesía 8.

A Noel Jardines
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BREVE POEMA DE VIAJE*
Desde la plataforma del último vagón
has venido absorta en la huida del paisaje.
Si al pasar por una avenida de eucaliptos
advertiste cómo el tren parecía entrar
en una catedral olorosa a tisana y a fiebre;
si llevas una blusa que abriste
a causa del calor,
dejando una parte de tus pechos descubierta;
si el tren ha ido descendiendo
hacia las ardientes sabanas en donde el aire se queda
detenido y las aguas exhiben una nata verdinosa;
que denuncia su extrema quietud
y la inutilidad de su presencia;
si sueñas en la estación final
como un gran recinto de cristales opacos
en donde los ruidos tienen
el eco desvelado de las clínicas;
si has arrojado a lo largo de la vía
la piel marchita de frutos de alba pulpa;
si al orinar dejaste sobre el rojizo balasto
la huella de una humedad fugaz
lamida por los gusanos de la luz;
si el viaje persiste por días y semanas,
si nadie te habla y, adentro,
en los vagones atestados de comerciantes y peregrinos,
te llaman por todos los nombres de la tierra,
si es así,
no habré esperado en vano
en el breve dintel del cloroformo
y entraré amparado por una cierta esperanza.

·        Del libro “Sesenta Cuerpos”, 1983. Por el Premio Nacional de poesía de la Universidad de Antioquia en Reconocimiento.

Pienso a veces...
Pienso a veces que ha llegado la hora de callar.
Dejar a un lado las palabras,
las pobres palabras usadas
hasta sus últimas cuerdas,
vejadas una y otra vez
hasta haber perdido
el más leve signo
de su original intención
de nombrar las cosas, los seres,
los paisajes, los ríos
y las efímeras pasiones de los hombres
montados en sus corceles
que atavió la vanidad
antes de recibir la escueta,
la irrebatible lección de la tumba.
Siempre los mismos,
gastando las palabras
hasta no poder, siquiera, orar con ellas,
ni exhibir sus deseos
en la parca extensión de sus sueños,
sus mendicantes sueños,
más propicios a la piedad y al olvido
que al vano estertor de la memoria.
Las palabras, en fin, cayendo
al pozo sin fondo
donde van a buscarlas
los infatuados tribunos
ávidos de un poder
hecho de sombra y desventura.
Inmerso en el silencio,
sumergido en sus aguas tranquilas
de acequia que detiene su curso
y se entrega al inmóvil
sosiego de las lianas,
al imperceptible palpitar de las raíces;
en el silencio, ya lo dijo Rimbaud,
ha de morar el poema,
el único posible ya,
labrado en los abismos
en donde todo lo nombrado
perdió hace mucho tiempo
la menos ocasión de subsistir,
de instaurar su estéril mentira
tejida en la rala trama de las palabras
que giran sin sosiego en el vacío
donde van a perderse
las necias tareas de los hombres.
Pienso a veces que ha llegado la hora de callar,
pero el silencio sería entonces
un premio desmedido,
una gracia inefable
que no creo haber ganado todavía.

*Este poema forma parte del libro inédito "X Carminae contra gentiles"


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De izquierda a derecha; Mateos Paoli, Olga Orozco, Álvaro Mutis, E.A.Westphalen, y Gonzalo Rojas.
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Principio del formulario
La miseria del deporte 

Me preocupa el creciente interés del hombre por los espectáculos deportivos. Bien pronto derivaremos a la vida castrada y aséptica de los estadios, respiraremos bien pronto la atmósfera húmeda y densa de las sucias toallas de los atletas.
El deporte es una actividad humillada y miseranda, El deportista nada arriesga, cultiva sus músculos y adiestra sus reflejos para exhibirse ante una multitud enclenque, de ideas usadas y agrias. El público hace del atleta su ídolo, le atribuye virtudes que quisiera poseer, y, detrás de la opulenta trabazón de músculos, supone atributos heroicos que no existen, aún más, que el atleta niega. Es éste un eunuco que la multitud cubre con deseos imposibles y antiguos, ya perdidos hace tiempo. De allí que el deporte, como la prostitución y el alcohol, se convierta en una pingüe industria en manos de mercaderes inescrupulosos. Mercaderes de atletas. A Grecia debemos esta vergüenza. Los obtusos atletas griegos inventaron el logos y los métodos de razonamiento que rigen hasta hoy y que han ahogado la preciosa fuente del misterio, el fluir natural y fértil del inconsciente que distingue a pueblos anteriores y contemporáneos al heleno. Después, en Roma, cuando quienes vigilaban la vasta frontera del imperio eran soldados de razas nuevas y sanguinarias, los romanos se extasiaban en el circo, clausurando un mundo. Mala época la de los atletas.
Cuando un hombre ha hecho de su cuerpo un instrumento seguro, armónico y potente, debe arriesgarlo a cada paso. Arriesgarlo para su placer, para su enaltecimiento individual, sin testigos ni intrusos. De allí el prestigio imponderable del Renacimiento. El hombre se hizo fornido y ágil con el fin de poder matar e impedir que lo mataran; preparaba su cuerpo para gozar de la vida en toda su densa corriente. Cuando el Condotiero buscó público y paga y, en lugar de matar a su enemigo, le permitió huir maltrecho, se convirtió en matón. Y cuando dos matones, al terminar la pelea, se abrazaron en medio de los vítores del público frenético, nacía de nuevo el deportista. El gran símbolo de nuestra época infame, En la guerra, las gentes respiran hoy embelesadas el aire podrido de los estadios y olvidan la hermosa y casta serenidad de los aeródromos, la gracia de medusa metálica de los submarinos, la gloria de la muerte, de la muerte porque sí.
No es una decadencia esta afición presente por el deporte. Es la señal de que ha llegado nuestra hora más miserable, una hora que ha sonado varias veces para el hombre, pero nunca con tan convincente llamado como ahora.
El hombre del estadio, el "fanático" de los atletas, es capaz de todas las ruindades y miserias. Hace mucho tiempo que ya no es hombre. Ha escogido como fuente de su entusiasmo una ruin turba de pobres eunucos adiestrados. El hombre del estadio engrosó las filas de la Gestapo -el nazismo fue una doctrina de estadio-, trabaja para la MVD soviética, lanzó la atómica en Hiroshima, asoló Europa en nombre de la Libertad y, hoy, comercia aterrado en la O.N.U. Cada día se nos impone como doctrina una nueva miseria ideológica, fermentada bajo las plomizas escaleras de los estadios. La participación colectiva y frenética del ser en sistemas que encierran su destrucción sin gloria, su desleimiento en el ambiente tibio de los gimnasios, se extiende peligrosamente corno una plaga.
La peor vergüenza que pesa hoy sobre el hombre, es el no poder morir solo. Tener que llegar a su fin compartiendo propósitos e ideales, fraguados por los "mercaderes de atletas": ellos determinan su muerte y, lo que es peor, la despojan de toda la serena belleza que la distinguió antaño. Los cruzados pudriéndose dentro de sus armaduras al sol del desierto poblado de leones; "El Valentino" desnudo, fija su negra mirada en el claro cielo de una madrugada aragonesa, destrozado su cuerpo por las lanzas de la emboscada; el granadero con la sangre de sus heridas congelada a orillas del Berezina; el piloto de la RAF abatido sobre la campiña bucólica y señorial de su patria, todos estos muertos felices, dueños y señores de su fin, gozaron de un privilegio que le será negado a sus hermanos de hoy.
Denuncio la vergüenza del Deporte. Condeno la pantomima dopada de los estadios. Moriremos víctimas de las artimañas de los traficantes del estéril ejerzo muscular. Nos matará un onanismo colectivo sin "la gloria de un largo deseo". Dejaremos como herencia a nuestros hijos la habilidosa y ruin gracia de los futbolistas, el rictus congestionado de los "routiers". la fea mueca que se pega al rostro de los corredores, la malicia de "ghetto" de los beibolistas, la grasa afeminada que rodea la cintura de los nadadores, la falsa furia de los boxeadores, la triste agilidad de barriada de los "jockeys". Lamentemos la ausencia luminosa de los guerreros ciegos de lanzas, quietas estatuas de sangre que perpetúan una muerte magnífica. Lloremos por nuestros hijos, nacidos bajo la sombra de los estadios, burdeles de gloria.
Álvaro Mutis



Los paraísos secretos de Álvaro Mutis *
Claudia Posadas * *

Si bien la conciencia en la escritura de Álvaro Mutis (Bogotá, 1923) no se instala en un tiempo y en un espacio precisos, su corazón sí encuentra una estancia: la Hacienda de Coello, en Tolima, Colombia.
Para el autor de Caravansary (1982), el proyecto civilizatorio del hombre es una idea que se ha alcanzado y se ha perdido en diversos momentos de la historia, momentos a los que el escritor se siente cercano y que no se sitúan en la época contemporánea. Así, el concepto de civilización no puede entenderse como un proceso lineal, y mucho menos progresivo. Entonces, el tributo del autor es para reinos y órdenes del pasado, Bizancio en primer lugar, el imperio francés y español, pero sobre todo, para aquellas esencias que considera fundamentales: el orden regio, señalado por la divinidad, para gobernar a los hombres.
Por todo esto Mutis descree en el hombre en general, ya que su naturaleza impide su progreso, y sobre todo en el ser contemporáneo, cegado en un mundo donde se multiplica, informe, por los espejos mediáticos.
Pero al mismo tiempo, hay un dominio personal que es el centro de este itinerario por la historia humana: el olor de los cafetales y el sonido de la lluvia de la hacienda familiar, el trópico de la infancia y la juventud, que es un puerto que el autor rememora y busca en su obra.
Álvaro Mutis es un viajero sin límite, al igual que Maqroll, su personaje, sólo que uno se pierde en la noche del tiempo y el otro en las aguas indomables del desafío. Pero ambos, escritor y personaje, y a pesar del escepticismo y dureza del Gaviero, de su errancia en un trópico que todo desgasta, comparten un paraíso secreto.
Escrita bajo la épica de Homero y el descenso hacia la oscuridad de Conrad, la literatura de Mutis se convierte en un testimonio del ser humano. La casa del escritor es como sus obras, plena de símbolos que reflejan nuestras percepciones del mundo: brújulas, mapas, gráfica sobre embarcaciones y libros antiguos. También, está poblada por presencias nobles, por emisarios que resguardan la memoria del escritor, por pequeños húsares que conformarán, con el tiempo, una novela que tiene planeado escribir el autor.
Mutis ha sido objeto de los reconocimientos más prestigiados del medio literario internacional, entre ellos, el Príncipe de Asturias de las Letras, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y recientemente el Premio Cervantes. Ha sido traducido a 13 idiomas, o 14, dice el autor, si se toman en cuenta poemas suyos traducidos al chino. Reside en México desde 1956.
Tanto en su poesía como en su narrativa, la épica es el pulso que guía la creación y le da su fuerza y permanencia, según la crítica. ¿Cuál es el origen de esta visión?
—Se debe a mi fidelidad a los clásicos que leí desde niño. El tono épico de muchos de ellos se me quedó para el resto de la vida. Pero no sólo ha permanecido en mí la música, el tono con que están escritas La OdiseaLa EneidaLa Ilíada, y después, el romancero del Cid, sino también el sentido. Por otra parte, primero escribí poesía durante 40 años y mis novelas no son sino una continuación de sus temas, obsesiones, escenarios y sitios que amo. Muchas veces, escribiendo una novela, me pregunto si no estoy haciendo un borrador de un poema; por ejemplo, en una novela como Amirbar (1990), me salió un poema de cuatro páginas sin darme cuenta.
Una parte importante parte de esta poesía es un elogio hacia lo primordial, hacia lo antiguo, entendido como los paraísos personales del autor. ¿Cómo es la relación de esta esencia con la épica narrativa?
—Al leer los clásicos y la épica queda una música. En la poesía, naturalmente, lo digo de una manera más esencial, misteriosa si se quiere decir, más secreta y al mismo tiempo más evidente. Por otra parte, he sido un lector de historia desde niño; heredé la biblioteca de mi padre de la cual gran parte de su acervo es sobre este tema y por tanto se me creó una afición por el pasado. Entonces, esas referencias históricas que hay en mi poesía y que después aparecen en mis novelas, son ecos de experiencias de lectura que para mí son experiencias de vida.
Por ejemplo, la referencia a civilizaciones antiguas como Bizancio, entre otras, es sustancial en usted…
—Claro. Me interesa toda la creación de Occidente, en especial Bizancio. Mi amor por esta civilización es tan profundo que por eso escribí La muerte del estratega (1988), que es la historia de un bizantino. Para mí éstas son presencias absolutas y claro, mi poesía, narrativa y ensayos, que se reúnen en un libro reciente, De lecturas y algo del mundo (2000), representan ese volver a la historia.
Un tono importante en su obra es la tragedia, que sobre todo se encuentra en el destino de Maqroll. ¿Cuáles son las herencias a las que hace homenaje?
—Si uno en una época, en una edad en que se está formando lee a Sófocles, ese sonido y situaciones, ese enfrentamiento de los hombres contra los hombres, si uno lee esta maravilla que es la tragedia griega, le queda como un ejemplo. Y después si se leen las novelas de Dostoievsky, de Dickens, etcétera, encuentra un eco de todo esto. Hablamos de los hombres desnudos, con toda su condición humana evidente y presente. Eso a mí me ha formado y me interesa mucho.
Sin embargo, independientemente de la condición humana, hay un elogio al pasado, como ha dicho, que implica una falta de fe en el hombre contemporáneo…
—En el hombre en general. Al leer historia, ¿qué es lo que se lee? Desastres, brutalidades aterradoras, momentos de la Europa occidental cristiana que son de un salvajismo aterrador como es el caso de las cruzadas. Entonces, ¿qué esperanza le queda al hombre? Ninguna. Las ilusiones que se ha creado éste, y sobre todo a partir del siglo XVIII son ilusiones razonadas. Rosseau crea un hombre ideal para poder aplicar su teoría, sin embargo éste no es como él lo define. Y de ahí en adelante viene el desastre.
En la historia hay ejemplos muy elocuentes de hombres que han tenido en sus manos la vida de poblaciones enteras, cuya conducta, con muy pocas excepciones, no ha sido ni piadosa, ni brillante, y no ha traído otra cosa más que muerte, dolor, hambre y miedo. Entonces, el hacerse ilusiones y el hablar, por ejemplo, de la palabra progreso, que ahora utilizamos cada diez minutos, no tiene sentido. Yo me pregunto progreso en qué Dios mío, cuando se ve lo que pasa en Kósovo, en África, en Colombia. ¿Hablamos de progreso técnico? Pues sí, pero éste no ha servido sino para matar más rápido a más gente, no hay tal progreso, eso es mentira. ¿Modernidad? La sola palabra me pone los pelos de punta. Modernidad es lo que se intenta hacer, pero como dije, no es posible. No digo que nosotros estamos aquí para ser ángeles, sino para ser seres humanos. No tenemos remedio, pero tampoco hay que llorar y lamentar esto. Así somos, ése es el destino de esta especie, no debemos asustarnos.
¿Cuál es su lectura del hombre contemporáneo?
—Pues que otra vez nos hemos olvidado del hombre. Ahora ya no existe el individuo, sino grandes masas presentes a través de aparatos electrónicos que circulan como fantasmas. Hoy día, esto que llaman comunicación, es cada vez más raro. Las máquinas no me están dando ninguna presencia de nadie. Por un lado nos olvidamos del hombre y por el otro, ni siquiera lo vemos ya. El ser humano que se nos presenta en la televisión, el hombre que leemos en internet, son sombras o están escogidos maliciosamente para presentar un determinado tipo de ser. Así no es la cosa.
En sus novelas hay un culto a los objetos, a cierta estética antigua, pero sobre todo a concepciones del mundo, por ejemplo el viaje. ¿Qué implica para usted estas formas, estos símbolos?
—El viaje es una idea. No me llama la atención el turismo, el conocer lugares, sino vivir ambientes, atmósferas. Otra cosa que me interesa y que también le interesa a Maqroll por pura coincidencia, claro, es desplazarse en el mundo, porque es un regalo que nos ha sido dado pero que ahora estamos dedicados a destruirlo de una forma aterradora. Me gusta desplazarme para ir viendo qué sucede dentro de uno mismo. En cuanto al gusto por los objetos, es que éstos son testimonios, huellas que quedan de hombres que en cierta forma actuaron y vivieron como yo. Un mapa, por ejemplo, es una maravilla. Los mapas fueron hechos por navegantes, por gente curiosa de ver no cosas raras, sino de situar al hombre en otro sitio, en otro clima. Todas estas brújulas que tengo, estos mapas, estos libros, son testimonios de una curiosidad de los hombres por verse a sí mismos interiormente.
Justamente el mar de sus viajes es un elemento de contacto con la memoria humana y su destino: es un elemento de transición. ¿Qué esencia significa el mar para darle este carácter?
—Los hombres siempre han buscado el mar. ¿Dónde nació el pueblo más inteligente que ha tenido la humanidad? En Grecia, en una península y en un archipiélago. El siguiente pueblo que nos dejó el derecho y una serie de normas para vivir de una forma supuestamente civilizada, porque no lo hemos sabido hacer, ¿en dónde está?, en Roma, en una península. El mar es una continua lección para el hombre. Primero de humildad. Hay que estar en medio de una tempestad, en un barco. Éste se vuelve una cascarita de huevo y el mar nos dice “oye, no eres ningún genio, eres casi nada. Qué maravilla que estés aquí, pero ojalá logres sortear esta tormenta. Vuelve a tu estatura, no te crezcas por Dios”. Desgraciadamente es lo que nos está pasando cada vez más.
¿Y como elemento de transición hacia el destino, como símbolo de una esencia humana?
—El mar es el camino más rico que puede haber hacia una verdad interior. No creo que el aire lo sea tanto, creo que los aviones no nos enseñan nada. Adoro la tierra, y tengo recuerdo de rincones, de lugares que son un perpetuo milagro, pero el mar es para mí fundamental. Además, tengo una impresión, una interacción muy curiosa con él. En medio de éste, en un horizonte todo de mar, vemos esa energía desatada, magnífica, lentamente desplazándose hacia la nada, hacia sí misma. Ésa puede ser una bella imagen de Dios.
En su obra se observa una constante búsqueda de sus paraísos personales, en especial esos paisajes de la infancia. ¿Qué significan para el autor estos territorios como motivo de vida y de literatura?
—Son la manera más fiel, más evidente, más directa, de vernos a nosotros mismos, de saber dónde y cómo estamos en el mundo. Son anteriores a los hombres, a su perpetuo razonamiento, a sus argumentos y toda suerte de silogismos que nos dan una versión de nosotros que no es. De ahí es que fracasan todos los sueños políticos del hombre, porque crean un ser humano artificial, totalmente fabricado para que se ajuste a los ideales y a los programas que proponen. El hombre no es así, entonces, aprendamos a sentirnos nosotros mismos. Adentro tenemos todo.
Entonces usted, más que una razón sobre el hombre, consideraría una esencia…
—Por supuesto. ¿Y eso quién nos lo enseñó? El pueblo, repito, más sabio que ha tenido el mundo, los griegos: conócete a ti mismo. Hay que volver a leer a Platón. ¿Cómo es posible tanto progreso y que olvidemos cosas tan esenciales?
Y llego a este lugar y sé que desde siempre
ha sido el centro intocado del que manan
mis sueños. La absorta savia
de mis más secretos territorios,
reinos que recorro, solitario destejedor
de sus misterios, señor de la luz que los devora,
herencia sobre la cual los hombres
no tienen ni la más leve noticia,
ni la menor parcela de dominio
.
La infancia y su trópico, el cafetal de su memoria, son los paisajes de sus territorios íntimos. ¿Hasta qué punto se ha conciliado con este reino en su escritura?
—Siempre lo he dicho, tenemos que mantener vivo el niño que fuimos y saber mantenerlo intacto dentro de nosotros. Ese niño es el testigo más fiel del mundo que tenemos. Él fue el que supo verlo antes de que nos llenáramos de ideas. En cuanto al trópico, el paisaje que me interesa y que siempre está presente no es el trópico en sí, sino lo que en Colombia llamamos la tierra caliente, la tierra donde se cultiva el café, la caña de azúcar, frutas maravillosas y que está a 13 mil metros de altura, aproximadamente, en la cordillera de los Andes. Ahí fundaron mis abuelos una hacienda, Coello, en el Tolima, que después fue de mi madre. El conocimiento de esa hacienda fue el paraíso. Inclusive tengo un poema dedicado estrictamente al momento en que la presencia de esa tierra vuelve a mí. Vuelve siempre, vuelven los cafetales, la lluvia. Una vez me desperté y la lluvia estaba sonando sobre el cinc del tejado de una casa donde pasaba la noche. Así se me dio ese poema. Entonces, mi paraíso es un rincón de Colombia cerca de la cordillera central donde yo siento que nací, aunque no haya sido así, yo nací en Bogotá. Pero uno no nace donde lo dio a luz su madre, sino, en un momento dado, en un rincón del mundo donde éste dice: “tú eres yo y yo soy tú”. Y todos tenemos ese rincón. Lo olvidamos, pero yo no, yo lo mantengo vivo.
Ahora, de repente, en mitad de la noche
ha regresado la lluvia sobre los cafetales
y entre el vocerío vegetal de las aguas
me llega la intacta materia de otros días
salvada del ajeno trabajo de los años.
“Por otra parte, éste es el testimonio de un hombre nada más. No trato de rescatar ni de convencer a nadie. Me siento obligado a escribir sobre éste por amor a ese lugar y a todos los seres que están envueltos en él”.
¿Cómo es su vida de escritor en esta etapa de reconocimientos internacionales, de viajes, de escaso tiempo para la creación?
—Los premios, lo digo sinceramente, son para mis libros, no para mí; son para ellos, los pobres, que tienen que estar en una vitrina esperando a que alguien los compre. Entonces el premio, esa franjita que les ponen, a ellos les ayuda, no a mí. Pero el reconocimiento de desconocidos que me abordan, y eso ha sucedido en Francia, en Italia, en Alemania, en los sitios donde están traducidos mis libros, es el premio más importante. Cuando me llegan buenas noticias sobre mis libros y la gente me comenta, digo que sí tiene sentido sentarse a escribir en mi smith corona. Pero no siento ninguna presión. La escritura no tiene tiempo, se da cuando se da. Para mí, escribir es una tortura tremenda por la autocrítica, he quemado dos novelas completas. Pero en el momento en que una persona me busca, me comenta algo, esa tortura se convierte en un orden, en un decir, “ah, estoy bien”. Por otra parte, no hago vida de intelectual, ni escribo todos los días, ni pienso que tenga un destino determinado a cumplir. Nunca he vivido de mi literatura, he trabajado en las cosas más absurdas y más raras para vivir. Escribo con toda independencia, sin tener que darle gusto a políticos ni a grupos de influencia.
Pese a la muerte de Maqroll, ¿su errancia no ha terminado?
—No, en absoluto. Estoy escribiendo una novela sobre este personaje. Un escritor francés amigo mío, me decía “Mutis, no siga intentando matar a Maqroll, Maqroll va a morir cuando muera usted”. Estoy de acuerdo. También, estoy trabajando poemas. Lo que pasa es que no tengo ninguna prisa.
Y en cuanto a su interés por lo histórico, ¿hay un proyecto novelístico?
—Tengo la intención de un día, escribir algo en esa dirección. Inclusive tengo una prosa sobre un oficial de los ejércitos napoleónicos, un húsar de estos que tengo aquí en mi casa. Eso me gustaría mucho, y tengo ideas y materia. Ya veremos.

* Esta entrevista fue realizada con el apoyo del Programa de Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales del Fonca / Conaculta, México.

** CLAUDIA POSADAS (cposadas@avantel.net) es periodista cultural mexicana. Ha participado en diversas publicaciones especializadas dentro del ámbito hispánico. Por su trayectoria periodística obtuvo en México una beca del CONACULTA, institución cultural de su país, para realizar un libro de entrevistas con escritores hispanoamericanos. La presente entrevista fue publicada en Antrhopos. Huellas del conocimiento, en enero-marzo del 2004, núm. 202.

© Claudia Posadas 2004
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid
El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero27/amutis.html



miércoles, 24 de abril de 2013

Un frente de batalla entre la moral, las diferencias específicas, con todo su derecho, Para José Kozer







                          http://youtu.be/nQdHS2Steq4

Madame Cabrito

I
Y los Nuevos que siempre serán nuevos, pasan de invitados de piedra a baladistas inútiles, pero nuevos que han pasado por todo como Los putos prostitutos, seguirán Nuevos, desde Rubén Dario, con ese fraseo contundente de Bachelar en los sesentas, "no tapises tus caminos forjados", a los homogéneos. 

II
y si primero fueron hampones, no japoneses, de esos malpariditos que se la jugaban con los reputos y los poetas, entonces yo soy Nuevo, no otros que parecen nacieron como Roca, Ortiz, Franco, Margarita, Batista, Lucas Ibañez, Henao, Yandey, Espina, Carrera, Torres, Kozer, Huerta, Cross, Liscano, Pizarnik, X-575,  Valencia. 

III
Barba Jacob es lo más perfecto (lo más bellamente tardío, sin ser Vargas Vila se fue con su bareto en la mano, a crear un periodismo duradero como los diarios), que tenemos, que salió de estas montañas paisas, para nunca regresar, solo como Gardel, a Cantar.


El último número de"realidad aparte 13", 1989, Primera Vida, que dio mucho de que hablar por los inéditos de los mejores poetas cubanos del exilio, Jesús Blas Comas, Noel Jardines, Amado Fernández, Reinaldo Arenas (el día que lo conocí en la I feria del libro hispana o latino, 1985, parecía Baco, todo un símbolo sexual), Reinaldo García Ramos, Roberto Valero, Antón Arrufat, y José Kozer  güete con las ediciones, en muchos casos, fue la continuación de "Enlace", la bella revista de Kozer, que inauguró los ochentas en una noche de invierno;  y de allá, Cuba, como Eliseo Diego que aparecían en ella ( la solterona, la separada, la vuelta a nacer). Fue saludada como una de las mejores revistas de poesía en America latina, desde la capital del mundo, N.Y. Castaneda desde Los Ángeles nos ayudó a cruzar el parque con la mujer sin lados hacia ninguna parte. También nos ha llevado de la mano, con la poca energía que produce. Conste, que todos eramos iguales, y por ahí andaba Carlos Germán Belli. Foto archivo de Gajaka.


***
A

Vamos con José Kozer, talvez hijo de un profeta menor, hay tantos, embalaítos, pura música, y ahí si me pela, y el otro, el Mexías lo ve como de otra tribu a la cual odia (no tanto odio entre dos heterómanos). Según parece al menos con la mujer Zizek. 
(Pero te contaba, que LOS CHISMES MIOS de sirviente están en la gaveta de esa arquitectonica que NOS sojuzgaba la slovenia y el brasilero intacto sin persianas, que cuándo otra vez, ah que olvido. 
Esto último enrevesado, por fin se me dijo en medio de la tormenta del tropo). Y no lo borro porque por algo será.
B

Quisiera uno mocharlo, pero por donde, por la noche de brujas, algo comparable a un poeta Mayor. Uno tu.
y alguien molestó a la Marmoleja, "alcahuete noble", por aquí becados y los ducados dobles.

Hasta aquí escribieron los dobles, no exatly twins, pero suena muy alemán.

II

No estamos perdidos cuando intentamos cortar un pedacito de sus poemas largos para tirarlos al viento, pero vienen los micenas y todo vuelve a recomenzar, hasta aqui el avance.

con decirte que toda una noche leyendo a Graves, Drysden, y Graves porque era un culto.

Hasta aqui fin de los gemelos, la patria potestad pide limosnas y disculpas.

III

Solo era por el silencio y los casos de la mente infinita la que todos hemos descubierto. La garza vencida, irrevocable, como barcos purulentos contra barcos misticos.

Gajaka Extramitico
Abril 24 y 2013

El extraterrestre vaca, que se me apareció una vez en un rancho de Pensylvania, claro, después de esos baratos sin nada de química, aparentemente. Esperece y verá: se murieron dos gays de 75 años, y donaron la biblioteca al pueblito perdido entre los castkills, en fin que fui allá con Iván Rivas, y en medio del saqueo, garabateo y me dictan el extreterrestre, guía de otros dibujos, un divertimento, una apasionata relación con el mundo del más allá, que comienza allí, donde pinté los extraterrestres vacas. 1994. Archivo de Realidad Aparte y de Gajaka.


***

Poema de José Kozer

Gramática de papá
               

Había que ver a este emigrante balbucir verbos de yiddish a español,
había que verlo entre esquelas y planas y bolcheviques historias
              naufragar frente a sus hijos,
su bochorno en la calle se parapetaba tras el dialecto de los gallegos,
              la mercancía de los catalanes,
se desplomaba contundente entre los andrajos de sus dislocadas,
            conjugaciones,
decía va por voy, ponga por pongo, se zumbaba las preposiciones,
y pronunciaba foi, joives decía y la calle resbalaba,
suerte funesta déspota la burla se despilfarra por las esquinas,
y era que el emigrante se enredaba con los verbos,
descargaba furibunda acumulación de escollos en la penuria de
              trabalenguas,
hijos poetas producía arrinconado en los entrepaños del número y
            desencanto de negociaciones,
y ahora sus hijos lo dejaban como un miércoles muerto de ceniza,
              sus hijos se marchaban hilvanando castellanos,
ligerísimo sus hijos redactando una sintaxis purísima,
padres a hijos dilatando la suprema exaltación de las palabras,
húmedo el emigrante se encogía entre los últimos desperfectos de
              su vocabulario rojo,
último padecía para siempre impedido entre las lágrimas del Niemen,
              fin de Polonia.



Selección: Eduardo Milán y Ernesto Lumbreras



Poema Gramática De Mamá de José Kozer

En mayo, qué ave era
la que amó mamá. o hablo de las mimosas.
Dice que no recuerda el nombre de los ríos que circunscribían su
pueblo natal: aunque
siempre se ahogaban
un varón y una hembra en verano un varón y una hembra en verano.
Menciona
una conversación
crucial con sus hermanas: son como amigas entrelazadas por el
meñique, se irán. Cuánto desánimo, aunque
en los camarotes
haya un centro de mesa con frutas tropicales, sobre cubierta hermosas
meretrices que hablan un idioma gutural, no les asombra
la aviación
ni el cable trasatlántico (letras) que atizan los gorriones boquiabiertos
o despiden
mariposas de luz. Llegarán
entre muchachos entalcados y con guedejas aromáticas que irán
diseminándose por Apodaca Teniente Rey Acosta, acabarán
por adquirir
un chiforrobe de caoba con unas iniciales tibias en la ropa interior
y que sirva
a la vez de caja fuerte. Se habrán establecido, pronto irán a tutearse en
los seminarios de sionismo, mamá
en un esmerado castellano.

***


La foto de una época en el East Village en los ochentas: Teresa María Gallón, la reina de los poetas neoyorkinos, IN MEMORIAM y, Vicky Paz con su hijo Peter Diffin, en una tarde de cervezas Ballantine, baratas y buenas para el dolor de cabeza. Ese día fue el lanzamiento de los extraterrestres vacas (hoy llamadas extramiticas). Foto de Manuel Tamayo. Archivo de Gajaka.

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Comentario seleccionado, quizás de un neoberraco.

ni manca ni lepanta
me espanta este blog
viaje de ida sin vuelta
en el mulo de Lezama
a Quevedo que vamos
y a Gongora que no llegamos

y a Kozer se ha dicho
lo que desgarra un Leon
siempre que la Espina
destrabe lo mediante

rizomando
en casa del Gajaka
erratas de palo

***

MANIFIESTO DEL NEOBERRACO

4O

NEO BARROCO O NEO VANGUARDIA

A grosso modo se puede decir que en poesía hay una línea recta y una línea fracturándose. Incluso, considero aplicable a toda la escritura esa división.
La recta tiende a lo episódico, privilegia la trama; la fractura tiende al espesor expresivo, connotativo y no denotativo, privilegia el lenguaje.
Clasificar escritura en un sentido académico tiene un valor pedagógico, no siempre verídico: sin descartar ese sentido de utilidad, nótese lo renuente que se muestra el creador a verse encasillado según los ismos y las escuelas o géneros.
Dicho lo anterior, respecto al neovanguardismo y al neobarroco como módulos que pueden servir de pauta para situar mi poesía, y desde un enfoque relacionado con la evolución de esa poesía, debo decir que en principio no me atengo a ninguna de estas clasificaciones, aspiro siempre a escaparme de la definición pedagógica, aceptando su utilidad en ciertos espacios de trabajo (verbi gratia, el salón de clase: sin embargo, de tener que aceptar, aun a regañadientes, una clasificación, optaría por la de neobarroco.




Si me retrotraigo a mis primeros pinos poéticos, veo que lo que me mueve es la línea recta, la poesía que conversa y expresa sentimientos y estados de ánimo desde la nitidez denotativa. A medida que esa poesía sostiene un ritmo incesante de crecimiento, veo, por acumulación, que la línea recta se ve sustituida por la fractura, el recoveco, pliegues y anacolutos, connotaciones y desplazamientos continuos van tomando posesión de ese trabajo, hasta el grado que lo que al principio se instauró como linealidad, pasó a ser, de manera sistemática, descoyuntamiento, selva enmarañada, proliferación.
No hay poeta que pueda escapar a una, varias, o incluso numerosas tradiciones. Ahora bien, mis padres y padrastros poéticos, esos progenitores ineludibles, no proceden del Barroco ni de la bifurcación y densidad de lenguajes. Mis lecturas originales fueron los simbolistas franceses, excluyendo a Mallarmé, y poetas latinoamericanos del tipo Casal, Martí, Asunción Silva y no, por ejemplo, Herrera y Reissig.


Mi contacto con poetas fuertes de índole compleja y densa ocurre tardíamente y a raíz del destierro, que en mi casi se inicia en dos etapas: del 58 al 59, en Nueva York, y luego del 60 al presente, en Nueva York y otros lugares. Este destierro me lleva de la mano a leer a los poetas norteamericanos modernos: Eliot, Pound, WCWilliams, Stevens, leídos en mi primera vuelta mal y de manera caótica (manera muy fructífera para la poesía joven) y más tarde, a Parra y a Vallejo (no a Lezama). Parra me es útil como poeta adolescente y violento, Vallejo como poeta más denso y retorcido. Al primero lo descarto con relativa facilidad, el segundo me resulta más difícil de alejar, pues su mundo conmociona mi mundo, no desde Trilce sino desde Poemas humanos o Piedra negra sobre piedra blanca.
Leo a Lezama con más de 40 años de edad. Leo a Mallarmé, mal todavía, con cerca de 50 años de edad; releo a los usamericanos y añado a ciertas lecturas la poesía de Oppen,
Zukofski, Olson, Berryman: y aquí se incrusta toda una trayectoria lectora, continua, obsesiva, en la que (en español y en inglés) en la nasa de mi cerebro entra de todo. Entra, y de ese arroz con mango diario, triturando y recomponiendo, surge la proliferación de mi trabajo.
Una crítica esmerada y sagaz, si quisiera estudiar mi poesía, se vería obligada a seguir paso a paso los libros que leía el día en que escribía un determinado poema. Y esa crítica paciente y meticulosa no puede darse, dada la monstruosidad del proyecto que menciono, dada la dificultad de ir desenredando una maraña donde cada poema escrito contiene materiales de literatura, tanto ficción como poesía, de distintas culturas, que abarcan el judaísmo, el budismo zen, lo occidental francés, inglés, japonés, español, etc. No hay, en principio manera, de seguir el trayecto cotidiano de mi trabajo, lo que lo suscita, poema a poema, en su referencialidad y espesor.
¿Soy un poeta neobarroco? ¿Por qué no? Lo soy en el sentido de que el espacio de un poema mío acoge la mayor cantidad posible de materia, sea vital en el sentido de lo palpable y visible, de aquello que tenemos delante de las narices, o sea lo que se filtra desde el estado de lectura, escuchando música, o sosteniendo una contemplación, una concentración espiritual: o sea mirando fotos, láminas, o sencillamente escuchando las numerosas voces, aquéllas que brotan de una conversación “normal” o aquéllas que están incrustadas en el cerebro y brotan del inconsciente.



Esa poesía entonces se desarrolla en cuanto texto como proliferación bifurcada, que atiende al lenguaje, atiende a la ramificación de las referencias, y se deja llevar, momento a momento, con la mayor naturalidad (creo) por oblicuos pasadizos y meandros “interminables” (así al menos desde el punto de vista del deseo, pues escribir y no cesar de escribir, es vivir y no tener que morir: quien escribe no muere, siempre y cuando escriba): espacio donde todo cabe y se acoge, entreverando lenguajes, hablas, y sus disociaciones. Espacio en que, desde una modernidad, el ojo poético permanece abierto a toda posible suscitación, sea ésta un recuerdo que derrocha de pronto el inconsciente, o una figuración nacida de la propia necesidad de invención.
Puedo tomar un poema mío, reciente, y decir que posee densidad, diversidad de lenguaje y de imagen, complejidad de expresión y de contenido, y que participa de lo que gustaría definir como libertad con rigor.
Desde esa libertad con rigor procede mi trabajo: libertad que sucede en el momento mismo de la escritura y rigor que sucede al día siguiente, por la mañana, cuando corrijo y pulo lo escrito el día anterior, también, casi siempre, por la mañana.



El resultado es un poema que revela el momento histórico en que vivo, y ese revelar es inescapable, séase Shakespeare o Amado Nervo. Estamos incrustados en una situación procelosa, auténtico hervidero de suscitaciones, de la que un poeta vivo y atento, puede (y debe) extraer mundos enredados, y a la vez ordenados (desde el inconsciente y desde el oficio y su aprendizaje) (libertad y disciplina: que en el fondo acaban de ser lo mismo): mundos que acogen materiales de acarreo y luminosidades ulteriores. Todo cabe en el poema actual; y a Bach y una de sus maravillosas cantatas lo podemos acompañar, sin que implique una desarmonía, con un guaguancó.
José Kozer